He aprendido a querer tanto el teatro, que lo disfruto: Héctor Iván Luévano Alanís / La escena - LJA Aguascalientes
28/02/2024

¿Alguna vez has traspasado este portal místico el Teatro Morelos? Aquí es en donde sucede una magia inigualable. Tu cuerpo se convierte en una hoja en blanco dispuesta para ser creador de ilusiones y alegría. Aquí es el sitio en el que se desbordan las energías más hermosas. ¡Aún seas técnico, actor-actriz!

Héctor Iván Luévano Alanís

 

El espacio escénico determina las características de la representación teatral y contribuye a crear una arquitectura que responda a las necesidades de la dramaturgia. La tramoya es parte de esta creación, un conjunto de mecanismos que sirven para decorar un escenario, que en la actualidad se determina por la multimedia. Uno de los tramoyistas con más trayectoria, y que tiempo después incursionó como actor, director y maestro de teatro fue Iván Luévano Alanís, quien interpretó varios personajes emblemáticos, pero en dos de ellos dejó huella en los escenarios: como José Guadalupe Posada, en uno de los feriales y en el Festival de las Calaveras, así como El Diablo Mayor en las pastorelas de Miguel Sabido. Un reconocimiento a este gran artista que se nos acaba de adelantar, y del que transcribo una entrevista que le hice en mayo de 1997. ¡Descanse en paz, Héctor Iván Luévano Alanís!

¿Cuántos años tienes en el oficio de tramoyista?

17, el 16 de abril -que es día de mi cumpleaños-, los cumplí. Para mí no ha habido más regalo más importante; lo más grandioso es haber entrado a trabajar en el teatro. Entré a los 15 años.

¿Qué fue lo que te impulsó a ser tramoyista?

Yo entré circunstancialmente, nosotros (mis hermanos y yo) íbamos acompañar a un chavo que estaba de portero en el Teatro Morelos, de repente se necesitaba gente y me dijo Alfredo Báez, el jefe de foro ¿quiéres trabajar con nosotros?. Mi primer montaje fue una coronación de la reina, justo el 16 de abril de 1980, fue un trabajo durísimo, arduo: entramos a las seis de la mañana y salimos a las seis de la tarde, pero fue muy bonito y decidí no hacerme a un lado. Mi primer pago fue de mil pesos. Me sentí muy feliz pero, principalmente, de recibir las gracias por este trabajo.

¿Has tomado algunos cursos?


Sí, de tramoya o lo que se llama Escenología, con el maestro López Mancera; mi primer curso fue en la Casa de la Cultura, y el último en el Palacio de Bellas Artes. He tomado cursos con técnicos europeos, dos veces con japoneses; los nacionales que se realizan.

¿A quiénes les imparten los cursos?

Se los damos a los tramoyistas, en una Convención Nacional de Escenólogos, Aguascalientes fue invitado con un equipo de instructores.

¿Los tramoyistas locales tienen experiencia profesional o son empíricos?

Todos entraron accidentalmente, es en abril cuando se requiere de más manos, porque tenemos el Ferial de Aguascalientes, es un trabajo durísimo, además tenemos el programa cultural, los eventos foráneos; en ocasiones hemos sido 20 tramoyistas y después se queda un número base de ocho.

¿Alguna experiencia chusca que te haya pasado?

Experiencia chusca siempre hay en cada montaje; hemos aprendido a querer tanto el teatro que lo disfrutamos. En la obra Muerte en el Vaticano, en la parte más importante, en el clímax, nosotros recorríamos los trastos de la escenografía; se hacían para un lado y teníamos que empujar una cama con el Papa, ya para el final, cuando la Madre que lo asistía lo va a ver, entra uno de los chavos tramoyistas de nuevo ingreso y, sin saber, dentro de su inocencia grita: “¡ya están las tortas!”, el Padre se levantó y sale corriendo y este chavo dice: “¿qué hice?… ¿qué hice?” … Ya mataste al Padre del susto, se le contestó. Para nosotros todo lo que sucede en el teatro es muy divertido, cada uno ha metido las cuatro, pero es ahí como se tiene la experiencia.

¿Un tramoyista tiene relación directa con el director y productor?, ¿han tenido algunos conflictos?

Principalmente con el director, porque los productores de las obras que vienen a Aguascalientes se dedican a lo del dinero. Esto sucede muchas veces en el teatro novel, pero la mayoría de las veces si nosotros queremos aportar algo es muy válido, pero tienes que manejarlo directamente con el Traspunte. Los conflictos se presentan con los directores que apenas están iniciando, son muy caprichudos. De repente vienen los monstruos sagrados del teatro, y sí impresionan, pero es gente ya colmilluda.

¿Qué se requiere para ser tramoya?

Tener mucha creatividad, imaginación y saber de dónde poder sacar o dónde poder recurrir cuando hace falta [algo]. Tramoya viene del italiano tramposo. El tramoya debe crear la imagen para que el público pueda disfrutar la función. Muchas veces no somos comprendidos dentro de esta satisfacción, de esta alegría de disfrutar el teatro, nosotros mismos cuando nos sale bien el trabajo nos aplaudimos, una palmadita. De esta manera recibimos esta satisfacción sin necesidad de salir; somos un actor frustrado, porque no nos animamos a dar la cara y, sin embargo, estamos dentro del ambiente. Somos tan importantes como el actor, el productor; es una unidad, nosotros decidimos: “El actor no se luce si nosotros no hacemos nuestro trabajo, pero también nosotros no comemos si el actor no hace su trabajo”. El tramoya es un artesano, carpintero, arquitecto, pintor, en fin, un personaje mágico, creativo, que da la plástica teatral en cada función.


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1 thought on “He aprendido a querer tanto el teatro, que lo disfruto: Héctor Iván Luévano Alanís / La escena

  1. Gracias Julieta por unirte al recuerdo de Héctor, mi cuñado, mi amigo, mi cómplice, mi compañero de aventuras musicales, mi hermano. Él forma ya parte de los recuerdos familiares espero que su obra sea recordada también por la gente del teatro y las demás artes. Por mi parte, lo que haga en adelante en el terreno de la música tendrá su espíritu. Saludos, José Manuel Cortés Briano.

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