Esa varita mágica llamada batuta (Segunda parte) / El banquete de los pordioseros - LJA Aguascalientes
18/04/2024

Durante la semana que está a punto de terminar tuve la fortuna de recibir un par de correos electrónicos en mi buzón con comentarios alusivos al más reciente Banquete, al que por tal motivo he decidido, con tu permiso, dedicar una segunda parte. Entiendo que el tema es inagotable y que lo seguirá siendo aun cuando dedicáramos tres o cuatro Banquetes a este asunto, que por supuesto, no deja de ser apasionante, el de la dirección orquestal.

Antes de cualquier cosa quiero agradecer a Ernesto Trejo y Blanca Esthela Araiza por sus atinados comentarios sobre el arte de dirigir una orquesta, y es que la orquesta es el instrumento musical que es ejecutado por el director, y así como hay grandes virtuosos del piano, violín, violoncello, o cualquier otro instrumento, los hay también en la dirección orquestal, por eso resulta fascinante, y lo decíamos la semana pasada, escuchar, por ejemplo, la Sinfonía Quinta de Beethoven, una obra conocida por propios y extraños y que hasta el más neófito suele ir tarareando en la calle sin darse cuenta de ello, pues bien, esta popular partitura del genio de Bonn es interpretada de una forma muy personal y propia, con toda la identidad de una majestuosa ejecución por el maestro Nikolaus Harnoncourt dándole todo el valor que requiere, no solamente la popular Quinta de Beethoven, sino cualquier obra del repertorio académico, pero sin embargo, sonará muy distinta a la versión de esta misma obra e incluso con la misma orquesta que nos ofrece, por ejemplo, Herbert von Karajan. Ya lo decíamos la semana pasada, en la gran música de concierto no hay versiones definitivas.

Pues bien, entrando en materia y con respecto a lo que me comentaba particularmente el Sr. Ernesto Trejo, él tiene razón en cuanto a que el director debe elegir su repertorio en función de muchas cosas, entre ellas, su simple gusto musical o preferencias musicales; por ejemplo, hay directores que se especializan en el repertorio del romanticismo como los hay que se dedican con mayor intensidad a abordar obras del clasicismo o del barroco, hay directores operistas, o dentro de la ópera, hay quienes se sienten más cómodos dirigiendo específicamente un repertorio belcantista o verista. Otros prefieren el oratorio o cualquiera de las variantes de la música sacra. Como ejemplo de lo anterior, puedo citar, por ejemplo, al maestro John Elliot Gardiner, especialista en música sagrada, pero específicamente del lenguaje barroco, enorme su versión del Gloria de Antonio Vivaldi con los Solistas Barrocos Ingleses. El catalán Jordi Savall que con sus ensambles Capella Reial de Caralunya, el Hesperion XX, ahora Hesperion XXI y Le Concert de Nations, su repertorio abarca obras musicales que van desde la Edad Media hasta el Siglo XIX, sin embargo, podemos afirmar, sin temor al error, que sus tendencias son claramente inclinadas hacia la música antigua, fundamentalmente Edad Media y Renacimiento, pero además, siendo el un verdadero purista, sólo utiliza instrumentos de época, por lo que sus versiones son auténticas

joyas que no tienen comparación, ejemplo de ello, es la Cantigas de Alfonso X el Sabio, infaltable en la fonoteca de cualquier buen melómano.

En fin, pero siguiendo con el comentario de Ernesto Trejo, también la religión es un factor determinante en la elección de un repertorio específico por parte de un director de orquesta. En lo personal, no me imagino al maestro Leonard Bernstein o a Georg Solti, ambos judíos, haciendo versiones convincentes de, por ejemplo, las Pasiones de Bach, San Juan y la de San Mateo, o el oratorio de Beethoven Cristo en el monte de los Olivos, esto sería ir en contra de sus propias creencias religiosas y difícilmente creo que pudieran convencer.

Por otro lado, y saltando bruscamente de tema con el fin de atender el comentario de Blanca Esthela Araiza en el sentido de que la dirección orquestal ha sido tradicionalmente un trabajo realizado por hombres, indudablemente esto es cierto, pero no comparto el señalamiento de que la gran música de concierto sea machista, no, por supuesto que no, en todo caso es un asunto cultural que ha permeado en todos los ámbitos de la cultura occidental, e incluso no sólo occidental, en oriente la situación es todavía peor. Esto del machismo está insertado en nuestra cultura, por fortuna cada vez vemos más y mejores directoras orquestales, aquí en México tenemos dos muy afortunados ejemplos, Gabriela Díaz Alatriste que durante su gestión al frente de la Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional hizo de este entidad musical una de las mejores en nuestro país, ella ha estado ya anteriormente en Aguascalientes dirigiendo nuestra Orquesta Sinfónica. Tenemos también a Alondra de la Parra con su muy particular manera de entender el difícil arte de dirigir una orquesta, en lo personal no me gusta, gesticula mucho y creo que hace cosas innecesarias, sin embargo, esto es cuestión de apreciación, en la música no hay verdades absolutas.

No tengo duda de que dirigir una orquesta, sinfónica o de cámara, tiene su lado mágico, con la batuta en la mano tienes que convencer a un centenar de músicos, y créeme que esto no es cualquier cosa, de que tus ideas son las que deben estar ahí, en ese o aquel pasaje y de que es así como deben hacerse las cosas, aunque claro, no es solo esa varita mágica llamada batuta, diriges con una mirada, con los hombros, con lo que sea, pero principalmente con el dominio total del repertorio que se va a ejecutar, eso es lo más importante.

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