Opinión

La siempre cuestionable e inconclusa lista de los mejores discos de jazz / El banquete de los pordioseros

Hace un par de semanas, al ocuparnos en este banquete semanal de los presuntamente mejores 10 discos de rock progresivo, asunto, por supuesto, siempre sujeto a discusión, mi buen amigo Abraham Velasco me proponía hacer ese mismo ejercicio pero dedicándonos al jazz, empresa, así me lo parece, mucho más complicada que la del rock, que ya de por sí tuvo lo suyo. Lo que sucede es que el jazz tiene de existir más de un siglo, surge en una situación completamente diferente a la del rock y su estado marginal acompañó al jazz desde sus tempranos orígenes en el Siglo XX, incluso desde finales del Siglo XIX. Después el jazz fue adquiriendo otros matices diferentes que lo hicieron protagonista del establishment y este lenguaje musical pasó, de ser una música marginal y censurada ejecutada en las pantanosas riberas del Mississippi, a las grandes salas de concierto de todo el mundo, así, de los húmedos y humeantes salones sumidos en la oscuridad del storyville en Nueva Orleans, pasó al Carnegie Hall de Nueva York, el Royal Albert Hall de Londres o a la Sala Pleyel de París.

La inagotable diversidad del jazz, la amplitud de su lenguaje y lo ecléctico de sus formas hacen las cosas un poco más difíciles, así que, como lo hicimos con los discos de rock progresivo, hago la aclaración que no pretendo, mi ingenuidad no llega a tanto, nombrar los 10 mejores discos de jazz, casi me suena a imperdonable impedimento, sino simplemente decirte cuáles son los 10 que más me gustan, al menos de los que conozco, y aun así me meto en tremendos líos, pero en fin, aunque sólo sea por diversión vamos a ver.

Bien, hay dos discos que a mí me parecen inmensamente revolucionarios, no son piedras angulares ni significan la base de la construcción de nada, simplemente son discos cuyo atrevimiento en la improvisación llevan la creatividad de los ejecutantes hasta sus últimas y más radicales consecuencias, estos dos discos son, primero el inconmensurable Bitches Brew de Miles Davis, este disco doble se grabó en agosto, concretamente entre el 19 y 21 de ese mes de 1969 en la ciudad de Nueva York, es decir, todavía se estaba recogiendo la basura que quedó en Woodstock después de aquel legendario festival. De hecho, ya en alguna ocasión dediqué un Banquete a este impresionante disco que, como otros, frustra todo intento de clasificación, está más allá del bien y del mal. Miles Davis entra al estudio de grabación con un puñado de músicos de primer nivel para hacer lo que mejor saben, entre tanta sapiencia musical, la improvisación es la gran protagonista. Entre estos virtuosos de la música encontramos nombre como Wayne Shorter, Joe Zawinul, Chick Corea, John McLaughlin, Lenny White, Jack de Johnette, Dave Holland, en fin, una alineación de lujo. YO creo que la gran magia y el poder de este disco radican en cómo Miles Davis ejerce esa función de líder para sacar tan sorprendentes resultados de una conjunción de tanto talento, y consecuentemente, de tanto ego.

El otro disco al que quiero referirme es The Köln Concert, o el Concierto de Colonia de Keith Jarrett, uno de los pocos pianistas, aquí también debemos agregar a Keith Emerson, que pueden presumir de conducirse con la misma solvencia dentro de tres disciplinas en la música, la composición, la ejecución rudita y la improvisación, de hecho este disco, EL concierto de Colonia es un disco cuya grandeza consiste en la capacidad de improvisación de su creador, es decir, Keith Jarrett. Se grabó en la Casa de la Ópera de la ciudad alemana de Colonia el 24 de enero de 1975, probablemente sea este el disco de jazz más vendido en la historia, sin embargo, no es esta la razón por la cual lo considero entre mis 10 favoritos, incluso dudo mucho que podamos considerarlo como un disco de jazz, es de esas creaciones que están más allá del bien y del mal.

Siguiendo con la lista, te propongo del Dave Brubeck Quartet, se llama Time out y es de 1959, un año especialmente fértil y creativo en la escena internacional del jazz. En esta sublime grabación encontramos aquel clásico compuesto por el saxofonista del Cuarteto, Paul Desmond, me refiero a Take five o el igualmente célebre Blue rondó a la turk, con la aclaración que la base musical de esta pieza no es el Rondó alla Turca de la Sonata para piano No. 11 de Mozart, sino en una tonada turca que en alguna ocasión había escuchado Brubeck y se le quedó grabada.

Me queda poco espacio y en esta entrega quiero proponerte, por lo menos cinco discos dejando otros cinco para la próxima semana. El cuarto disco, sin obedecer a ningún tipo de orden jerárquico, es el disco de Ornette Coleman: The shape of jazz to come, es decir, La forma del jazz que está por venir, una grabación también de 1959, del mes de mayo para ser preciso, podemos decir que aquí se empieza a escribir la historia del free jazz y la vanguardia en general.

Finalmente, en esta primera de dos entregas dedicadas a mis 10 discos de jazz favoritos, menciono a John Coltrane con su obra maestra Giant steps, Pasos gigantes, un disco, para no variar, de 1959, y ahí le dejo para continuar, con el favor de tu lectura, la próxima semana.

rodolfo_popoca@hotmail.com  

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Rodolfo Popoca Perches

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