Miméticos y desiguales / Mar profundo - LJA Aguascalientes
23/05/2022

La personalidad es una construcción social, eso lo han dicho distintos especialistas que abordan las conductas humanas. Ser como somos tiene que ver en dónde, con quiénes y de qué manera estamos. E incluso podemos hablar de más elementos que nos hacen ser quienes somos. Nuestras familias, en plural, así, dentro de toda la diversidad que puede existir, es el primer espacio desde donde nos construimos. Desde ahí nutrimos nuestras personalidades las cuales se refuerzan, cuestionan o resquebrajan en los distintos espacios sociales en donde convivimos. Ahí ponemos en el sartén aquello que nos constituye, y claro, en esos procesos sociales también se ponen en cuestionamiento nuestras creencias, valores y formas de vida que hemos alimentado y consolidado dentro de nuestras propias familias.

Ser quien somos es entonces de inicio una construcción que se establece desde la familia, cuando hacemos familia, y que inicia primeramente desde la imitación. El habla comienza justo desde este proceso, entonces imitar es necesario para el desarrollo del individuo. Sin embargo, la imitación o mimesis la realizamos de manera inconsciente como parte de un proceso de aceptación o de defensa, pues nos imitamos unos a otros en función del deseo, pues queremos ser queridos por nuestros padres, hermanos, amigos y hasta conocidos. Imitamos en defensa como una forma de protección, nos fusionamos con otros para pasar inadvertidos, estar en el anonimato como un mecanismo de autoprotección.

Imitar entonces en parte de una condición humana que realizamos desde casa y que seguimos haciéndolo en el ámbito social. En la familia es difícil no imitar, porque estamos condicionados a hacerlo, es más, estamos motivados a hacerlo desde niños, pero eso luego se vuelve un problema cuando de adultos reconocemos aquello que es parte de nosotros pero que rechaza lo que vamos enriqueciendo en nosotros desde distintos espacios. Es ahí donde, en el crecimiento de ser individuos únicos e indisolubles, descubrimos  que no, que en realidad somos tan similares y estamos tan mimetizados a nuestro entorno que es difícil de adultos reconocer y aceptar lo que tenemos los unos de los otros.

Todos los seres humanos poseemos la capacidad de ser semejantes a los otros, pero también tenemos la capacidad de ser individuales. Respetar, fomentar y apreciar las características individuales de todos será un primer inicio para fomentar nuevos espacios de nuestros aprecios. Es difícil reconocer lo tan similares que podemos ser de nuestros padres y madres, que pareciera que incluso la realidad rebasa a los defensores de la genética. Ninguna teoría es suficiente para la realidad.

En el proceso de autoconocimiento es importante identificar y reconocer lo que es nuestro sin serlo. Es difícil. Estamos tan mimetizados en el inconsciente que sacar a la luz de nosotros mismos aquello que es de nosotros sin serlo, implica un gran trabajo de voluntad que algunas veces no podemos hacerlos solos. Por eso, apoyar las reconstrucciones de nuestras personalidades y las de los otros es fundamental para una primera aceptación de lo diferente. Aprendamos dialogar con el que es distinto a nosotros, permitámonos aprender lo que también es distinto en nosotros. Seguro más de una vez nos llevaremos una grata sorpresa, pero eso no lo sabremos hasta que permitamos al otro que también enriquezca nuestras vidas.

 


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