¿Quién está siendo ingenua, Kay? / No tiene la menor importancia - LJA Aguascalientes
22/05/2024

Detrás de cada gran fortuna hay un delito

Honoré de Balzac

 

La hija de Amerigo Bonasera fue golpeada brutalmente por haberse opuesto en un intento de violación. Los agresores, uno de ellos novio de la chica, fueron capturados por la policía.

“El juez, un hombre formidablemente pesado, se arremangó la toga negra como si fuera a castigar físicamente a los jóvenes que se encontraban frente al estrado. Su expresión era fría y mostraba un majestuoso desprecio. Pero había algo de falso en todo ello, pensaba Bonasera, aunque no terminaba de entender qué […].

“Ustedes se comportaron como degenerados de la peor calaña […] Actuaron como bestias salvajes en la jungla […]. Pero debido a su juventud, a sus limpios antecedentes, a que son de buena familia y a que la ley en su majestad no busca la venganza, los sentenciaré solamente a tres años de confinamiento en la penitenciaría… y la sentencia quedará suspendida.”

Cuando Bonasera se retiraba de la corte, los jóvenes sonreían. Salieron libres ese mismo día.

Así comienza la novela de El Padrino. Ése es el mundo en el que el capo italiano surge y se mueve como pez en el agua, un mundo en que la justicia está al servicio de unos pocos privilegiados; en el que las instituciones obedecen al mejor postor, a los intereses personales y al status quo. Un mundo en el que una víctima de un ataque sexual resulta víctima una segunda vez a manos del sistema que debía protegerla, cobijarla y ayudarle. Bonasera creía en América, por eso acudió a la policía, por eso consideró que un juicio era lo correcto, por eso confió en que un par de hombres violentos, machistas, irresponsables, insensibles y brutales serían castigados. Lo que ocurrió fue que, al final, los bastardos sonrieron.

Hace unos días, un juez de Veracruz de manera inexplicable concedió un amparo a un agresor. El caso es muy conocido, una pandilla de hombres violentó y degradó a una menor de edad. Los brutos intentaron escapar de la justicia, uno de ellos huyó a España, fue arrestado allá y extraditado a nuestro país. Aquí se le concedió un amparo pues, a pesar de que se ha comprobado que violentó de manera deleznable a la menor, para el juez no se acreditó que hubiera intenciones “lascivas” ni que la niña estuviera en situación de indefensión, así estuviera rodeada de cuatro hombres que la manoseaban.


La decisión del juez es profundamente desconcertante. Haber negado el amparo era una opción casi natural, nadie le hubiera reclamado (excepto, claro, el agresor y su familia); y era natural no porque respondiera a un clamor social, había evidencia contundente, el acusado efectivamente había agredido a la menor. Los argumentos del juez sobre la intención lasciva de la acción y sobre la indefensión resultan casi una burla, pues finalmente se trata de una decisión de criterio, dependen de una interpretación, y lo esperable para este caso era simplemente lo contrario de lo que ocurrió. El juez tuvo que buscar el resquicio más oscuro y pequeño de todo el caso para poder justificarse.

La decisión del juez es profundamente sospechosa. Lo que hizo lo ha puesto en el ojo del huracán, su foto ahora puebla las páginas de internet, la ciudadanía vengadora lo insulta y llega al grado, despreciable también, de desearle que viva lo mismo que la familia de la víctima (el juez es padre de dos niñas); la ciudadanía moderada exige que sea expulsado de su cargo. Y todo esto debido a que tomó una decisión extrañísima, injusta y reprochable. Cómo llegó a la conclusión de que debía elegir la opción más difícil, la decisión que lo metería en problemas, la decisión que humilla, nuevamente, a la víctima, a la familia de la víctima y a nuestra sociedad.

Un aforismo que utilizan algunos abogados reza: “Si no es lógico, es metálico”. El juez que dejó libres a los agresores de la hija de Amerigo Bonasera mencionó entre los atenuantes del caso el hecho de que los agresores eran de buena familia. Conforme avanza la novela (y la película) entendemos que todo el sistema legal y de justicia es corrupto, que los jueces responden a tal o cual capo, a tal o cual capital. Y lo mismo sucede con senadores y alcaldes. Las relaciones y el dinero pesan siempre más que las leyes, los procedimientos y las instituciones.

El juez veracruzano otorgó un amparo fuera de toda lógica. Éste es nuestro mundo; un mundo en que la justicia está al servicio de unos pocos privilegiados, en que las instituciones sirven a los intereses personales. En nuestro mundo las víctimas de ataques sexuales también son víctimas del sistema que debería protegerlas, cobijarlas y ayudarles. Los padres de la menor violentada creyeron en México. Por eso acudieron a la policía, por eso denunciaron públicamente el caso, por eso consideraron que lo correcto sería un juicio, por eso confiaron en que cuatro hombres violentos, machistas, irresponsables, insensibles y brutales serían castigados. Lo que está ocurriendo es que, al final, los bastardos siguen sonriendo.

 


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