Opinión

Prueba de resistencia / De imágenes y textos

 

No me diga, estimado lector, que también está enganchado con la euforia mediática de las Olimpiadas de Río de Janeiro, de pronto suena interesante ver cómo el mundo se une frente a una gesta deportiva de tales magnitudes. Para el país anfitrión debe ser un reto, el más grande de todos, supongo, hacer logística para recibir a los invitados, tener los escenarios deportivos en perfectas condiciones, la villa olímpica operando como reloj suizo, la atención a los medios de información, los temas diplomáticos, la seguridad, el maquillaje necesario para que Brasil luzca nuevamente como lo hizo hace dos años durante el mundial de futbol soccer.

Es cierto que el coloso carioca tiene la economía más sólida de América Latina, que es el país que despuntará para 2030, que es líder sobre el resto de los países de la región, pero no olvidemos que somos economías emergentes y ello conlleva una serie de variables difíciles de ocultar. Estamos frente a un fenómeno social que hace patente las diferencia entre naciones, aquellas que son resultado de una formación, educación y hasta estilo de vida; como siempre, los países desarrollados son los que encabezan el medallero olímpico, hasta ayer el orden, el top cinco era el siguiente: China, Estados Unidos de América, Australia, Rusia e Italia. Ya sabrá, nosotros estamos participando como nunca y aun no tenemos medallas como siempre; será que el Comité Olímpico Mexicano a cargo de Carlos Padilla tiene problemas en su interior, o ¿qué pasa?, ¿cuál es el motivo por el cual la delegación mexicana no puede ganar ni una de bronce? Nuestro nivel de competitividad es bajo, nuestra preparación aún es deficiente, si un deportista mexicano con nivel para participar en las olimpiadas quiere de verdad destacar, debió tener apoyo por parte del COM desde su infancia y no dejar todo el peso a la familia del interesado. ¿Quién paga los traslados a las sedes donde se llevan a cabo encuentros selectivos para ganar posiciones dentro del deporte nacional?, las familias, sin duda; ¿quién hace el gasto de uniformes, alimentación, equipo especializado, el pago a los entrenadores, el pago por el uso de las instalaciones para poder entrenar?, en el mayor de los casos, esos gastos los absorbe la familia, algunas veces apoyan las instituciones de educación donde están matriculados nuestros deportistas y hasta el final el Comité.

Esto no es más que el reflejo de un sistema sociopolítico que nunca ha funcionado, ¿qué pasa en otras latitudes?; no se vaya lejos, qué hacen los vecinos de arriba, invierten en educación, formación académica, deportiva y cultural para que cuando lleguen momentos como estos, destacar contundentemente del restos de los países participantes, y mire que no soy fan de los gringos pero si algo saben hacer bien es organizarse, disciplinarse y ganar.

Sí, pero ellos tienen todo, podrá decirme usted, los gringos les sobra lana, a los chavitos desde la primaria los estimulan para que hagan deporte y desarrollen sus habilidades artísticas, no se vale, ellos tienen con qué y nosotros con nuestra CNTE y el gobierno federal no llegamos a nada. Puede ser cierto, la marginación cultural y deportiva no es culpa de la sociedad sino de quien provee la educación y la formación en estas disciplinas; las organizaciones sociales emergen como alternativas para cubrir los huecos que han estado ahí, desde que el Tibio Muñoz ganó medalla para México, son tenaces personas que impulsan la cultura y el deporte como paliativo contra los vicios sociales, la delincuencia organizada, la corrupción entre otros tantos males que nos aquejan.

Cuando estamos frente al televisor, al monitor de la computadora, de la tableta, del teléfono inteligente o de pronto ante la frecuencia radial envueltos en las redes de los medios esperando aclamar aunque sea una de bronce, lo menos que se nos viene a la cabeza es pensar en por qué somos tan malos en los deportes, cómo es que siempre pasa lo mismo, la misma historia una y otra vez.

La prueba de resistencia es para nosotros, aun en este tipo de eventos deportivos, cuando la cúpula de poder pudiera aprovechar para generar sentido de pertenencia a la nación, resaltar el orgullo nacional, presumir los logros deportivos gracias al apoyo del Gobierno de la República, la oportunidad se queda en el tintero, la decepción (si es que la llega a haber) se manifiesta y nos quedamos como al principio, sin medallistas, sin olimpiadas y sin intención de participar como espectadores en esta clase de eventos deportivos.

De no ser el soccer, cualquier otro deporte en México corre cuesta arriba si se habla de mercadotecnia y apoyo económico, y ni así pudieron destacar en esta gesta brasileña.

Ellos, nuestros deportistas, harán y darán su mayor esfuerzo, podrán darse cuenta junto con nosotros que su nivel competitivo aún es bajo, que no es cuestión de un segundo esfuerzo, es un hecho que lo dan, tampoco es cuestión de actitud, son problemas de origen, estimado lector, los mismos que nos tienen así, esperando a que el PRI acepte su derrota en la entidad, que los fenómenos climatológicos nos dejen más de 20 muertos por la deficiente infraestructura de nuestras ciudades, qué me dice de la López Mateos en tiempo de lluvia, por cierto.

El origen de la prueba de resistencia pone en evidencia lo que ya sabemos, necesitamos trabajar hombro con hombro bajo el mismo concepto de nación, con la clara intención de salir adelante como sociedad y denunciando todos y cada uno de los hechos de corrupción con los que nos topamos a lo largo del día, tenga paciencia que uno de estos días nos cae una de bronce.

 

ericazocar@hotmail.com | @ericazocar

 

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Eric Azócar

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