El múltiple magisterio de Ramón Xirau / Extravíos - LJA Aguascalientes
24/05/2022

 

La generosidad recompensa. Uno de los más nobles ejemplos de los múltiples beneficios que supuso para México el recibir a parte del exilio de la Guerra Civil española fue la presencia de Ramón Xirau, presencia que, haciendo eco a la noción del propio Xirau, significó, ante todo, una permanencia y una plenitud.

Nacido en Barcelona en 1924, en 1938, en medio de la Guerra Civil, sale de España y siendo hijo único se dirige a Marsella (Francia), donde permanece una breve temporada para después viajar a México en 1939 en compañía de sus padres, el filósofo Joaquín Xirau y Pilar Subías. En 1949 se casó con la pintora Ana María Icaza, hija del escritor y periodista Xavier Icaza y la escritora y poeta Ana Güido. El matrimonio tiene un hijo, Joaquín, quien en su breve vida -falleció a los 26 años- fue un notable poeta y un economista en ciernes. A los 93 años, Ramón Xirau nos dejó de manera definitiva hace unos pocos días en la Ciudad de México.

En una entrevista de 1978, Xirau le comenta a Alejandro Toledo que, recién llegados a México, su padre le dijo “No quiero vivir entre paréntesis”, esto es que su exilio no sería uno de añoranzas infecundas ni de esperas y entretantos permanentes, sino que habrían de integrarse de manera inmediata y plena a su nuevo hogar. Al parecer Ramón Xirau tomó al pie de la letra tan imperioso consejo y por más de siete décadas se dedicó con considerable consistencia a enriquecer la vida cultural y universitaria no sólo de México, sino de todo el orbe iberoamericano.

Imposible hacer justicia en unos cuantos párrafos a una vida y obra tan rica y honda en sus logros como la de Xirau. Hombre de letras y reflexión en su más alto sentido, Xirau frecuentó la poesía, la filosofía, el ensayo, la crítica literaria, la traducción, la docencia universitaria y la edición. Y lo extraordinario no radica tanto en la amplitud de actividades, sino en la modestia, honradez y excelencia con las que desempeñó cada una de ellas.

Esta excelencia era posible no sólo como fruto del talento y dedicación con que Xirau emprendía cada una de sus múltiples tareas, sino también, creo, a que expresaba, para utilizar el concepto que Xirau, en su ensayo sobre Velázquez y Goya, retoma de Ortega, un “programa de vida”, esto es un programa vital guiado por un vocación que, sin eludir su circunstancia y el azar, se cumplirá en la búsqueda de la verdad, que en el caso de Xirau, equivalía a la búsqueda del Ser, es decir de Dios.

“Lo gravísimo de nuestra época es que todavía no pensamos”, escribió Heidegger. Xirau nos ayudó a aprender a pensar. Más allá de sí fuimos buenos o malos discípulos, ese fue la clave de su magisterio ya que, para no extraviarnos en el tránsito de búsqueda de la verdad, debemos confiar en la luz del pensamiento y la razón ética.

Por ello, el múltiple magisterio de Xirau nunca fue doctrinario o disciplinario. Fue, en cambio, un magisterio fundado en las virtudes del diálogo, en el valor y hondura de la palabra, en la necesidad de la duda razonable y la intuición moral y en la hospitalidad que nace de la empatía y el reconocimiento de la inteligencia y sensibilidad del interlocutor (o lector).

En este sentido la claridad de su prosa, la tersura de su tono, el rigor y precisión de sus argumentos, la firmeza de sus convicciones y la naturalidad de sus dudas e incertidumbres, la amplitud e integridad de su visión, e incluso su gusto por los matices que, con toda oportunidad y pertinencia, introduce una y otra vez, no son graciosos gestos de cordialidad hacia el lector (aunque también son eso) sino una forma -¿diríamos un estilo?- para mantener ese magisterio con base en un diálogo realmente abierto, honesto y provechoso.  


Escribo diálogo, pero creo que también conviene llamarlo conversación: al leer a Xirau ingresamos a una zona de intimidad que en realidad sólo es posible en la conversación, en la amistad que se da a partir de la franqueza, la cordialidad y el respeto.

De manera personal lo que más apreció de Xirau fue su continuo quehacer en el ámbito de la poesía, quehacer que cumplió espléndidamente como lector y crítico y, desde luego, como poeta.

Como crítico de poesía Xirau fue siempre un admirable y generoso lector. Puedo anotar que gracias a la lectura de sus libros de crítica puede empezar a leer poesía sin aprensiones, inhibiciones y, desde luego, sin presunciones absurdas.

De algún modo Xirau me ayudó a despejar de telarañas el espacio que había entre los libros de poesía y mi lectura. De manera especial recuerdo la alegría y cuan esclarecedor fue hacer mis primeras lecturas de Libertad de la palabra de Octavio Paz teniendo a la mano el libro de Xirau Octavio Paz: el sentido de la palabra, y posteriormente su ensayo “Octavio Paz y los caminos de la transparencia”. Algo similar puedo decir en cuanto a mi lectura de Borges, Lezama Lima, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Roberto Juarroz y Haroldo de Campos, por mencionar unos cuantos autores indispensables.

Si como crítico y estudioso de poesía, Xirau fue tan generoso como original y creativo, como poeta no lo fue menos.

Xirau deja Cataluña a los trece años, pero, en realidad, nunca la abandona. Un hecho fundamental: toda su poesía está escrita en catalán. No hay en ello una afirmación nacionalista o un culto irracional al origen, sino más bien el apego, lúcido y lúdico, a una lengua, es decir a una tradición lingüística y cultural que pone a disposición de Xirau las voces, sonidos, ritmos, tonos, cadencias, sutilezas y silencios que requiere para dar cuenta de su experiencia en el mundo.

La poesía de Xirau se ofrece como una luminosa celebración del misterio del mundo -en ello, creo ver cierta semejanza en la poesía de Jorge Guillén, pero también en cierto modo con la de Roger Munier y la de Edmond Jabés- en donde cada presencia ha de ser reconocida y nombrada en cuanto evidencia insustituible de un estar en el mundo que es, a la vez, singular y único y eminentemente sagrado.

Si leer los ensayos de Xirau es ser parte de una conversación íntima, leer su poesía es participar de una ceremonia donde se canta a la renovación diaria de ese misterio sagrado que es la vida. En “Espacios del Mar”, poema de Naturalezas vivas, escribe:

 

Lentamente la luz del día

el secreto de las olas

cantan

el pájaro del alba.

Dentro, dentro  del cuerpo

del mar, peces rojos

renacen en silencio

-alas el espacio del aire.

 

Miradas en las olas

          si

        son

sagrado espacios del mar.

 

Pero en los poemas de Xirau, además de acoger la contemplación y la serenidad, hay también lugar para la evocación de experiencias de vida dolorosas, hay lugar para la historia. Un buen ejemplo se encuentra en uno de sus últimos libros de poesía, “Lugares del tiempo”, donde hay una breve pero penetrante (“conocer mediante la imaginación es penetrar” escribe Xirau), sección donde un Xirau sexagenario vuelve la mirada al Xirau adolescente, el Ramón de los años de 1936-39.

Es una sección compuesta por cinco poemas breves donde se deja testimonio de que, para la mirada del adolescente, los años de la Guerra Civil son años en que “Descomienza la luz/ la vida descomineza”, años en que es “Mucha la muerte// “Mucha la noche. Poca la vida”, y donde la luz del pensamiento se torna árido y en el corazón palpita “el deseo de hacer la guerra/Ir a la guerra.

Conocer esa realidad donde la vida descomienza y hay poca vida es conocer la desesperación, la desesperanza, la desilusión: el rostro de la muerte y del mal. Pero también es conocer, por medio de esa misma experiencia vital, la fortaleza de espíritu y la luz de la razón, la resistencia de la esperanza: el rostro de la vida y del bien. Por ello, no hay en estos poemas una remembranza gobernada por el resentimiento o por una frívola nostalgia.

Lo que sí hay es el imperativo de iluminar y otorgar sentido a esta experiencia por medio de la palabra poética, esto es por una palabra que es conocimiento  ya que, como apunta el mismo Xirau: “el conocimiento poético es conocimiento corporal como espiritual.”

Este sentido y el conocimiento que surge de su develación por medio de la palabra poética, está, entonces, ligado al devenir de la historia entendida esta no sólo como la sucesión de acontecimientos, sino, sobre todo, como “un progreso constante al encuentro del espíritu, un movimiento en espiral hacia el gozo que no excluye la melancolía, la esperanza que no excluye la desesperanza, la fe que no excluye la duda.”

Hay, entonces, en la poesía de Xirau una unidad, ética y estética, donde coexiste la mirada contemplativa con la mirada reflexiva, una unidad donde coincide la historia que hacemos y deshacemos todos los días con el recorrido que se emprende en la búsqueda de la verdad y la trascendencia. Así, esta unidad, esta obra solo adquiere su sentido pleno gracias a su vínculo con la experiencia de lo sagrado. Es una obra que, además, se amplía, diversifica y cumple también en su fecundo magisterio filosófico, ensayístico y crítico.

Referencias. La noción de presencia, tan cara a su obra, Xirau la desarrolla en un libro temprano Sentido de la presencia (FCE, 1953). La entrevista de Toledo a Xirau, Ramón Xirau: ni el ruido ni el silencio, está disponible en http://www.nexos.com.mx/?p=33017. Joaquín Xirau publicó en 1976 su primer y único libro de poesía, Poemas (Joaquín Motriz) y ese mismo año el FCE publicó el ensayo que escribió con Miguel Díaz, “Nuestra dependencia fronteriza”. El ensayo de Xirau donde retoma el concepto de “programa de vida” de Ortega es Velázquez, Goya. Dos biografías, es parte del libro José Ortega y Gasset que Xirau publicó junto con Rossi, Salmerón y Villorio en el FCE en 1984 para conmemorar el centenario del filósofo español. Las citas de Xirau que aparecen en distintos párrafos provienen de El péndulo y la espiral que se publicó por vez primera en 1959, una segunda edición apareció en 1994 y de Poesía y conocimiento que Joaquín Motriz publicó en 1978. La cita de Heidegger proviene de la Primera Lección de los cursos que dictó en el invierno de 1951-52 y que fueron publicados en español en 1964 con el título ¿Qué significa pensar? por la Editorial de Buenos Aires con traducción de Haraldo Kahneman. Octavio Paz: el sentido de la palabra lo publicó Joaquín Motriz en 1970. Los ensayos de Xirau sobre Borges, Lezama Lima y de nuevo Paz están en Poesía y conocimiento y los de Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Roberto Juarroz y Haroldo de Campos en Poesía iberoamericana: doce ensayos que la SEP publicara en 1972. Naturalezas vivas fue publicado por Ediciones El Tucán de Virginia en 1997 con traducción de Rafael-José Díaz y Litoral del tiempo por Ediciones sin Nombre y la UNAM en 2002 en traducción de José María Espinasa.


Show Full Content
Previous Pide priista confiar y sumar alrededor del delegado del CEN
Next Precisiones y críticas en torno al derecho de réplica*
Close

NEXT STORY

Close

Se propone menos consumo de comida chatarra y más de garnacha

18/09/2020
Close