Elección a cuartos / Memoria de espejos rotos - LJA Aguascalientes
20/01/2022

 

And if epiphany’s terror reduced you to shame

Have your head bobbed and weaved

Choose a side to be on

The Black Angel’s Death Song – The Velvet Underground

 

La forma en la que se acomodan las alianzas y candidaturas para el proyecto de país que se elegirá en 2018 (prioritariamente a partir de la elección del Ejecutivo, pero desde ahí -en cascada- los demás escaños legislativos y los cargos locales en contienda) están ya definidos, con muy poco margen de variabilidad. El escenario al que nos enfrentamos es el siguiente: Alianza PRI-Panal-PVEM, que cunde en lo probable, con José Antonio Meade a la cabeza; Alianza PAN-PRD-MC, con Ricardo Anaya en la candidatura a la presidencia de la República; el movimiento de Morenamlo, al que se suman PES y PT. El resto de las posibilidades se fragua entre uno o dos independientes que alcancen el requisito para estar en la boleta, y el amplísimo marasmo de indecisos. Prácticamente, será una elección de cuartos distribuidos -de acuerdo a distintos sondeos y estudios de opinión e intención de voto- más o menos así:

Las tres alianzas principales se distribuyen -cada una- un aproximado del 25% de las intenciones de voto, con una variación de entre 5 a 7 por ciento de las preferencias, hacia más o hacia menos, con una regularidad en los resultados que permite graduar las preferencias como sigue. En primer lugar, Morena-PES-PT; en segundo, PAN-PRD-MC; y en tercero, la posible tríada PRI-Panal-PVEM. De esta división a cuartos, el último 25% se va casi íntegro a los indecisos. De estos números podemos extraer valiosas lecciones, si tenemos la apertura a entenderlas.

Primero: sobre los métodos de selección de candidatos. En ninguna de las tres grandes alianzas se distinguió la democracia como forma de selección de perfiles. El caso del movimiento Morenamlo es peculiar; tras décadas en campaña, con un manejo de imagen cuasi mesiánico y omnímodo, hiper personalista, centrado en la figura redentora de Andrés Manuel, cualquier mecanismo de selección es un chiste. Para el Frente PAN-PRD-MC las cosas no van a mejor: finalmente parece se impuso Ricardo Anaya, pese a todo, pese a las propuestas de sus pares, pese a la división interna que causó en el PAN, pese a las investigaciones y el desprestigio por motivos de enriquecimiento cuestionable que pesan en su contra. Y de la probable alianza PRI-Panal-PVEM pues, es el modo de operar en el PRI, sus “rituales” históricos de antidemocracia y exacerbación del poder autocrático del líder unipersonal del partido funcionaron como maquinaria suiza; a este tren andando se sumarán las fuerzas políticas restantes, si cuestionar la postulación de Meade, y a cambio recogerán algún mendrugo en el reparto de escaños.

Segundo: sobre la integración de las alianzas. En el caso del Frente, mucho se ha escrito ya, sobre si la izquierda y la derecha, que si el agua y el aceite; sin embargo esta mezcla ya tiene pruebas de co-gobierno, con resultados no tan deplorables. Respecto a Morena-PES-PT ¿qué decir? Es una alianza congruente: al tren de AMLO se suben chapulines, y agendas descaradamente conservadoras; es decir, en armonía con Morena. EN el caso del PRI-Panal-PVEM, no sorprendería que esta alianza efectivamente se registrara; han contendido ya antes juntos y el PRI ha sabido pagar los servicios mercenarios de ambos partidos en pretéritos procesos electorales; lo que sí sorprende es que el PRI no haya aprendido la lección de lo caro que ha salido contratar a esos vende humos.

Tercero: el desprestigio abarca a las tres alianzas, la incredulidad y el hartazgo no son monopolio de ningún color. Sin embargo esto no ha cundido lo suficiente como para dar esperanzas fundadas al o los candidatos independientes que puedan colarse a la boleta. Esto produce un efecto interesante: el fiel de la balanza está en manos del último cuarto del electorado: el de los indecisos. De facto, no son como tal “indecisos”; sino que las encuestas y estudios no han depurado una metodología que arroje luz sobre esa tenebra. Como gato de Scrödinger, la elección está y no está dada; sólo que no lo sabemos.

En estos términos, y si las tendencias continúan, la elección es para AMLO. Lo que pudiese dinamitar esta hipótesis sería un conjunto de factores: que el PRI no pierda unidad, que Anaya no sea bombardeado hasta fulminarlo, que los independientes capitalicen más preferencias en detrimento de Morena, y -sobre todo- que el propio Andrés Manuel sea -como ha sido- su principal enemigo. Sólo así podremos ver una final electoral cerrada. Sin estos factores, o el cumplimiento inverso de éstos, podremos comenzar a ver hacia el primer trimestre de 2018 que tanto los mercados como las élites comiencen a enviar mensajes de conciliación con el movimiento Morenamlo. De no ser así, no se descarta que se repita la campaña sucia de “un peligro para México”, en aras de fortalecer la posición o del Frente, o del PRI y sus mercenarios electoreros. Por eso hay que estar atentos a los mensajes de las élites económicas. Ahí, donde reside el poder de facto en la política, es en donde nos daremos cuenta si seguimos en preferencias partidas en cuartos; o si el último cuarto se “decide” y decanta hacia uno (Morena) u otro (el Frente), porque difícilmente el PRI podrá recuperar a esos indecisos; o si, de plano, se entrega el ejecutivo al movimiento de López Obrador. La moneda está en el aire, y -aunque el cuarto de “indecisos” tendrá el poder del gran elector, la opacidad en esta decisión tiene a la clase política en vilo, y a nosotros también.


 

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