De imbéciles y malvados detestables / Memoria de espejos rotos - LJA Aguascalientes
27/02/2024

Es un gran necio, un estúpido engreído,

egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso,

inconsciente y presumido, falso enano rencoroso…

Que no tiene corazón.

Ese Hombre – Lupita D’Alessio.

 

El pasado fin de semana recibí un mensaje del Director Editorial de este diario, Edilberto Aldán, en el que me comunicaba que un lector se había quejado sobre mi columna del jueves pasado, Mentiras de la ultraderecha; en concreto, por la manera de referirme a dos grupos de personas en específico: a quienes intencionalmente están propagando mentiras inverosímiles para enardecer a los sectores sociales conservadores, y a las personas que -de buena fe- creen estas mentiras y engrosan las filas del movimiento sectario conocido como Frente Nacional por la Familia (FNF). Ante esto, me parece pertinente poner en público las siguientes consideraciones:

  1. Agradezco y me complazco por el hecho de que las ideas que, semana a semana, me permiten publicar en este diario no sean un mensaje dentro de la botella, sino que efectivamente sean leídas por personas dispuestas al intercambio y al disenso. Por otro lado, debo hacer público mi reconocimiento hacia la Dirección Editorial del periódico, ya que nunca, ni en ésta vez, ni en pretéritas (como estoy seguro que ni en futuras ocasiones), se ha limitado -o se habría de limitar- la libertad de expresión de sus columnistas. Nunca ha habido ni una reconvención de los contenidos, ni una edición malsana de los textos, ni siquiera un apercibimiento sobre los mismos, quedando éstos en la estricta ética y responsabilidad de quienes los escribimos, lo cual valoro, agradezco y reconozco públicamente. Cosa curiosa; hoy, mientras redacto esto, un amigo, columnista de otro diario local, me comenta que es la segunda columna que ese céntrico periódico le censura por hablar -justamente- de la ultraderecha; esto es simplemente inaceptable, y me hace valorar aún más las condiciones en las que La Jornada Aguascalientes me permite aportar.
  2. Las ideas puestas en este espacio están abiertas al escrutinio del lector; justo de eso se trata, de dialogar sobre lo público, cosa que también agradezco que suceda. Por ello, desde mi primera intervención en estas páginas he puesto a disposición del lector mi contacto por los distintos medios electrónicos y he estado abierto a todo comentario. Celebro, pues, que este diario funcione como un vaso comunicante, tan necesario socialmente.
  3. En consecución a lo anterior, la queja que un lector emitió amablemente (y en verdad, lo de amablemente va sin el menor asomo de sarcasmo) atiende al espectro de las formas, y no al del fondo. Es decir, no se queja por el contenido, sino por el estilo; concretamente por el uso de un vocablo (o un campo semántico de vocablos) en particular. A este lector (como puedo inferir que a otros tantos más) le pareció de una rudeza innecesaria el uso de la palabra Imbécil. Así lo escribí en la anterior columna, sobre los desmentidos a algunos embustes en la invitación a manifestarse el próximo 10 de septiembre en contra del matrimonio igualitario: “El motivo es detener que no se convierta en ley la iniciativa presidencial de Enrique Peña Nieto, que quiere imponer por medio de leyes y normas la destructiva IDEOLOGÍA DE GÉNERO (primera falacia; no existe tal cosa como la “ideología de género”, el género no es una ideología, sino una condición humana, y hay que ser muy imbécil para no entenderlo)”. Efectivamente, recurrí a ese adjetivo para referirme a los mentirosos y manipuladores que emplean artimañas sucias para convencer a otros de lo irracional de sus posturas, así como a la gente que -basada en su prejuicio y dotada de más inocencia que brillantez- cree campechanamente  (y sin cotejar) las mentiras con las que la Fasci di combattimento por la familia pretende legitimar su movimiento de discriminación y exclusión social. De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia (el DLE de la RAE), podemos ver que el vocablo Imbécil proviene del latín imbecillis, y se refiere a débil, enfermo, pusilánime. Pero también cuenta como adjetivo: 1. adj. Tonto o falto de inteligencia. Definitivamente, no creo que quienes creen y propagan los infundios del FNF sean -de suyo- enfermos o pusilánimes; pero sí faltos de inteligencia; ya que, como se ha señalado aquí en otras colaboraciones, creen sin chistar en la serie de “argumentos” y mentiras escandalosas con las que pretenden enardecerlos para favorecer inverosímiles causas de élite. Toman argumentos mentirosos y no los revisan, no revisan sus fuentes de información, no cotejan, no ejercen el pensamiento crítico, se dejan engañar de buena fe; muestran, pues, una falta de compromiso con la verdad y con la razón. Llamarles imbéciles dista de ser un insulto, y pretende fungir más como una descripción.
  4. Dado que la queja de un lector fue contra el estilo, pero nunca contra el contenido, me permito inferir que -para el quejoso- dicho contenido se ajusta a la verdad. Abonando a esta búsqueda de la verdad, ya otros columnistas de diferentes diarios han ensayado el mismo ejercicio de desmentir las tontas falacias del FNF y asociaciones filiales. Por ejemplo, Carlos Puig, de Milenio, comentaba el 5 de septiembre las siguientes mentiras de los Fasci: “Los libros de texto adoctrinarán a los niños para que vean como algo normal las uniones entre personas del mismo sexo, el transexualismo y ‘una amplia gama de desviaciones sexuales’. Pero van más lejos, también los niños empezarán a ver normal ‘las relaciones sexuales de adultos con niños’, la pedofilia, pues. Mentiras. Basura. Van más: Habrá una oleada de maestros transgénero en los colegios, pues se privilegiarán las plazas de trabajo para estas personas para garantizar la supuesta inclusión. A la larga el gobierno pagará, con los impuestos de todos, operaciones para cambio de sexo… en fin, el terror basado en la mentira como estrategia”. De locos. También, un día después en El Universal, Luis Cárdenas ensayaba el desmentir sobre un mensaje del FNF: “Llega por Twitter, Facebook o Whatsapp, es un texto que reproduzco textualmente: ‘¿En qué te perjudican a ti las leyes de ideología de género? 1. Desde el kinder empezarán a enseñar a tus hijos que podrán decidir ser hombre o mujer independientemente de su sexo biológico. 2. No podrás oponerte a que le enseñen esto a tus hijos, y si lo haces te tacharán de homofóbico, discriminador y te mandarán preso. 3. Hombres y mujeres utilizarán los mismos baños en colegios, centros comerciales, instituciones públicas y privadas, poniendo en riesgo a tus hijos. ¿Permitirás esto para tus hijos?’ Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, una frase que se achaca al genio de la comunicación nazi, Joseph Goebbels, pareciera ser la lectura (mala, por cierto) detrás de esta estrategia de difusión que busca llevar a más padres y madres a las marchas pro familia y pro ‘matrimonio natural’ (léase también antimatrimonio igualitario) de los próximos días”.
    Pero las locas mentiras no paran ahí. En rueda de prensa del martes pasado, el capítulo Aguascalientes del FNF se aventó esta joya: “La ideología de género nos la están imponiendo las grandes corporaciones mundiales: la ONU, el Banco Interamericano, el Banco Mundial, la están imponiendo a México y a otros países; quieren despoblar a los países del tercer mundo para quedarse con las materias primas de los países del tercer mundo”. ¿En serio? ¿despoblar al país para quedarse con sus riquezas? ¿está sobredimensionado el adjetivo de imbéciles? ¿El fracaso de nuestro sistema educativo es tan alarmante como para que haya gente que crea en estas patrañas?
  5. Le concedo razón a la queja de nuestro lector. No debí generalizar sobre el uso de imbéciles para englobar en ese término tanto a quienes intencionalmente están propagando mentiras inverosímiles para enardecer a los sectores sociales conservadores, como a las personas que -de buena fe- creen estas mentiras. Me equivoqué. Enmiendo mi yerro. Este término aplicaría únicamente para las personas que -sin ejercer sus facultades intelectuales- han creído en los embustes expuestos arriba, y los que detallé en mi columna anterior. Pero no, el término no podría aplicar para quienes han orquestado esta campaña de engaños y mentiras; no podría aplicar a quienes han diseñado esta estrategia de abuso a la inocencia de los crédulos. A éstos no les queda el adjetivo de imbéciles, pero sí el de cínicos, el de irresponsables, el de mentirosos. Quienes han propagado de manera consciente y dolosa esta serie de mentiras -con sus actos- se alejan del ideal doctrinario que dicen defender, por tanto, les queda además el adjetivo de incongruentes y -en la suma de todo- el de malvados detestables. A éstos dedico el epígrafe de esta columna. Ante éstos, por su maldad, ni condescendencia ni concesión alguna.

 

Dicho lo anterior, creo que podemos enfocar parte de lo importante. Todo este entuerto está motivado por el pavor irracional que un minoritario grupo social tiene en torno al sexo, a las expresiones del género, y a la equidad. Añádase al pavor, la ignorancia sobre estos temas. Como si no fuera ya grave, todo esto se da en un marco de fundamentalismo que no abona en nada al desarrollo plural y diverso de nuestra sociedad. Debemos circunscribir ahí la discusión central, porque es ahí donde se pretende vulnerar la universalización de libertades civiles y la efectiva ejecución de los derechos humanos. Este pavor -además- proviene de ideas, prejuicios, y credos incompatibles con la laicidad del Estado y con el propio Estado de Derecho. No se condena que cada persona o grupo crea lo que quiera, por fantástico que sea; se condena que basados en esas creencias fantásticas pretendan legislar, influir, coartar, o entrometerse en asuntos que no están a discusión, como son los derechos humanos. Igualmente, si existen elementos de prueba que sean fundados, racionales, lógicos y científicos, que desmientan lo aquí afirmado, bienvenidos siempre, con mi total disposición a la enmienda, a la concesión de réplica, o a la corrección de mis propias posturas en pro de la sanidad en el diálogo público.


En consonancia con lo anterior, la discusión (las aportaciones de los lectores, de otros columnistas, de los medios de comunicación y las redes sociales, de la sociedad en su conjunto) debería atender al contenido, no a sus formas. En este sentido, reitero mi apertura a discutir sobre si lo que está expresado aquí falta a la verdad o a la razón. Si aún así le parecen rudos los adjetivos con los que intento ensayar sobre esta parte de la realidad, déjeme decirle que son más rudos los actos que la ultraderecha pretende imponer, en detrimento de un amplio sector de la población. Y peor aún, más que rudos, son inaceptables los métodos con los que quieren validar socialmente lo abyecto de su postura. No obstante, la puerta está abierta, la vela encendida, y el intercambio latente. Lo que está en juego es importante y nos atañe a todos. Dialoguemos con verdad y razón, y combatamos al fundamentalismo, que entraña riesgos históricos que no podemos permitirnos como sociedad.
[email protected] | @_alan_santacruz | /alan.santacruz.9


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2 thoughts on “De imbéciles y malvados detestables / Memoria de espejos rotos

  1. Magnífico artículo.
    Congratulaciones.
    Sobre todo por expresarlo en Aguascalientes un estado con muy obre criterio y mente cerrada.

  2. A favor de la igualdad y e la dignidad humana. Gracias por ayudar en la lucha contra la mentira y el odio.

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