Sin capucha al 18 / De imágenes y textos - LJA Aguascalientes
04/12/2022

Era 1993 y en la frontera sur una movilización inusual de personas se presentaba desde hace varios meses o tal vez años; indígenas de la región congregados en sus comunidades hacían sesiones informativas y por las tardes practicaban técnicas de guerra de guerrillas, mientras que el gobierno interino de Chiapas (como todos por esos años) encabezado por Patrocinio González Blanco Garrido hacia lo que sus antecesores acostumbraban hacer, esperar a ser relevados para ocupar una Secretaría de Estado.

Los habitantes decían que se estaba preparando un levantamiento armado obviamente contra el gobierno de Carlos Salinas, otros tantos no veían ni escuchaban nada, la Iglesia hacía mutis porque Samuel Ruiz andaba inquieto también. Tal vez hartos del sistema político, relegados y olvidados, las comunidades indígenas pudieron haber decidido organizarse y buscar seguir los pasos del nicaragüense Edén Pastora más conocido como el comandante Cero líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN y levantar las armas por fin.

Ese era el referente inmediato, Cero había tomado el Palacio Nacional de la capital de Nicaragua un 22 de agosto de 1978 en una lucha por derrocar a Anastasio Somoza quien el 16 de julio de 1979 finalmente renunciaría a la Presidencia de la República y que a la postre fuera asesinado el 17 de septiembre de 1980 por el Ejército Revolucionario del Pueblo. Si Nicaragua había podido, por qué México no…



 

La bandera de la guerrilla latinoamericana se asomaba amenazante sobre la segunda dictadura “oficial” de México, los indígenas vieron una salida a sus demandas a través de las armas, las cuales, por cierto, se desconoce su procedencia, de pronto ellos tenían artefactos, qué raro que pasen estas cosas en nuestra nación, ¿no cree?; por la vía tradicional, entonces el mismo gobierno coadyuvó para obtenerlas o ¿cómo se interna armamento a territorio nacional? Y ya con todo listo, con preparativos que según oriundos de Tuxtla Gutiérrez datan desde 1983, el Frente Zapatista de Liberación Nacional esperaba una señal para levantar la voz y por supuesto las armas, querían imitar lo que los nicaragüenses habían logrado, nuestro Somoza nada más cambiaba de nombre pero no se iba del poder. De pronto las cosas cambiaron, Rubén Montoya viejo amigo avecindado en Chiapas desde muchos años atrás, casado con una mujer centroamericana, presumía conocer a casi todos los zapatistas sin pasamontañas, claro está; ella es Ramona, me decía cuando señalaba a una mujer de rasgos indígenas de poca estatura y con una gran sonrisa. Ella, pero si es la señora de las artesanías; por eso, qué tiene, son personas como tú o como yo, bueno no, ellos ya se hartaron y nosotros pareciera que no. ¿Entonces por qué se esperaron hasta que llegó Rafael Sebastián para consumar su movimiento? La gente de por acá está organizada, dicen que son 23 comandantes y un subcomandante que es el vocero oficial del movimiento, ellos tenían lista la Declaración de la Selva Lacandona, la proclamación de guerra al Gobierno Federal y la toma simultánea de varias ciudades de los Altos de Chiapas, entre otras tantas cosas a manera de protesta por la firma del Tratado del Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos de Norteamérica y la República Mexicana, el mal gobierno y todo lo que hacía el partido en el poder.

Fue así que el primer día de 1994 irrumpe en la agenda nacional el autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que días atrás, según una grabación habían declarado la guerra al Ejército Mexicano. Es ahí donde me pierdo en la historia porque en dicho audio se escucha claramente que el “narrador” dice que es 1993, por otra parte Rubén Montoya me comentaba que desde el 24 de diciembre de 1993 el Ejército Mexicano se movilizó hacia la zona de presas hidroeléctricas de la CFE  y el convoy militar hacia los Altos inicio desde la noche del 31 de diciembre, el cual duró alrededor de 5 horas, se imagina la clase de movilización militar…

Los medios no sabían cómo cubrir una “guerra”, hace muchos años que no teníamos una, la información corría de manera desordenada, fueron más rumores hasta que el manejo oficial de la misma se pudo establecer; ya teníamos claro que los malos eran los zapatistas y los buenos el Ejército Mexicano, no había de otra. Y de pronto la simpatía del mundo por las huestes del “sub”, carismático y galán, el superhéroe que estábamos esperando tal vez.

Una tarde calurosa como todas en Tuxtla, veía por la ventana del departamento que rentaba, además de las paredes externas del Cañón del Sumidero cómo la caravana del “Zapatur” de acercaba, venían de Chiapa de Corzo. Escoltados por un helicóptero que hacía retumbar los vidrios de la vivienda, autobuses de lujo, vehículos y personas a pie, mi mamá dijo, ¿quiero conocer a Marcos, bajamos? Pues vamos, igual nos topamos con Rubén Montoya y nos lo presenta, así que tomé al pequeño Juan Pablo de escasos dos años y junto con su abuela salimos al encuentro con Marcos.

Aun con pasamontañas puesto se notaba lo bien afeitada que llevaba la barba, ojo claro, lo único austero eras sus audífonos porque hasta la ropa estaba en buen estado y lo mejor de todo, para sus admiradoras claro está, llevaba impregnada loción Carolina Herrera. Descendió del autobús de lujo como auténtico rockstar entre aplausos y vivas, saludó, se tomó fotos, dio autógrafos, besos a las féminas y comenzó el show.

Comenzó el show donde el resto de los zapatistas quedaron en segundo plano, ¡épale! En ese momento fue cuando dude de la verdadera identidad del movimiento; un zapatour, que no se supone que iban a seguir los pasos de los nicaragüenses, o de plano salimos más civilizados. Tan civilizados que este 2018 el EZ planea postular un candidato independiente.


Después de contextualizarle los acontecimientos que viví en la tierra de Rosario Castellano, el próximo jueves le comparto lo que Rubén Montoya me comentó del caso. Sin capucha al 18 podría ser el paso democrático y mediático que nuestra confundida nación necesita para volver a creer en las instituciones.

“Los proletarios no se revelarán jamás, ni de aquí a mil años”, George Orwell en 1984.

[email protected] | @ericazocar


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