Opinión

Di no al chayote / Lógica ciudadana

Los avances en las tecnologías de la información de las últimas décadas han derivado en la democratización de la información, tanto de su producción como de su consumo. Sin duda, de continuar esta tendencia es posible que en los siguientes años los medios de comunicación impresos desaparezcan por no ser incosteable su manufactura y sea los medios electrónicos los que marquen la pauta informativa.

Ahora cualquier persona que tenga un teléfono inteligente puede reportar cualquier situación con la que se encuentre y en donde se encuentre, como ha sucedido en la denuncia ciudadana de abusos por parte de autoridades, o el señalamiento de ciudadanos que actúan en contra de la misma sociedad, muestra de ellos son las ladies o lords que aparecen en las redes sociales; sin embargo lo anterior dista mucho de que el material producido sea periodístico y más bien sean consumidos por el morbo que despiertan.

No debe confundirse lo anterior con la labor profesional que realizan los reporteros, fotógrafos, camarógrafos, productores y presentadores de noticias. Ya sea ejerciendo la profesión o el oficio, su actividad va más allá de relatar una situación cotidiana o extraordinaria, ya que deben de hacerlo con el mayor compromiso de informar a la sociedad. Deben de reportear lo que sucede como un hecho noticioso apegado al hecho por sí mismo y no con filias o fobias en su relato, sin embargo, debe de imprimirse sutilmente en la nota el estilo personal y el acuerdo o desacuerdo con el hecho en forma de denuncia.

Es necesario que el avance tecnológico sea acompañado de nuevas formas de presentar las noticias desde las agencias de información con estrategias dinámicas que permitan atraer la atención del público y que el interés los lleve a enterarse de los contenidos y no solo de los encabezados.

Esta evolución de la manera de comunicar debe ser vista, como lo ha hecho la mercadotecnia política, también desde la administración pública. La información gubernamental es una obligación legal de los gobiernos, que no debe confundirse con la promoción de la imagen personal de los funcionarios. Los presupuestos destinados a la difusión del actuar del gobierno deben ser otorgados de manera transparente y equitativa; lo que no debe significar que los medios deban ver limitada su actividad periodística, ya sea de investigación o de denuncia.

La práctica de la elaboración de boletines debe ser modificada a fin de que el público se interese por conocer el quehacer público en un ejercicio democrático de rendición de cuentas, junto con ello los encargados de las áreas de comunicación institucional deben ser facilitadores para el trabajo de los reporteros y no filtros que la entorpezcan y blinden funcionarios. Estos recursos no deben ser dádivas y no deben ser vistos como inversiones que beneficien a la imagen de los políticos y menos ser moneda de cambio para que eso suceda.

El reto está latente y si todos los involucrados en la generación de noticias no se adaptan, el tiempo se encargará de hacerlo, pues las condiciones sociales ya lo hacen.

 

@aguileralespron

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Fernando Aguilera Lespron

Fernando Aguilera Lespron

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