2 de octubre: recordar, ¿para qué? - LJA Aguascalientes
03/10/2022

 

Disiento totalmente del criterio muy personal de usted con que hay un hecho que ensombreció la historia de México: hay un hecho que ensombreció la historia de unos cuantos hogares mexicanos (…). De lo que estoy más orgulloso es del año 1968, porque me permitió servir y salvar al país: les guste o no les guste

Gustavo Díaz Ordaz 1970

Sin duda la convicción de que el 2 de octubre no se olvida es auténtica, sin embargo, este hecho, por sí mismo, no ha sido suficiente para inspirar al Estado y a la sociedad para evitar que episodios de represión y violencia de Estado se repitan en nuestro país.

Este 2 de octubre se cumplen 48 años de la tragedia de Tlatelolco. Sin duda, uno de los capítulos más devastadores de nuestra historia contemporánea. Aunque coincido en que significó un punto de inflexión en el desarrollo sociopolítico de nuestro país, no estoy muy seguro que hayamos aprendido mucho.

Al paso del tiempo, existen realidades contradictorias, dualidades que se contraponen. Derivaciones de la misma realidad. Será como decía Octavio Paz, volvemos a lo que fuimos y a lo que somos, vuelta a lo mismo. Los síntomas del síndrome totalitario.

Recordemos el contexto histórico en que este escenario de violencia se desenvolvió. México vivía una democracia formal, que funcionaba con cierta eficacia económica. Existía cierta estabilidad económica.

En ese tiempo en México y en el mundo se libraba una intensa lucha ideológica entre dos modelos económicos y políticos hegemónicos; socialismo y capitalismo. La Guerra Fría se encontraba en el momento más álgido.

De manera simultánea surgieron una serie de movimientos sociales (feminismo, hippie, liberación sexual) que generaron una revolución en la cultura colectiva. En materia económica, con sus problemas, pero se registraba una tendencia sostenida y creciente.


Había coincidencia de luchas por reivindicaciones sociales con la que ocurría en París, en Berlín, en Nueva York y en California.

En esos años, nuestro Estado Nacional se caracterizaba por ser poco conciliador, autoritario e intolerante. Permeaba una atmósfera opresiva producto del proceso de militarización que se vivía en Centro y Sudamérica en las décadas de 1960 y 1970, derivado de la exacerbación de las contradicciones internas y la disociación progresiva del papel del Estado como articulador de la vida pública y promotor del desarrollo económico.

Políticamente el gobierno se negaba a aceptar cualquier tipo de cambio social, controlaba y doblegaba la disidencia, como los recientemente surgidos movimientos sindicales de ferrocarrileros, médicos, maestros, etc que demandaban, entre otras, mejores condiciones de trabajo.

Esta actitud del Estado, de acuerdo a Paz había frustrado la maduración del pensamiento crítico independiente.

En ese contexto se desarrolla el incidente entre estudiantes de la vocacional 2 (I.P.N) y de la preparatoria Isaac Ochoterena (UNAM) que terminó en pelea y derivó en la intervención de policías, allanamiento del ejército a la Prepa 1 en San Ildefonso, el encarcelamiento de estudiantes, dando origen a la dinámica de polarización y de confrontación entre el gobierno, estudiantes y grupos sociales.

El conflicto se salió de control desembocando en el terrible desenlace en donde perdieron la vida muchos estudiantes que exigían, entre otros, un alto a la represión estatal, libertades políticas y autonomía universitaria.

Este hecho, por demás deplorable, representa solo la punta del iceberg. Es decir, fue la parte más visible de lo que en realidad significaba. La situación del país era muy delicada.

La realidad es que estudiantes, obreros, maestros y la sociedad sabían que las cosas estaban mal. Permeaba una especie silencio ensordecedor. El cambio de actitudes fue mucho más profundo. Se luchaba por ideales, se buscaba transformar al país. Contra el abuso, la censura y la represión estatal. Este movimiento fue también una rebelión contra los aparatos ideológicos del Estado y las mismas jerarquías naturales el orden tradicional.

Estos, en realidad, fueron los detonadores que incitaron una actitud más activa y crítica de la sociedad civil, principalmente en las universidades públicas. Se había despertado un sentimiento de unidad.

La reacción del gobierno fue la represión con un genocidio a una generación que pidió un cambio.

A 48 años de este suceso, la reflexión sería. ¿Como sociedad, hemos tenido la capacidad para aprovechar la experiencias del pasado? ¿Hemos aprendido a encontrar caminos mejores para dirimir diferencias, para atender las legítimas demandas sociales? ¿Se han abolido los métodos de detenciones ilegales, maltratos, torturas, persecuciones, desapariciones forzadas, espionaje, criminalización, homicidios y ejecuciones extrajudiciales?. ¿Qué tanto hemos avanzado de esa época a la fecha?

Sólo así tiene sentido apelar a la memoria, no de una forma falaz, como si la memoria fuera por sí misma un valor indiscutible. Las lecciones de la historia adquieren significado cuando se toman como un lugar de aprendizaje que se aprovecha para beneficio colectivo.

Como refería Nietzsche, la historia, la evocación del pasado, puede tener una gran utilidad para nuestras vidas en la medida en que es una fuente de lecciones, una fuente de sabiduría.

En consecuencia, me parece que lo que se debe dibujar hoy, en el aniversario del 2 de octubre, no es una disyuntiva entre recordar u olvidar. El planteamiento es ¿qué recordar?, ¿cómo recordar? y ¿para qué? Es decir, ¿qué función tiene recordar?

Debemos admitir que, aún en la actualidad, se pueden rastrear ciertas herencias del 68. Hay frentes que siguen sintiéndose agraviados por injusticias. Se siguen menoscabando sus libertades y derechos.

Aunque hay un México antes y un México después, hay cosas que parecen permanecer igual que entonces. Estos hechos nos hacen recordar lo que a casi dos años de impunidad se vivió en Iguala donde 43 normalistas de Ayotzinapa fueron detenidos y desaparecidos por las fuerzas represivas del Estado y hasta el día de hoy continúa en total impunidad.

En esta tesitura, el mejor homenaje que podemos hacer al movimiento estudiantil, que asumió el liderazgo de las luchas sociales de los mexicanos en 1968, es hacer de su causa, nuestra su causa.

Continuar con la lucha de rechazo enérgico al autoritarismo de Estado. Hacer frente a esta dualidad que tenemos como país y con la cual no podemos concordar.

Los cimientos de nuestra democracia, obra permanentemente inacabada, deben estar sustentados en el Estado de Derecho. Donde se privilegie la fuerza del derecho y de las razones al derecho de la fuerza.

Nuestro tiempo histórico y compromiso con las nuevas exigencias sociales reclaman un replanteamiento de nuestro sistema democrático, dotarlo de mejores formas de convivencia, desarrollo, libertad, pluralidad y representatividad.

Hacer lo propio, en torno a este propósito, sería la mejor forma de honrar a quienes participaron en este movimiento. Bueno, eso pienso.


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1 thought on “2 de octubre: recordar, ¿para qué?

  1. Totalmente de acuerdo.
    El gobierno sigue siendo el mismo, REPRESIVO.
    Intolerante, creé que la población NO piensa.
    Y me refiero a todos los partidos políticos y funcionarios de todos los niveles.

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