Opinión

Cierre de temporada con Beethoven, Haydn y Brahms / Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Esta ha sido una temporada especial, hay varias razones que así lo indican, una, seguramente la más importante, es que nuestra máxima entidad musical, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, cumple sus primeros 25 años de vida, aunque en realidad, como ya lo hemos apuntado en otras ocasiones, Aguascalientes tiene una gran tradición orquestal, y no quiero sonar atrevido o hasta blasfemo, pero no dudo al mencionar que nuestra tradición orquestal es casi tan grande como la de Xalapa, ciudad que cuenta con la Sinfónica más antigua del territorio nacional, más antigua incluso que la Sinfónica Nacional.

En Aguascalientes hay evidencias de una orquesta desde principios del siglo XX y por lo menos, desde 1922 tenemos referencias irrefutables de una entidad musical que trabajaba con el nombre de Orquesta Sinfónica de Aguascalientes ofreciendo conciertos en el Teatro Morelos de esta ciudad y que en aquel entonces era dirigida por el maestro Arnulfo Miramontes, un compositor de importancia mayúscula, pero desafortunadamente con mucho menos reflectores que Manuel M. Ponce, pero que el pianista Bernardo Jiménez se ha encargado de rescatar, al menos su generoso repertorio para piano.

Bien, pues volviendo al tema que nos atañe, este año se cumplen 25 de lo que prefiero llamar la nueva versión de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, ya consolidada y con temporadas regulares ofreciendo conciertos cada semana, ahora en el Teatro Aguascalientes, aunque como sabemos, será, posiblemente, así lo esperamos, para la tercera temporada del año cuando nuestra Sinfónica estrene su nueva sede, una hermosa sala de conciertos ubicada en el complejo del MECA (Macroespacio para la Cultura y las Artes), es una sala de bellos acabados y queda pendiente lo más importante, la cuestión acústica, pero eso no lo sabremos hasta que lo escuchemos, así que paciencia. Por otro lado, el punto débil de esta sala es su reducida capacidad, ya lo hemos comentado anteriormente, es de poco más  de 700 espectadores, definitivamente muy poco para el poder de convocatoria de la OSA. Habrá quien me diga que ese es el promedio de asistencia a los conciertos, pero creo que se debió planear a futuro, a un mediano plazo ésta resultará insuficiente, y no quiero ser aguafiestas pero me parece que desde este momento es ya insuficiente, esta temporada, por ejemplo, los conciertos registraron entradas muy por encima de ese aparente promedio  de asistencia, qué bueno, pero habrá qué pensar en una solución, probablemente dos conciertos, viernes y domingo, como sucede con la OFUMAN.



Por otro lado, esta es la segunda vez que nuestra Sinfónica trabaja sin un director titular, la primera fue cuando el maestro Barrios dejó de ser el director y la última temporada del año 2004 se trabajó con invitados, exactamente como sucede ahora.

En fin, el otro asunto que me llamó la atención es que de los siete programas diseñados para la primera temporada del año, sólo uno nos ofreció un concierto, el de piano de Chaikovski, en ninguno otro de los conciertos se programó algo más, éste último, por ejemplo, fue una obertura, la Leonora, Op. 138 de Beethoven y dos sinfonías, la No. 92 en sol mayor conocida con el nombre de Oxford de Franz Jospeh Haydn, y la sublime cuarta de Brahms, OP. 98 en mi menor. El director para este cierre de temporada fue el maestro Jörg Birhance. Efectivamente, extraño, pero interesante el diseño de cada uno de los programas de esta temporada.

Me costó mucho trabajo conectarme con la música, no porque lo que sucedía en el escenario no fuera digno de llamar la atención, al contrario, desde la ejecución del Op. 138 de Beethoven nos quedó claro que se daría un tratamiento muy digno a la música, es porque desde el primer movimiento de la  Sinfonía Oxford de Haydn se escucharon los gemidos de un niño que fueron una constante durante toda la sinfonía y continuó durante por lo menos la mitad de la sinfonía de Brahms. Entiendo que a un niño no lo puedes apagar o ponerlo en vibrador como a un celular, no,  aquí lo que cuestionamos es la pasiva actitud de los papás del bebé o de quienes lo llevaban, pues la lógica más elemental, vamos, el sentido común, nos dice que si el niño empieza a llorar, pues hay que abandonar la sala, así, sin mayor complicación, pero parece ser que hay cosas evidentes que no son necesariamente fáciles de entender.

A pesar de ello, el maestro Jörg Birhance se mantuvo a la altura de las obras que le fueron encomendadas, o que posiblemente él mismo eligió, no sé la verdad si cada uno de los directores que participó en esta temporada diseñó su propio programa o le fue encomendado uno, como quiere que sea, el director huésped para esta primera temporada trató con mucho respeto el repertorio con el que tenía este compromiso.

Tengo mis dudas, siempre he dicho que la segunda sinfonía de Brahms es mi favorita de las cuarto que el maestro de Hamburgo compuso, sobre todo después de haberla escuchado en algún concierto que la Orquesta Sinfónica Nacional ofrecía en nuestra ciudad en verano, fueron cuatro veranos allá por los años 80, y escuché una soberbia ejecución de esta sinfonía al maestro Sergio Cárdenas, después otra también majestuosa, ya con nuestra Sinfónica y que le fue encomendada al maestro Eduardo Diazmuñoz. Yo no tenía dudas de que la segunda de Brahms era mi favorita, pero la No. 4 que escuché la noche del viernes 24 de marzo bajo la dirección del maestro Jörg Birhance ya me hizo dudar, pero eso es lo de menos, finalmente es Brahms.

La Sinfónica ofrecerá algunos conciertos durante la temporada de Feria como es ya una tradición y regresará a sus conciertos habituales durante la segunda mitad del mes de mayo, estaremos al pendiente para compartirlo contigo, amigo melómano.
rodolfo_popoca@hotmail.com

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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