Politizar / No tiene la menor importancia - LJA Aguascalientes
27/02/2024

“Hoy es un día para consolar a los sobrevivientes y llorar a los que perdimos, nuestros pensamientos y oraciones están por supuesto con todos ellos; hay un tiempo y lugar para el debate político, pero ahora es el momento de unirnos como país. Actualmente existe una investigación abierta y en curso; y aún falta precisar los motivos. Sería prematuro discutir de política sin conocer completamente los hechos de lo que ocurrió ayer por la noche.” Dijo, más o menos, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, horas después de que Stephen Paddock asesinara a 59 personas e hiriera a más de quinientas.

Esta respuesta provocó críticas de manera casi inmediata por parte de los medios de comunicación y de una buena parte de la opinión pública estadounidense. Por supuesto, el debate político postergado en el mensaje es el derecho a la posesión de armas. Periódicos, noticiarios televisivos y programas de sátira arremetieron en contra de la estrategia de deflexión del presidente Trump. La peor masacre de la historia sucede a la peor masacre de la historia -Blacksburg, Orlando, Las Vegas, etc.- y al parecer nunca hay tiempo para evaluar el papel que el comercio indiscriminado de armas desempeña en el asunto.

Cuando el evento recién ha sucedido, es tiempo de silencio, introspección o lamento. Politizar el asunto resulta desconsiderado, insensible, de mal gusto. Pasado el shock, el tema es la claridad, los detalles, saber cómo pasó todo, cuántas armas se utilizaron, los calibres, el nombre de los hijos, los hermanos o la pareja del asesino. Se desmenuzan fotografías, se obtienen opiniones de los vecinos, del de la tienda, de su profesora de primaria. Y cuando se calman las aguas, cuando la cabeza está fría; pues se calmaron las aguas y la cabeza está fría. Después, otra atrocidad ocurrirá, tan terrible, tan impactante que no se podrá hablar de ella, no podrá ser politizada. Habrá que esperar, de nuevo.

Tan sólo en un año. La explosión en Tultepec. Gasolinazo. Tiroteo en colegio de Monterrey. Fosa clandestina en Veracruz -con 190 más fallecidos que la masacre de Las Vegas-. Arrestan a Yarrington. Arrestan a Duarte. Dos terremotos. Cada asunto ocupó las portadas, y cada asunto arrastraba tras de sí una considerable cantidad de temas politizables, discutibles. Había que hacer objeto de la política el manejo, almacenamiento y comercialización de explosivos; y la responsabilidad de la autoridad, y la de los coheteros. Había que obligar, de una vez por todas, a los gobernantes a enfrentar sus mentiras y responder por sus promesas incumplidas; mientras recordábamos el número de tomas clandestinas de combustible, y cuánto cuestan. Debíamos analizar el comercio de armas en nuestro país, su presencia en nuestras escuelas, en nuestras familias; podíamos haber tomado decisiones en materia de salud mental, haber discutido la negligencia paterna (pasando por el ritalín). Debíamos planear cómo impedir, de verdad, que una nueva fosa, más grande, más dolorosa, aparezca. Habría sido deseable dar seguimiento a Yarrington, y a todos sus conocidos y contactos; o mientras hablábamos de Duarte, por qué no hablamos de una vez de Sonora y Michoacán y Guerrero y Zacatecas.

Recién ocurrieron dos terremotos. Y debemos dolernos, admirarnos, entristecernos y enorgullecernos; y debemos politizarlos, necesitamos hablar de ellos, y de sus consecuencias, de lo que no se hizo desde 1985, de lo que no hicieron los gobiernos anteriores, de lo que no hizo el actual; de lo que no planea hacer ninguno. Ahora es el momento de politizar los actos violentos, las matanzas, la corrupción. Lo indeseable no es politizar, lo indeseable es que quienes politicen sean sólo los políticos.


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