Armando Merino, difusor de las obras de compositores mexicanos – LJA Aguascalientes
24/09/2020


 

  • Para mí ha sido muy importante que la música grabada tenga la cualidad o virtud de que se escuche una vez y se quiera volver a escuchar, expresó el intérprete

 

En su trayectoria, una de las aportaciones del pianista mexicano Armando Merino ha sido grabar obras desconocidas o poco conocidas de destacados compositores mexicanos, entre éstos Ricardo Castro, Manuel M. Ponce, Alicia Urreta y Silvestre Revueltas.

El concertista graduado con honores de la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (ahora Facultad) participó en el ciclo La Música Contada por los Músicos, organizado por Theo Hernández, coordinador del catálogo de Música de Concierto de la Fonoteca Nacional, institución que forma parte de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la República.

En la Sala Murray Schafer de la Casa de los Sonidos, Theo Hernández describió a Armando Merino como un pianista que gusta de presentar en sus recitales “un poco de todo”, ofreciendo un repertorio original de piezas novedosas.

“Para sus presentaciones hace una selección interesante de obras, por lo que siempre hace un aporte y el espectador aprende algo nuevo”, apuntó.

Añadió que el músico ha hecho una importante labor de recuperación con la grabación de piezas de compositores mexicanos. “Los había perdidos y medio misteriosos. Merino, con sus discos y su labor como concertista, nos ha permitido tener acceso a la música de importantes compositores”, aseguró.

En la sesión, Armando Merino hizo un rápido recorrido por su discografía: Azulejos: México y España a Través del S.XX; ‘S Wonderful: The 20s & 30s in the Americas; Chanson d’amour, Romanzas mexicanas del siglo XIX; Manuel M. Ponce: Los ocho ciclos para voz y piano; Capricho, los valses completos de Ricardo Castro, y el más reciente, La Belle Epoque: El México de Ricardo Castro.

El egresado de la maestría en Artes Musicales en la Manhattan School of Music, de Nueva York, comentó que en sus discos ha buscado la conjunción de tres elementos: que incluya la primera grabación mundial de un gran compositor mexicano, que La pieza sea hermosa, y que el oyente quiera volver a escucharla.

“Una de las líneas que han llevado mis discos es el rescatar obras de grandes compositores, pero no sólo se trata de grabar cosas que no lo estaban. Uno corre el riesgo de grabar música que no tenga gran valor.

“Para mí ha sido muy importante que la música grabada tenga la cualidad o virtud de que se escuche una vez y se quiera volver a escuchar. Grabar algo que no sea auditivamente grato difícilmente hará que un disco vuelva a sonar”, expresó el pianista.

En la charla se remontó a 1999, año en el que grabó su primer disco Azulejos: México y España a Través del S.XX, material que tuvo como base la pieza Azulejos de Isaac Albéniz, creada a principios de siglo XX y Dameros I de Alicia Urreta, pieza de los años ochenta.

“Entre los años 1995 y 2000 muchos de mis colegas estaban grabando, yo también quería hacerlo pero no tenía idea de qué grabar. A la distancia creo que el proyecto de rescatar piezas desconocidas me escogió a mí y no viceversa”, manifestó Armando Merino.

El músico recordó que a sus manos llegó la obra Dameros I de Alicia Urreta, que le fue comisionada por la Coordinación Nacional de Música y Ópera para interpretarla. “Es una obra muy complicada, como la que suele ser mucha de la música contemporánea”.

Tiempo después, dijo, escuchó la única grabación que hay de Azulejos, que le dejó impactado. “Isaac Albéniz la compuso en su último año de vida, dejándola inconclusa. El también compositor Enrique Granados sería el encargado de terminarla. Hizo un trabajo tan impecable que es imposible saber dónde acaba el manuscrito de Albéniz y dónde empieza el suyo.  

“Al oír la grabación que hizo Alicia de la Rocha sentí un compromiso con esa obra, y me di a la tarea de trabajarla, fue muy complicada de aprender”, comentó.

Merino se dijo satisfecho de su primer disco que casi sin proponérselo abarcó música de México y España del siglo XX. “Cuando salió el disco me pregunté quién lo compraría, sabía que mis padres, mis amigos. Mi sorpresa fue que le fue muy bien”, recordó.

En opinión de Theo Hernández, con este material se cubrió un hueco importante, respecto a la obra de Alicia Urreta. “Una de las razones por las que no se conoce más de la música de Urreta es porque no la escribió, y ella era su propio intérprete, tocándola de memoria”, señaló Armando Merino.


El pianista también destacó el trabajo realizado para el disco Manuel M. Ponce: Los ocho ciclos para voz y piano, en el que se muestra la veta menos conocida del compositor: la corriente modernista.

“Manuel M. Ponce tiene una vasta obra para piano, guitarra, música importante de cámara, y gran parte de su labor la dedicó a la voz. Las canciones que conocemos de él son las tempranas, es un símbolo de la historia de México”.

Habló sobre los dos últimos materiales discográficos, los cuales dedicó a Ricardo Castro (1864-1907), quien explotó los recursos sonoros y técnicos del piano de una manera que nadie había hecho.

“En 2006, pensando en hacer un disco diferente grabé Capricho, los valses completos de Ricardo Castro, para que estuviera en boga su música, la sorpresa fue que como las partituras no estaban y había que buscarlas.”

Compartió que se creía Ricardo Castro había realizado seis valses, pero se llevó una sorpresa al encontrarse con que en realidad hizo 22, por lo que el material es la primera grabación mundial que aportó el rescate de dichas piezas, las cuales consiguió y aprendió, por lo que se siente orgulloso de haberlas dado a conocer.

Se refirió a su más reciente material La Belle Époque, El México de Ricardo Castro, que presenta un repertorio valioso y poco conocido de piezas de géneros tan diversos como Ocho improvisaciones op. 29; Dos impromptus op. 28, Dos Estudios de Concierto op. 20, Mazurka en si menor op. póstumo y Melodie op. 35 para violín y piano, interpretada aquí por el violinista Luis Felipe Merino.

“El disco incluye la primera grabación mundial de Seis preludios op. 15, Dos Nocturnos op. 48 y 49, y Romanza en sol mayor op. 31.

 

Con información de la Secretaría de Cultura

 

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