Periodismo cultural, identidad y voz propia - LJA Aguascalientes
18/04/2024

 

En Las brujas de Salem (The Crucible, de Arthur Miller) John Proctor, ha sido convencido de delatar a sus vecinos, acusados de brujería; tras un largo enfrentamiento con la comunidad, las autoridades ya sólo le piden que estampe su firma en un papel bajo la larga lista de acusados para colgarlo en la puerta de la iglesia y quede constancia de los pecados cometidos. Proctor duda, ya ha hecho todo lo que le han pedido para salvar su reputación, al momento de que le entregan la lista, duda, tiembla, rompe en llanto y se niega a firmar:

¡Porque es mi nombre!, porque no puedo tener otro en mi vida! Porque he mentido y he firmado esas mentiras. Porque no soy digno del polvo bajo los pies de los que cuelgan. ¿Es que se puede vivir sin un nombre? Les he dado mi alma; ¡déjenme mi nombre!

Es una escena conmovedora, angustiante, en contra de todo lo que ha pasado (la defensa de su reputación, de su “bondad”) Proctor decide, al final, morir con su conciencia limpia, con su buen nombre intacto.

El escritor Tomás Eloy Martínez, autor de espléndidas novelas (Santa Evita y El vuelo de la reina, entre otras), reconocido guionista y periodista argentino, desarrolló varios textos acerca de la función del periodista; algunos de ellos han sido presentados en forma de decálogo, el más conocido comienza con este punto:

1- El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo. Hay que defender ante los editores el tiempo que cada quien necesita para escribir un buen texto y el espacio que necesita dentro de la publicación.

El nombre tiene una relevancia sustancial en la definición del trabajo del periodista, quien cuida su nombre publicando textos por los que pueda responder ante cualquier cuestionamiento, con datos verificados, consultando diversas fuentes y con una clara conciencia de a qué responde la información que está difundiendo; sé que con esta definición estoy rehuyendo a debatir lo que nos convoca a esta mesa, que es la conversación sobre la formación en la práctica del “periodista cultural”, es decir, un “periodista especializado”, antes de evadir la definición, explico por qué en mis consideraciones sobre la formación práctica del reportero (en Aguascalientes) evito asignarle lo de “periodista cultural”, y es que de qué hablamos cuando decimos “periodismo especializado”, ¿nos referimos a los contenidos, al ámbito geográfico, a los públicos a los que nos dirigimos, a los medios desde los que se difunde, al método de trabajo?

Me queda claro que en el marco de este Coloquio de Periodismo Cultural, lo que señale sobre las virtudes y defectos del medio para el desarrollo del periodista se vincule con una figura que en la entidad no existe en su sentido más puro: el “periodista cultural”.

El fracaso del modelo de negocios de las empresas periodísticas, no del periodismo, de las empresas que han sido incapaces de vivir de su relación con el público y se han rendido a la comodidad de recibir una especie de subsidio de los gobiernos, ha dañado en forma permanente las posibilidades para que el reportero pueda desarrollarse plenamente, más allá de la fuente que cubra o de lo que escriba.


El modelo fracasó además, por el desarrollo de las nuevas tecnologías, la aparición de un periodismo independiente que no requiere de la plataforma que ofrece una empresa periodística, a lo que hay que sumar eso que algunos llaman “periodismo ciudadano”, hoy está al alcance de muchos la posibilidad de transmitir imágenes, audio y video de lo que ocurre, en forma instantánea; la paradoja es que en vez de que las empresas se fortalezcan con esa posibilidades, han rendido su función social informar y formar públicos, por el entretenimiento y atracción de audiencias.

Cambiamos conversación por banalización, desarrollo de argumentos por contenidos atractivos, contar historias por difundir imágenes, la discusión por un video, el diálogo por likes.

Cuando digo que el modelo de negocios fracasó me refiero, obviamente, a la próxima desaparición de los medios impresos, pero también a la ineptitud para enfrentar esa crisis y transformarnos. Sí, ya “nadie” lee periódicos en papel, pero la sociedad sigue ávida por informarse y lo hace mediante plataformas que puede seguir con ese mismo aparato que cabe en su mano.

En ese panorama, los reporteros de Aguascalientes se encuentran con un campo poco propicio para su desarrollo profesional, para la especialización. Además de ser plantillas laborales, en general pequeñas, el periodista debe de cumplir con una cuota de notas diarias en las que se incluye “revolcar” los comunicados de prensa, es decir, partir de un boletín de prensa, un discurso oficial (con todo lo que eso implica) para elaborar su texto periodístico, generalmente una nota informativa, que, por desgracia, al sumarse los tiempos de entrega, termina siendo un eco de lo que la autoridad quiso decir, pues al reportero le queda poco tiempo para verificar la información, incluso constatarla.

Peor aún, todavía hoy hay demasiados medios que, inclinados hacia quienes los proveen de recursos (no los suscriptores, no los lectores) siguen dividiendo a su plantilla laboral en una categoría vergonzosa, que no tiene que ver con la temática abordada sino con su aparición en la primera plana, es decir, sólo quienes caben en la portada merecen firmar su nota, el resto se difumina en las páginas interiores en un anónimo Redacción que no invita al desarrollo de una personalidad colectiva pues ahí se mezclan los comunicados oficiosos con las notas que los reporteros desarrollan; ¿si no lleva su nombre qué patrimonio se puede ir formando?

Eso es apenas un esbozo de lo que en general ocurre; en relación con el “periodista cultural”, el panorama es todavía más fúnebre. Las empresas periodísticas locales, siguiendo ciegamente un proceso de banalización nacional, cambiaron o combinaron las secciones culturales por las de entretenimiento y sociales.

Junto a la nota que anuncia que Brayan Biber Sánchez recibió por primera ocasión el cuerpo de Cristo y la fotografía enorme del culo de la estrella en ascenso o decadencia haciendo twerking, fisting o lo que sea, queda poco espacio para que el periodista pueda incluir como parte de su cuota de notas un texto acerca de lo que ocurre en el ámbito cultural. No voy a caer en la provocación de señalar las fallas que desde la academia puedan tener los reporteros por su falta de interés en ciertas expresiones “culturales”, que un trabajador de los medios no asista a conciertos, exposiciones, cine, teatro, etcétera… No necesariamente responde a su educación formal, quien se atreva a señalar como “incultos” a los periodistas, antes tendría que explicar las razones por las que la clase política brilla por su ausencia en esas mismas manifestaciones, por qué diputados, regidores, alcaldes, jueces, gobernantes y los mismo dueños de las empresas periodísticas sólo asisten a esas manifestaciones culturales cuando son acarreados por el gobernador o el presidente municipal, y son incapaces de mencionar un libro que estén leyendo o un cuadro que los haya conmovido. La falta de interés en ciertas expresiones culturales no es un efecto de ser trabajador de los medios de comunicación, es un problema generalizado, la falta de políticas culturales y el abandono gubernamental por la formación de públicos.

¿Cómo es la formación de los “periodistas culturales” en Aguascalientes? A contracorriente, un esfuerzo personal que regularmente no fructifica por el poco espacio que se otorga en los medios a lo que consideramos cultural, porque no es “nota”, porque no se relaciona con las expresiones que al Poder le interesa difundir (a excepción de cuando la esposa de algún político quiere exponer sus cuadros o darse baños de clase).

La oferta cultural es Aguascalientes es vasta, incluso se puede decir que sobrepasa el interés de los diversos públicos, conciertos de la Orquesta Sinfónica medio vacíos, exposiciones abandonadas, temporadas de teatro cortísimas… y siempre la queja de que no se le da suficiente difusión a lo que se va a presentar; ¿cuántas veces no hemos leído la queja recurrente en Facebook, por ejemplo, por los mecanismos de entrega gratuita de boletos o la justificación de la inasistencia porque “nadie avisa nunca”?

Si la oferta fuera un acicate para que el periodista cultural demostrara su interés en generar textos sobre un fenómeno, este incentivo fracasa no sólo por culpa de las empresas periodísticas sino de las comerciales que no saben relacionarse con la prensa más que a través de comunicados y los gobiernos que sólo consideran el éxito de una actividad a partir del número de personas congregadas, no importa los efectos y la calidad, sólo la cantidad, la cifra que se establece como récord en un informe.

Por parte de los gobiernos, puede presentarse una agenda llena de actividades, con múltiples nombres o artistas a los que el público quiere entregar su atención más allá de su presentación, sí hay lectores que se interesan en los planteamientos estéticos, en la justificación de su obra o la opinión acerca de cualquier otro tema, pero los empresarios que los traen a Aguascalientes, en un mal entendido cuidado del “artista”, sólo ofrecen conferencias previas, cinco minutos en una pequeña sala en la que el periodista interesado en una entrevista de profundidad, una crónica, en elaborar un perfil… tiene que compartir esos pocos minutos con el presentador de espectáculos, el locutor que balacea con un trascendente: ¿algún mensaje para tus fans de Aguascalientes?, el mismo criterio pobrísimo del presentador de deportes que al final del partido, pregunta al jugador cómo se sintió en la cancha, o porque si jugaron como nunca, perdieron como siempre.

Mientras las empresas periodísticas no entendamos que lo que fracasó fue el modelo de negocios, no las formas de hacer periodismo, reitero, la formación de los “periodistas culturales” en Aguascalientes seguirá siendo un esfuerzo personalísimo, un interés profesional individual por encontrar su propia voz. De la crítica, ni hablar, justo porque los medios no valoramos lo que John Proctor tanto defendió: el patrimonio de un nombre.

Coda

En ese panorama sombrío, considero que la creación del Premio Estatal de Periodismo del Estado de Aguascalientes, sí contribuye al desarrollo del periodista.

A diferencia de Salvador de León Vázquez, académico que considera un “retroceso democrático” la instalación de este premio, creo que la iniciativa del Congreso puede desarrollarse de tal manera que se convierta en el impulso que los periodistas requieren.

De León se queja de que el Premio sea otorgado desde el Poder y no desde los ciudadanos, pero en su diatriba pasa por alto que en Aguascalientes sí se han reunido “consejos ciudadanos” para reconocer a periodistas, el problema es que esos consejos, a diferencia de lo que se ha hecho para la entrega del Premio Nacional de Periodismo por la que suspira el académico, no están interesados en valorar el trabajo informativo de los reporteros, de los verdaderos periodistas, sino en halagar a los columnistas y dueños de los medios. En la entidad, la sociedad (apenas unos cuantos, para ser sinceros) ha elegido impulsar periodismo “independiente” a través de darle la espalda a los medios tradicionales y preferir informarse a través de plataformas digitales; mientras que los ciudadanos organizados, son unas cuantas asociaciones civiles que responden a intereses muy concretos y que básicamente se conforman con salir en la foto.

Otra crítica de Salvador de León es que el Premio Estatal de Periodismo “se instale desde la estructura gubernamental”, que provenga del Congreso… Ah, caray, ¿no se supone que los diputados son, precisamente, quienes nos representan?, a lo anterior, agrega su inconformidad sobre la selección del Jurado, las categorías que se premiarán (Derechos humanos; Desigualdad; Educación; Cultura; y Desarrollo sustentable) e incluso el lugar designado e invitados a la premiación… Puntos, considero, para la discusión, no para la descalificación.

El académico asegura que el Premio Estatal de Periodismo “da la pauta para instaurar más controles al periodismo”, aseveración que fácilmente se puede controvertir, el artículo 1 de la Ley que crea ese reconocimiento establece que “sólo serán beneficiarias las personas físicas, individualmente o en grupo” y no estará condicionado por la amplitud de la cobertura del órgano de difusión; además, en el artículo 9 se indica que podrán postularse trabajos en “formato” impreso, radiofónico, digital, gráfico y caricatura periodística. Si las empresas abandonamos a los periodistas en su empeño por informar y formar (en materia cultural, por ejemplo) la mejorable iniciativa de la LXII Legislatura permitirá que los reporteros encuentren el estímulo necesario para desarrollar textos con una identidad y voz propia, que respondan al interés de los públicos, no sólo a la búsqueda de un like.


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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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