13/07/2020


  • Binomio canino independiente permitió el rescate de cuatro cuerpos y una persona viva
  • Roberto García y Alvin participaron en las labores de rescate en la Ciudad de México, en colaboración con la Marina y el Ejército

 

Alvin es un perro labrador que Roberto García Herrera rescató de la calle, con él, viajó a la Ciudad de México y participaron en las labores de rescate en la Ciudad de México tras el sismo del 19 de septiembre, este binomio auxilió en el rescate de cuatro cuerpos y una persona viva.

Roberto García Herrera y Alvin, binomio que pertenece a la Unidad Canina de la delegación Cruz Roja Aguascalientes, viajó por su cuenta a la Ciudad de México, “Investigamos si iban a ocupar la Unidad Canina por parte de la Cruz Roja, pero nos indicaron que de la sede nacional no habían solicitado aún el apoyo, que estuviéramos pendientes en caso de que así fuera. A mí se me hizo mucho, llevábamos un par de días, y tomé la determinación de irme por mi cuenta, sin banderas, sin colores, como si fuera yo externó. Dio muchos buenos resultados”.

El rescatista narró que viajó con el apoyo de una empresa de autobuses, a su llegada, era tanta la unidad entre las personas que logró trasladarse gratis hasta la “zona cero”, en el centro de la ciudad, donde inmediatamente contactaron con el encargado de las unidades de atención.

A dos cuadras de donde hicieron su arribo, tuvieron su primera intervención, en donde Alvin marcó en dos ocasiones; pero no lograron saber si se trataban de personas vivas o fallecidas. Un binomio del Ejército Mexicano confirmó lo que el perro había marcado, lo que les permitió continuar con el trabajo. En medio de las labores, comentó que llegó la noticia de que en la calle Álvaro Obregón se ocupaban también perros, donde estaba concentrada gran parte de la emergencia, por lo que se le solicitó su colaboración y a las 3:00 horas los llamaron para trabajar en la parte superior de la plancha del derrumbe de un edificio, ahí dieron dos marcajes positivos, confirmados por otro binomio independiente.

Al día siguiente, fueron llamados a colaborar por parte de la Asociación Canófila Mexicana en la colonia Del Valle, calle Juan Mancera; ahí un comandante de la Secretaría de la Defensa Nacional, al saber que el Alvin es autónomo, es decir, que se maneja sin correa, pidió que entrara a un edificio; Alvin bajo hasta el estacionamiento, por lo que Roberto García fue inmediatamente tras él a una distancia pertinente para su cuidado.  El perro entró a una especie de túnel y el entrenador tras él para apoyarlo e ir retirando los escombros. Alvin llegó hasta un auto y comenzó a ladrar y arañarlo con desesperación, al llegar el rescatista golpea la lámina del auto… y recibe respuesta: “La persona me escuchaba, pero yo no a ella, le digo que si me escucha diera un golpe más y me contesta con otro golpe. Comienzo a hacerle las preguntas de rutina, que, si estaba bien que diera un golpe, si estaba mal que diera dos, o un Sí, un golpe y un No, dos. Cuando le pregunté si estaba bien, me contesto que no; le pregunté si estaba solo y me dijo que no; posteriormente le pregunté que la persona con la que estaba se encontraba bien y me dio dos golpes… para eso ya habían pasado casi cuatro días en la que esas personas estuvieron dentro de un coche, sepultadas bajo los escombros… La otra persona estaba fallecida”.

Roberto García notificó el hallazgo de Alvin, aunque no pudo quedarse a saber el término de la historia de este rescate, cómo estaba la persona que encontraron, pues eran muchas toneladas de escombro que debían ser retiradas, trabajo especial para el Ejército y la Marina, y solicitaron sus servicios con rapidez en otro punto. Hasta ese momento, el binomio llevaba en su marcaje cuatro cuerpos rescatados y una persona viva.

A las 7:00 de la mañana llegaron a la colonia Álvaro Obregón para que el servicio médico veterinario revisara a Alvin, pues momentos antes había comenzado a cojear. El dictamen médico fue que pisó fibra de vidrio, posiblemente del coche que arañó y donde encontró a la persona viva, por lo que el entrenador toma de decisión de ya no ingresar al perro al trabajo de rescate.

En esos momentos de descanso es donde Roberto García conoce a un grupo de rescatistas que, como él, llegaron de forma independiente a apoyar en la catástrofe; le pidieron unirse a ellos, sin Alvin, así que se integró a las labores de rescate con ese equipo de trabajo. El vínculo amistoso y de solidaridad en medio de la tragedia fue de inmediato muy fuerte, además de haber sido incorporados por dos días por la Marina, como parte de los marinos voluntarios.

El binomio tuvo que regresar a Aguascalientes, con Alvin en recuperación, por las lastimaduras en sus patitas. Roberto García explicó que en los días que permanecieron en la Ciudad de México, las botas para proteger las patas de los perros rescatistas abundaron, era una de las peticiones en redes sociales más populares por su importancia, por lo que la gente enviaba pares en gran número, pero Alvin no estaba acostumbrado y se distraía muy fácil, así que decidieron que ingresara a las construcciones en derrumbe sin ellas.

Así como las botas, el rescatista aseguró que el apoyo llegó “por montones”, la comida, el agua, energéticos; todo llegaba y se distribuía. “La gente fue muy solidaria con nosotros e intentamos responder de esa forma, siendo solidarios y apoyando”.

En el autobús de regreso, el chofer del autobús hizo mención a los viajeros que dentro iban dos héroes rescatistas, lo cual emocionó al entrenador: “Nosotros no queremos que nos reconozcan, queremos que la gente esté bien, yo iba a ensuciarme el uniforme, mi perro también. Persona que no se ensució el uniforme no trabajó, porque igual que había gente rompiéndose el alma moviendo escombros, había quienes nomás fueron a ver y a turistear”.

Ya en su casa y al retomar su vida habitual, aún tiene la sensación de que algo se va a caer y causará daño a alguien, esto como consecuencia de la presión a la que estuvo sometido por ocho días en la “zona cero” de la Ciudad de México, donde sus reflejos hicieron la diferencia de ayudar a otros y proteger su integridad física a un mismo tiempo: “Si yo le dijera lo que se siente, es un horror a muerte en el ambiente, se siente la muerte, se siente el dolor de las personas, es algo muy difícil. Había gente que no estaba preparada para ello, vi a mucha gente llorando -de los rescatistas- era muy devastador: era un campo de guerra, donde el tiempo nos apremiaba, el tiempo era valiosísimo para nosotros, entre más tiempo pasaba, menos posibilidades de vida… todavía hoy hay esperanzas de que haya más gente con vida, todavía hay esperanzas, no se puede aflojar el paso”.

Expertos han declarado que después de haber vivido o estar en contacto con los desastres, se experimenta miedo, ansiedad, angustia, estrés e incluso tristeza. Desde el punto de vista neuroquímico, se libera oxitocina, una hormona que en un proceso en el que también intervienen las neuronas llamadas espejo que contribuyen a que entendamos el dolor de otras personas, a tranquilizarnos y hacer que los otros se sientan comprendidos.

–¿Regresaron el mismo Roberto y el mismo Alvin luego de esta experiencia?

–Para nada, no regresamos los mismos, ahora valoramos más la vida.

 

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Claudia Rodríguez Loera
Claudia Rodríguez Loera

Reportera en La Jornada Aguascalientes.

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