De buenas voluntades no come la gente / Economía de Palabras - LJA Aguascalientes
24/05/2024

Es indudable que los servidores públicos tienen una gran responsabilidad y que su trabajo es indispensable para el funcionamiento de la vida en sociedad como la conocemos. Estas responsabilidades se magnifican cuando la calidad de vida de una parte importante de la población depende de sus decisiones. No obstante, a pesar de ser responsables de tan importantes tareas, quienes toman las decisiones suelen no estar sometidos a rendir cuentas sobre su desempeño.

Reflejo de ello es la mala calidad de nuestros gobiernos y sus instituciones, especialmente en el ámbito local y en particular en las entidades menos desarrolladas. El hecho que nuestros servidores públicos, representantes de elección popular o las fuerzas de seguridad no sean grotescos hampones o vulgares criminales en muchos casos se considera sobresaliente deja la puerta abierta para cualquier limitado y corto de luces pueda considerarse como intachable a pesar de lo desastroso de sus decisiones.

Tan triste la realidad en la que vivimos que basta un poco de honestidad y buena voluntad para ser considerado ejemplar casi a cualquier nivel de la toma de decisiones. Olvidamos lo verdaderamente importante. Importa poco si hay buenas intenciones si no hay resultados.

La situación empeora si consideramos la ignorancia (que ciertamente no es por elección) de una parte importante de la población al momento de elegir los indicadores para evaluar el desempeño. Ligar el precio del dólar o del aumento del costo de algunos alimentos por temporadas al desempeño de un gobierno suelen ser dos ejemplos muy ilustradores y un reflejo de cómo se desconoce que funciona una economía puede afectar el sentimiento popular.

Evitando hacer un Legarretazo, cabe decir que la población en general suele ser incapaz de juzgar apropiadamente los éxitos o los fracasos de un gobierno en diferentes aspectos de la vida pública. Retomemos de nuevo el precio del dólar. El comportamiento de su precio durante el gobierno de Calderón, el llamado súper peso, dependió mucho más de los mecanismos de colocación del excedente de una inmensa cantidad de dólares que resultó del elevado precio del barril de petróleo por un periodo extendido, sumado al aumento de la producción petrolera, de la ausencia de un fondo de estabilización como con el que se cuenta ahora y la política monetaria del Banco de México, el cual, cabe recordar, es una entidad independiente sobre la cual el presidente no tiene control.

No resulta increíble que una parte importante de la población considere un éxito la apreciación del peso sin considerar lo fortuito que pueda ser. Lo que resulta increíble es la incapacidad (solapada por el gremio al que pertenezco, el de los economistas) de asimilar la tragedia de desperdiciar la gigantesca oportunidad de desarrollo durante años con resultados mediocres.

No importa si actuaron de buena voluntad, importa muy poco si creen que fue la mejor forma de sortear la situación. Lo que verdaderamente importa es que se perdió una oportunidad importante para mejorar las condiciones que permiten el desarrollo del país de largo plazo. Si se observa de la manera más cruel posible. Cada error, cada omisión de esta clase le puede costar a millones de personas años de bienestar. Le puede costar, por la pobreza en la que vive, la vida.

De manera tácita lo que decimos al ignorar el asunto es cruel: Suerte para la próxima. Ojalá crea en la reencarnación porque en esta vida, la que le tocó, no nos va a alcanzar la buena vibra para que salga usted de la pobreza.

La diferencia entre una economía que crece al 1%, 3% o 5% afecta de maner decisiva la vida de millones de personas de forma tal que resulta alarmante que el grueso de la población no esté consciente de las implicaciones de nuestro miserable crecimiento a lo largo de todo este siglo.


Si la economía crece al 3% de manera ininterrumpida, tardará casi 25 años en duplicar su tamaño. Si consideramos el crecimiento poblacional tendríamos una sociedad que en términos de riqueza habrá avanzado de manera aceptable pero insuficiente. Si por el contrario una economía crece al 5%, el tiempo necesario para duplicar el tamaño de la economía se reduciría en 10 años. Aun descontando el crecimiento poblacional la riqueza de una sociedad que crece a ese ritmo aumenta de manera significativa y es notoriamente el caso para millones de personas que viven en la pobreza.

Como si no fuera poco, aunado a las condiciones generales de nuestro país existen innumerables ejemplos de programas o políticas que surgen de la imaginación sin fundamentos de un incontable número de políticos torpes o mal asesorados. El fracaso de enciclomedia, de los programas para cerrar la brecha digital en comunidades donde ni siquiera electricidad, los puentes innecesarios, las ampliaciones de carreteras que nadie usa, los hospitales inconclusos, los edificios subutilizados, son algunos de los constantes recordatorios de que la buena voluntad no fomenta el desarrollo.

Tristemente debo reconocer que en este contexto es digno señalar de manera especial la torpeza de la izquierda mexicana. No se si debe a una aversión a los fundamentos teóricos que muchas veces son considerados como “imperialistas”, “neoliberales” o a últimas “neoporfiristas” por provenir de escuelas extranjeras, particularmente de las angloparlantes. El asunto es que el nivel de ignorancia en algunos temas es francamente preocupante, y lo es más cuando se compara con la solidez técnica pero inhumana de otros partidos. Si bien pienso que la respuesta a nuestros problemas está en la izquierda no me atrevo a asegurar si está en la izquierda que conocemos hoy en México.

Por ejemplo, tenemos la torpeza de AMLO al decir que de ganar la presidencia bajará los precios de los combustibles siendo que es una de las medidas más regresivas posibles, la necedad del PRD (si aún se le puede considerar de izquierda) como partido por brindar servicios gratuitos a diestra y siniestra sin pensar en la efectividad, viabilidad, pertinencia o la funcionalidad de los mismos. Añada usted las incontables propuestas de política pública y de campaña tanto de Morena, Movimiento Ciudadano, el PT y lo que queda del PRD destinadas a entretener o confundir al electorado pero que poco impacto tienen en el desarrollo.

Indudablemente México seguirá siendo un país desigual y poco desarrollado hasta que hagamos conciencia de las capacidades necesarias indispensables que queremos en quienes toman decisiones públicas. Me queda claro que si no podemos asegurar siquiera que al menos quienes gobiernan y ejecutan la administración pública sean bien intencionados y moralmente rectos lo que sugiero es todavía más complicado. Sin embargo, también me queda claro que necesitamos discutir urgentemente qué clase de país queremos. La clase de proyectos que financiará el Estado para lograrlo. Necesitamos un criterio científico y un fundamento ético claro y no se ve que la izquierda, o lo que queda de ella en algunos partidos, tenga la intención de avanzar en el tema. De buenas voluntades o esfuerzos aislados no va a comer la gente.
@JOSE_S1ERRA


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1 thought on “De buenas voluntades no come la gente / Economía de Palabras

  1. Magnífico artículo.
    Congratulaciones.
    Es necesario realizar muchas cosas.
    Iniciando con los salarios, que topen en 50 salarios para el presidente de la República y y jueces de la SCJN, de ahí e hacia abajo elaborar una tabla de salarios para funcionarios .
    Observar hacia dónde queremos ir.
    O bien contar con un nuevo sistema de gobierno, donde sea una serie de personas y durante un mes exista una persona que nos represente, así vayan rotando, donde ningún partido exista y que puedan ser votados quienes merezcan ser represantivos.
    Soy muy idealista, pero todo lo que observamos así fue en un principio una idea, por la que se luchó.

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