Brexit, los populismos de izquierda y de derecha / Economía de palabras - LJA Aguascalientes
29/10/2020



 

Es especialmente perturbador cómo una fracción creciente de la población puede creer prácticamente cualquier argumento. Entre ellos, uno particularmente preocupante, es la posibilidad de tener un nuevo derecho a la discriminación y la intolerancia. Este es el caso de muchos nuevos populismos de derecha que han logrado consolidar la estupidez como una opción democrática viable. Sucede en México, ha sucedido en Europa antes y sin duda también ahora.

Se quedan con los trabajos (los inmigrantes), son incompatibles con nuestra visión de país, son culpables de la pobreza de la que ahora sufrimos, van a destruir nuestros derechos sociales pues se aprovechan de las reglas, su intento de llevar la religión a la vida pública es inaceptable, etc. Estos argumentos que algunos británicos emplearon como parte de la campaña a favor del Brexit (vote leave) bien pudieron en su momento ser publicados en Der Strürmer, el diario de propaganda Nazi por excelencia y resulta sumamente preocupante  escuchar el eco en la campaña de Donald Trump en EU e incluso en algunas fracciones políticas en México dispuestas a llevar en otras formas al odio y la intolerancia a las boletas.

El Brexit es una lección de la nueva propaganda de la indignación populista a través del miedo. Es el encubrimiento de un problema grave mediante un chivo expiatorio. Resulta  entonces imperativo analizar de dónde viene esta indignación. Larry Elliot el editor de la sección económica de The Guardian es una de las voces reconocibles que señalan que esta indagación, canalizada en la xenofobia e intolerancia, se debe al fracaso de la globalización y en particular de un modelo económico que ha fracasado para un segmento amplio de la población.

La hipótesis es relativamente simple. La concentración de riqueza resultante de las crisis de la globalización y de un modelo económico que ha erosionado las clases medias de los países industrializados mediante las políticas de austeridad y la pérdida de trabajos enviados a países en desarrollo ha encontrado en la xenofobia una salida. Se puede observar en casos como Italia que prácticamente no ha crecido desde su incorporación al mercado común europeo o el de la economía de Grecia que es hoy  casi tres veces más pequeña.

Entonces el mecanismo es el siguiente. Hacer notoria la cantidad de inmigrantes que caminan ahora por las calles de las capitales europeas y justificar el reducido gasto público a costa de estos últimos. La tarea es relativamente simple en un continente tan diverso y donde lamentablemente es todavía más simple encontrar los medios para culparlos de todo. Agrava la situación que los inmigrantes son incapaces de reaccionar con una campaña agresiva de relaciones públicas y carecen de una representación real en los parlamentos europeos, están solos en una pelea contra el populismo de derecha. Me pregunto, qué podría salir mal. ¿Cuándo ha resultado mal una combinación de la xenofobia, el racismo, el odio y una grave erosión de la clase media en Europa?

Es triste observar como un sector creciente del electorado en las grandes economías del  mundo ha decidido por la intolerancia y el rechazo. Es desesperanzador ver como se pierde de a poco la posibilidad de un mundo globalizado con libre movilidad y acuerdos comunes sobre un piso mínimo de derechos y garantías. En México, los culpables no son los inmigrantes, a quienes culpamos de todo es a otros. Es a los pobres, a los maestros, médicos, estudiantes y a todos quienes se atrevan a señalar cómo también en este país las promesas de la globalización no se han materializado.

Sin importar si tienen razón o no en sus peticiones, las cuales debo señalar son en algunos casos irracionales o simplemente anacrónicas, lo que es cierto es que mientras los grandes poderes fácticos gozan de un socialismo extraordinario con tasas preferenciales, donaciones y transferencias como los terrenos y las exenciones  fiscales los menos favorecidos y la clase media se encuentran completamente solos. Para unos se socializan los costos y para la mayoría se individualizan las pérdidas de un sistema económico al que le urge una actualización.

No culpo a estos populistas de derecha, entiendo sus graves limitaciones y su estrechez de miras. Comprendo que dedicarse a mejorar las condiciones de vida de la población es para ellos una idea radical,  les resulta sumamente más difícil que encontrar a quien culpar, señalar y rechazar. Es entendible que quieran simplificar la realidad, a fin de cuentas parece que por momentos la democracia, el pueblo pues, sea cual sea, no quiere soluciones, quiere un culpable. Los populismos de derecha, como los de izquierda prefieren una narrativa de nosotros contra ellos. De buenos y malos. De irse o quedarse.

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