Opinión

Fábricas que suicidan / Análisis de lo cotidiano

En la fábrica de automóviles Renault en el suburbio parisiense de Guyanocurt, se suicidaron tres empleados de alto nivel en el curso de cuatro meses. Dos ingenieros lo hicieron en las mismas instalaciones de la planta armadora y uno de ellos recién ascendido a un trabajo administrativo lo hizo en su casa dejando una nota en la cual culpaba de su muerte, directamente a la empresa por el elevado estrés laboral. El hecho disparó las investigaciones periodísticas y el muy popular diario Le Parisien encontró que existía un marcado número de fallecimientos autoprovocados en los trabajadores de la marca. En los últimos diez años, las muertes causadas a sí mismos en los técnicos, administrativos e incluso personal ejecutivo, rebasaban las cifras que pudieran atribuirse a casualidad. Renault es una importante factoría automotriz, de origen francés con capital del mismo gobierno, aunque mayoritariamente privada. Una buena parte pertenece a Nissan y al mismo tiempo, Renault tiene gran inversión en Nissan, uno de los accionistas más fuertes es brasileño y otra parte es argentina. De manera que es una multinacional con todas las características. Tiene fábricas en otros trece países, incluyendo México (en Ciudad Sahagún Jalisco). Como resultado de la denuncia que hizo el medio informativo, el director general en una ceremonia de celebración confesó que había aumentado la presión porque exigieron a la plantilla laboral aumentar el diseño y creación de seis autos nuevos por año, cuando anteriormente hacían cuatro. Y desde luego, todo ello sin aumentar el personal, ni los sueldos, ni las prestaciones. Aún así, el señor director se disculpó y ofreció que se harían trabajos de prevención. El diario delator y muchos otros hicieron un seguimiento y desde entonces han estado acusando a la negociación, de no haber cumplido el ofrecimiento. El estrés laboral sigue aumentando y los suicidios siguen ocurriendo, aunque desde entonces han tenido buen cuidado en que no se den a conocer. Y ¿para qué nos sirve esta información? Bueno, pues sabiendo que nuestro estado ha crecido de manera considerable con base en la industria automotriz y seguirá creciendo, es un buen momento para establecer las medidas preventivas, antes de que nuestros conciudadanos ya de por sí afligidos por nuestra realidad como la entidad que ocupa el segundo lugar nacional en suicidios, pase a convertirse en primera, con base en las muertes que se provoquen nuestros paisanos en las fábricas locales. Los dentistas ya tienen identificado un nuevo padecimiento, le llaman El Síndrome de la Nissan y se refieren al desgaste dentario, ocasionado por la contractura de los maxilares debida al estrés laboral. O sea que ya tenemos un síntoma. Aquí hay un angustiante llamado de alerta. Si no se pone el oportuno remedio, pronto los trabajadores no solamente se morderán sus propios dientes, sino que pueden llegar a atentar contra su vida. Es un excelente momento para hacer algo. Y ¿quién debe hacerlo? En el diseño es muy fácil, primeramente la Secretaría del Trabajo, la Secretaría del Desarrollo Económico y la Secretaría de Salud conjuntamente deberán hacer un censo para detectar el número de trabajadores que muestran síntomas de estrés. No debe ser difícil, todas las empresas del ramo tienen un servicio médico propio, con expedientes para cada uno de sus empleados. Una vez detectados los casos, deberán ser enviados a los Centros de Salud Mental existentes en la ciudad. O pueden ser tratados en la misma planta, pero no por el personal de la empresa, sino por experimentados profesionales de la salud mental. Deberá hacerse también un seguimiento de los casos, para detectar violencia doméstica, violencia interlaboral, adicciones y desde luego ideación o intentos presuicidas. O sea que no bastará con “pláticas informativas”, eso no resuelve nada, lo que se requiere son talleres de psicoterapia activa, realizados (perdón por la insistencia) por experimentados profesionales de la salud mental. ¿Costará mucho hacer este trabajo? Muchísimo, será una labor titánica con un alto costo en trabajo, personal, traslados y desde luego pago de honorarios profesionales. El asunto no se puede resolver con estudiantes de servicio social, porque luego eso suelen hacer algunas negociaciones para evitarse gastos ¿Pero realmente importa el costo? ¿Cuál es el precio de salvar la vida y la salud mental de los trabajadores? Ya ocurrió en otros países ¿Qué esperamos?

 

hecgrijalva@hotmail.com



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