01/06/2020

Resulta difícil debatir el texto de Enrique Pasillas “Del momento mexicano al lamento mexicano” en el que hace un aporte atinado sobre las causas de la eterna crisis que hemos vivido los mexicanos. El texto nos ayuda a darnos cuenta de algo que ya no es tan fácil de percibir para la inmensa mayoría de quienes habitamos en el país.

Si bien es cierto que la dirección del país (si es que tiene) bajo el timón de Enrique Peña Nieto y su tripulación de neo neo liberales, (sí, con doble neo) nos lleva a un futuro incierto, también es cierto que el resto de los políticos de partidos diferentes al PRI no parecen estar dispuestos a ser una oposición real que haga las presión necesaria para dar a los mexicanos una mejor calidad de vida.

Por el contrario, los políticos están dispuestos a negociar en lo oscurito con el gobierno para mantener los privilegios que tienen muy por encima del mexicano de a pie. Acción Nacional ha demostrado no ser una oposición que ofrezca un cambio en las condiciones de la mayoría, que al igual que el PRI no están dispuestos a adaptarse a las nuevas circunstancias sociales, que aborrecen a quienes no piensan igual que ellos aunque se jacten de ser plurales.

Tenemos representantes populares que no representan más que sus intereses de grupo y que gracias a la idea generalizada de que, quien ocupa la silla presidencial es total responsable de las condiciones del país, esconden su falta de voluntad política y hasta las decisiones que toman alzando la mano en las sesiones de las cámaras legislativas previo pacto (en lo oscurito) con el Ejecutivo.

Cuando se tomó la pésima decisión de invitar a Donald Trump, lo más atinado que pudo salir del diputado panista Marko Cortés fue hacer una invitación en sus redes sociales a Hillary Clinton para asistir al Congreso invitada por el grupo parlamentario de Acción Nacional… ¿de verdad?

Como oposición se quejan del derroche en el gasto público, pero son ellos mismos los que autorizan el presupuesto; y son también los que permiten los altos sueldos de la alta burocracia. Son tapadera unos de otros, tuvo que salir una nota periodística en el portal de noticias de Carmen Aristegui sustentada en documentos filtrados a través de Méxicoleaks  en la que salió a luz la millonaria liquidación recibida por Enrique Ochoa Reza cuando renunció a la Dirección General de Comisión Federal de Electricidad para ir de candidato único por la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Ochoa Reza recibió un millón 200 mil pesos por dos años y 195 días que laboró en CFE, osea una cantidad de mil 297 pesos por cada día, mientras el salario mínimo vigente es de 73.04 pesos, ahí nomás.

Y es que ciertamente como lo recupera Pasillas en su texto, la situación de violencia e inseguridad ha rebasado la capacidad de control del Estado Mexicano, pues es más importante pensar en el siguiente proceso electoral y los acomodos del juego de las sillas en las oficinas públicas que viven nuestros políticos, que dar soluciones reales a los problemas sociales sin importar el costo para la imagen de los funcionarios públicos. Pero también no hay que dejar de observar la inseguridad cotidiana, la que le pega al ciudadano cuando se meten a robar a su casa de interés social que con el esfuerzo de su trabajo (retribuido por un salario poco digno) se había hecho de su pequeño patrimonio; de los robos de automóviles.

Sumarle también la falta de oportunidades para que los jóvenes puedan estudiar y tener un trabajo, sí, aunque sea de 74 pesos diarios, que aunque no es digno por lo menos ya es algo.

Pero hay más, los movimientos sociales generados por la Reforma Educativa, que más bien parece una Reforma Laboral pues por ningún lado se ve cómo ayudará aumentar la infraestructura y la cobertura educativa; o las manifestaciones a favor y en contra de los diferentes tipos de familia, los 43 padres de Ayotzinapa que siguen buscando a sus hijos, por mencionar algunos ejemplos son prueba de la falta de habilidades o de voluntades de quien despacha en Bucareli, al secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong parece no alcanzarle el intelecto o la capacidad de diálogo para suavizar esos conflictos entre los mismos ciudadanos y controlar así la gobernabilidad del país.

Estoy en contra del pensamiento de  aquellos que proponen tener un gobierno autoritario que meta en cintura de cualquier forma y a cualquier precio al país. Lo que se necesita es que el pueblo mexicano deje la apatía para participar activamente en la política, exigiendo a sus representantes lo necesario para tener un mayor bienestar; que condene y ejerza presión ante los actos de impunidad y de corrupción; le falta saber respetar el derecho de los otros a poder ser y a poder decidir; en fin, tantas cosas que ningún presidente por decreto puede solucionar.

@aguileralespron



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