La Dignidad al Frente / Economía de Palabras - LJA Aguascalientes
14/07/2024

Al Frente Nacional Por la Familia:

Están equivocados. Ni la razón los asiste ni la historia los avala.

Para ustedes tengo una incómoda condescendencia pues el respeto se gana. Para discutir es necesario entender las reglas de un debate, por ello soy categórico y con cierto desdén me niego siquiera a la posibilidad de fungir como un interlocutor de su discurso. Lo único que me parece válido en esta coyuntura es señalar sus defectos y alertar sobre las implicaciones de su discurso.

Cierto es que todo está sujeto al debate, los derechos civiles inclusive. Sobre estos es necesario discutir cómo se relacionan, cómo se ordenan y cuando estos podrían entrar en conflicto. No obstante ante la carencia de argumentos y acuerdos mínimos sobre las reglas de la discusión no queda más que el frontal desacuerdo.

Cuando los dogmas, la defensa a ultranza de las creencias personales y las fobias dominan un lado del debate es imposible sostener una discusión democrática y civilizada. Las peticiones de principio, las definiciones a modo y el intento de llevar la moral a la vida pública son incompatibles con una conversación en la cual las partes pretenden llegar a un acuerdo democrático. Más grave aún me parece su rechazo al falibilismo, a la posibilidad de aceptar que se puede estar equivocado.

Entiendo de dónde proviene y la clase de arreglo institucional al que obedece esta creencia ciega sin contrapesos. Si entre privados deciden de manera voluntaria y consciente que esta clase de arreglos son válidos, deseables y que además les permite llevar de mejor forma su vida es entendible. Incluso es entendible que pretendan, bienintencionadamente, influenciar el comportamiento de otros demostrando las virtudes, que no niego, podrían existir de tal forma de vivir.

Lo que no es entendible es que pretendan que sea de observancia general, no importa que tan convencidos estén. No importa que tan “equivocados” estamos los otros, bajo ningún motivo, bajo ninguna circunstancia las costumbres de unos, aunque sean mayoría, pueden ser la ley si estas entran en conflicto con los derechos de algún otro.

Habiendo aclarado mi posición al respecto de sus filias y sus creencias, aclaremos un par de hechos que encuentro preocupantes: Lo que buscan no es un diálogo, lo que pretenden es elevar a los ordenamientos legales sus prejuicios; y segundo, no están ejerciendo su derecho a la libertad de expresión, lo que están haciendo es intentar imprimir un criterio moral, uno bastante burdo por cierto, en la vida política de una sociedad, que vale la pena recordar, es constitucionalmente laica.

Resulta de suma importancia entender las implicaciones particulares de estos últimos puntos. Los mensajes y las consignas no pueden ser aislados del contexto. El ambiente en el que existen y las formas en las que se transmiten contienen información relevante. El pretender imponer la moral religiosa como un criterio de orden público en una sociedad laica es un intento por menoscabar nuestra constitución. Se debe entender que lo que está en juego no son simplemente los derechos civiles de la comunidad LGBT, es una disputa por el fundamento mismo de la sociedad liberal a la que deberíamos aspirar.


No todas las leyes son justas y no todo lo justo es necesariamente legal. Atender esta cuestión es indispensable para aspirar, como se dice en EEUU, a una Unión más perfecta, al bienestar generalizado de los ciudadanos. En particular, en México, establecer los criterios para interpretar y validar las leyes que rigen nuestra sociedad es tarea de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pretender usurpar sus tareas aunque sea por un momento, aunque no sea de manera explícita, demuestra una falta de respeto grave a nuestras instituciones.

La mera sugerencia de que es posible, mediante propaganda, imponer criterios ajenos a la justicia (por ser discriminatorios) y contrarios en espíritu a nuestra propia constitución es alarmante. Quien pretenda hacer sentir que existe la posibilidad de actuar en detrimento de los derechos de otros, siempre que esto sea popular, comete un agravio mayúsculo.

Es indispensable hacer uso de nuestra capacidad de participar de lo público a fin de mejorar nuestras vidas. Es por eso que atendiendo mi responsabilidad ciudadana con los asuntos públicos, con la república, con este espacio en el que me permiten expresar mi opinión, con mis conciudadanos y en defensa de mi propio interés de vivir en una sociedad plural, decididamente liberal y justa los exhorto a entrar en razón.


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