Las becas y su modelo insuficiente / Mar profundo - LJA Aguascalientes
28/01/2022

 

La semana pasada se dieron a conocer los seleccionados para participar en el  Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico Aguascalientes (Pecda) 2017. Como cada año desde que se entrega este estímulo, varios de nosotros estuvimos atentos a reconocer los nombres de los seleccionados, los proyectos, la distribución de recursos por disciplina, los nombres de los jueces y su procedencia. Finalmente, los estímulos que otorga el Pecda, así como en Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), sobre todo a través del programa de Jóvenes Creadores son convocatorias de nuestra entera atención. Y es que en un país donde el sector cultural no es un área prioritaria de los gobiernos, en donde los recursos son escasos, donde las políticas culturales no son claras, en donde no se favorece la generación de empleos en el sector, y donde además no se han establecido mecanismos concretos que favorezcan el derecho a la retribución económica del artista, estos estímulos se convierten en la única posibilidad para muchos de tener un ingreso económico que les permita desarrollar algún proyecto artístico de manera menos restringida. Por ello es del interés de muchos participar en estas convocatorias, pero beneficio de muy pocos recibir sus apoyos. 

Las becas, junto con los premios, son las formas más recurrentes de intervención pública indirecta del Estado hacia la cultura. Este tipo de intervención ha sido un tema que ha generado diferentes aristas en México. Para muchos, el Estado debe intervenir y garantizar el desarrollo cultural y artístico de los ciudadanos y ejercer de manera transparente y puntual el uso de los recursos públicos de forma tal que lleguen a los sectores más necesitados. Hay los otros para quienes los artistas deberían estar sujetos solo a las normas del mercado. Normalmente estos últimos son justo aquellos cuya “propuesta estética” es escasa y está diseñada para un mercado de élites o de masas, y poco o nulo interés tienen de entender las artes desde la perspectiva social.

Los artistas como creadores y transformadores de los valores simbólicos de nuestra sociedad son agentes indispensables para el desarrollo cultural y artístico, de ahí que el Estado debe buscar mecanismos para estimular y desarrollar su trabajo. Es justo a través de la promoción de becas la forma en que el Estado en México ha procurado desarrollar a los agentes creadores, pues si bien el gobierno no puede ser “creador” de los valores culturales, e intervenir de manera directa en la producción de los mismos, es justo a través de la intervención indirecta que por medio de becas y estímulos a la creación que ha sido partícipe de este fomento.

Es así que este tipo de intervención no está exenta de análisis y discusión, particularmente desde su programa más importante en el ámbito nacional como lo es el Fonca, y en el estado de Aguascalientes, el Pecda. 

Los Programas de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico surgieron a principios de los años 90 como parte de una política de descentralización impulsada por entonces Conaculta  “en respuesta a la demanda social por extender y ampliar las oportunidades para la creación de calidad y el desarrollo artístico en las entidades federativas, favoreciendo la asignación más equitativa de los recursos y la distribución más equilibrada de los apoyos, tanto en la perspectiva nacional como al interior de los propios estados, con pleno respeto a las características y necesidades del desarrollo cultural de las entidades”. Se estableció además que deberían estar en concordancia con los principios, objetivos y mecanismo del propio Fonca, y financiados con recursos tanto federales como por cada entidad federativa en beneficio del propio estado. 

Para Tomás Ejea Mendoza, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana y especialista en el ámbito de Políticas Culturales, el Fonca es “el instrumento explícitamente competente y especializado del gobierno federal para promover y fomentar la creación artística, también es una instancia de legitimación de la política cultural, y del sistema político en general, tanto al interior de los diversos campos artísticos como, por extensión, en la sociedad en su conjunto. Para ello, ha sido diseñado de tal manera que en la toma de decisiones actúen a la par dos mecanismos, los cuales han funcionado -y siguen haciéndolo- de manera eficaz a la hora de lograr el objetivo primordial de generar consensos y legitimidad”. Y es que desde su perspectiva, más que la modernización de la política cultural esta acción gubernamental puede ser denominada como liberalización la cual no puede considerarse como autoritario pero tampoco como democrático.  Y Tomás Ejea cita a Antonio Camou, añadiendo que “la liberalización aparece como una estrategia de supervivencia del régimen autoritario: abrir espacios de participación, de libre expresión o de extensión de derechos, para ‘descomprimir’ políticamente una situación crítica”

Y es que es sabido por todos que las políticas de descentralización de Gobierno Federal han sido medianamente efectivas. Las diferencias entre la capital del país y el resto de las entidades federativas son evidentes. Y, así como lo señala Tomás Ejea en La liberalización de la política cultural en México: el caso del fomento a la creación artística, a pesar de que son los artistas de las entidades federativas quienes más solicitan estímulos al Fonca, la mayor parte de los apoyos se quedan en la capital del país.

Además de ello la estructura de estos apoyos fue diseñada para ser legitimada por los pares de los mismos artistas. Dictaminadores que se vuelven filtros sujetos a sus gustos e interés.  Sabemos que, tanto para la selección del Fonca como del Pecda interviene un jurado el cual atiende a sus “intereses y concepciones propias que pueden favorecer a determinadas personas… [o] … formas de creación que según los jurados deben de privilegiarse”. Este mecanismo establecido de alguna manera libera la decisión directa del Estado y deroga en sus jueces la selección. Sin embargo, es obligación del mismo Estado garantizar que los jueces tengan el conocimiento y la capacidad acorde a cada una de las categorías que se establecen, aunque aún con ello tampoco es garantía de la objetividad de las decisiones. Así la designación queda en los términos de los “más merecedores” pero no sabemos sí son también los más necesitados. Si el objetivo de estos apoyos es extender y ampliar las oportunidades de creación no todos los que concursantes participan en igualdad de oportunidades. 

El problema también estriba en que aquellos que no cuentan con esta oportunidad tampoco encuentran otros canales de desarrollo, no hay retroalimentación ni se dota de las herramientas suficientes que permitan lograr estos accesos. Si a ello sumamos que cuando alguno lo recibe, pasarán quizá años en que vuelva a obtenerlo, y habrá también quienes jamás logren alcanzarlo, por lo que seguirán restringidos a los mecanismos limitantes del propio sistema. Sabemos también que por años era recurrente encontrar los mismos nombres como beneficiarios en las becas nacionales y estatales, muchas veces cuestionados por su cercanía al comité dictaminador, otros más quienes gracias a la constancia en los estímulos recibidos, podían trabajar de manera regular a tal grado que garantizaban un apoyo continuo volviéndose en algunos vividores del sistema.

Si el Estado ha sido insistente al liberalizar el mecanismo de designación, no puede ser omiso en atender las desigualdades de desarrollo y acceso que se manifiestan en las solicitudes no atendidas. Es urgente reconocer esta necesidad y generar nuevos canales de desarrollo y estímulo a la creación artística. Es evidente que el Pecda ya no es suficiente. De los 199 proyectos participantes, al final del proceso, solo han sido menos del 16% los que habrán de recibir el apoyo. Y entonces qué pasará con el resto. Más allá de la calidad de algunos proyectos o la pertinencia de otros, la realidad es que la demanda de apoyo sigue rebasando la capacidad de las instituciones. Y es que si recordamos que este modelo liberalizador buscaba abrir espacios de participación y descomprimir una situación crítica como ya se ha dicho, el bajo porcentaje de proyectos que serán atendidos expresa justo que la crisis es persistente.

A ello podríamos sumar que de los 31 proyectos seleccionados solo tres ellos corresponden a proyectos de índole teatral, mientras que ocho corresponden a artes visuales; esto también visibiliza inequidad incluso desde las disciplinas. Tanto la Universidad Autónoma de Aguascalientes como la Universidad de las Artes ofrecen programas de profesionalización en el campo de las artes y la cultura. Si ambas instituciones buscan atender la profesionalización del sector cultural y enfatizan en la pertinencia social de sus programas educativos, es evidente que los alumnos, profesores y egresados, requieren de cada vez mayores apoyos al igual que los artistas de formación informal o autodidacta del sector.


Es indiscutible que estos estímulos resultan insuficientes y los mecanismos que se han establecido para promover el desarrollo cultural en el país y en el estado requieren de nuevos cauces. Tan solo en muchas ocasiones llenar un formato de solicitud resulta todo un calvario para los mismos artistas. La política de liberación en la cultura no puede ser un recurso del Estado para legitimar, sino que debe plantearse otras vías de estímulo que generen y promuevan el desarrollo del artista a través de un acompañamiento comprometido. La soledad del artista no es un imaginario poético y mucho menos bohemio. El artista se enfrenta solo a muchas condiciones de carestía, de entrada de públicos, de lectores, de participantes, de espectadores; y a ello le sumamos la falta de ingresos constantes o de seguridad social, las becas o los premios no pueden ser paliativos.


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