Sociedad y Justicia

Diseñan modelo de intervención para evaluar conductas adictivas de mujeres en prisión

  • Las consecuencias sociales del consumo son distintas: si un hombre se embriaga, a mucha gente no le preocupa, pero si lo hace una mujer la describen como carente de valores morales
  • Está comprobado científicamente que una mujer que ha sufrido violencia tiene más probabilidades de consumir sustancias cuando llega a la adolescencia

Una gran proporción de las mujeres recluidas en las prisiones de México presenta problemas de adicción y trastornos de salud mental, además de tener dificultades para acceder al tratamiento para este tipo de problemas, esto de acuerdo con estudios realizados por la antropóloga, Martha Romero Mendoza, con lo que realiza estudios vinculados con el tema de las adicciones en mujeres en prisión y su relación con problemas de salud mental.

Derivado de su trabajo de investigación, Romero Mendoza ha desarrollado un modelo de intervención para la evaluación de conductas adictivas en mujeres en prisión, dirigido al personal de los centros de readaptación social femenil y profesionales que trabajan de manera cercana con ellas. El objetivo de este modelo es proporcionar herramientas para el diagnóstico adecuado del problema.

La especialista miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) detalló la importancia del estudio en esta población, y explica en qué consiste el modelo de intervención que propone.



Martha Romero Mendoza comentó que el consumo de sustancias adictivas en mujeres, como pueden ser el alcohol, el tabaco y las drogas legales e ilegales, ha aumentado de manera importante en los últimos años.

En las encuestas nacionales de adicciones se observa el problema de consumo de alcohol que tienen las mujeres jóvenes; en algunas delegaciones de esta gran ciudad consumen más alcohol que los varones. Por otro lado, las mujeres de mediana y mayor edad consumen más drogas médicas fuera de prescripción.

Se ha vuelto un problema de salud muy importante porque al consumir sustancias adictivas se exponen a riesgos especiales, como involucrarse en actividades ilegales. Dicho consumo las hace proclives a delinquir.

Lo que muchas veces desconocen es que las drogas y el alcohol afectan de manera diferente a hombres y mujeres: si ella comienza a beber en las mismas cantidades que él, se enfermará primero, dañará más rápido su hígado y quizá desarrolle cirrosis más rápido. En ello tienen que ver cuestiones biológicas: desarrolla menos músculo y las sustancias se quedan más tiempo en el cuerpo y la intoxicación es mayor.

Las consecuencias sociales del consumo son distintas: si un hombre se embriaga, a mucha gente no le preocupa, pero si lo hace una mujer la describen como carente de valores morales. Muchas veces si ellas están bajo los efectos de intoxicación de alguna sustancia son agredidas sexualmente porque se piensa que están disponibles sexualmente.

Por otro lado, el estigma social con que cargan las mujeres causa que sus familiares las escondan, no las llevan a tratamiento, o incluso son expulsadas de sus hogares para no ser motivo de vergüenza para sus hijos. Socialmente a la mujer se le califica severamente.

El consumo de sustancias adictivas es un problema en el que se ven más involucrados los varones -por cada 100 habrá alrededor de 20 mujeres-, los servicios de salud de tratamiento no tienen la capacidad instalada para aceptar a ellas o no saben cómo tratarlas, porque sus necesidades son distintas y ameritan un tratamiento particular y especial.

La investigadora comentó que una de las principales razones por las que empiezan a delinquir es porque son incomprendidas cuando son niñas. Muchas veces crecen en lugares con desventaja social, con frecuencia son abusadas sexualmente por parientes cercanos: hermano, abuelo, tío, padrastro.

Está comprobado científicamente que una mujer que ha sufrido violencia tiene más probabilidades de consumir sustancias cuando llega a la adolescencia; las drogas le permiten manejar el malestar que se activa cuando se percata que fue abusada sexualmente. Para algunas mujeres hay salidas, a veces son escuchadas, la familia es comprensiva, las llevan a tratamiento y la carga delictiva no se da.

Romero Mendoza consideró que no son eventos únicos los que hacen que una mujer llegue a prisión, se trata de una larga trayectoria que se gesta desde que son niñas, y que no es detectado de manera adecuada por las instituciones y los profesionales de salud. Nos han faltado intervenciones a tiempo efectivas y eficaces para que esta trayectoria no continúe: “Hicimos una investigación en los reclusorios femeniles de la Ciudad de México. Trabajamos con 214 mujeres de manera voluntaria, técnicas penitenciarias y directoras de las prisiones. El programa de reducción del daño propone estrategias a nivel individual, comunitario y político”.

La reducción del daño propone que las personas a las que va dirigido el programa tengan voz y voto, en el sentido de que es su decisión dejar de consumir. Si deciden continuar con su consumo, lo hagan de forma responsable, que no dañen su entorno. Este programa sabe que la gente con pocos recursos tiene menos estrategias en la vida para lograr la abstinencia total. Si la estrategia es exitosa, ellas dejan de consumir.

Primero se realiza un diagnóstico para saber qué necesita la persona. En el caso particular del crack y la cocaína, mencionamos cuáles son los efectos de las sustancias y cómo estas afectan el orden de su dormitorio, les ocasiona falta de descanso, problemas o sanciones en la cárcel. También les enseñamos a detectar el estado de ánimo que las lleva a consumir. Las invitamos a que no lo hagan para intoxicarse, porque pueden tener una sobredosis y morir, a lo que, afirma, no es enseñarles a consumir, es mostrarles que hay formas más seguras de hacerlo. En mujeres, el efecto más presente para el consumo de sustancias adictivas es la depresión.

Comentó que: “Si queremos reducir la delincuencia en nuestro país no necesitamos más prisiones, se necesita invertir en tratamiento antes de que las personas lleguen a ellas. Debemos tratar a los usuarios de drogas como personas que tienen un problema de salud; la estancia dentro de la prisión puede tener otro ambiente y lograr una verdadera rehabilitación”.

Con información de Carmen Báez y Agencia Informativa Conacyt

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