Salma, su monstruo y los nuestros / Tres guineas – LJA Aguascalientes
16/09/2020


 

Por todas las redes sociales he visto el texto de Salma Hayek, en el cual revela el acoso y maltrato que vivió en manos del que llama su monstruo, Harvey Weinstein. También siguen circulando las denuncias y declaraciones de otras muchas mujeres contra este mismo personaje y contra otros que han sido señalados y con ello la indignación, el apoyo y los comentarios de toda clase entre las personas que conocen la historia.



Festejo que Salma Hayek decidiera compartir su versión de lo vivido con Weinstein. Lo resalto por dos cosas: primero, porque es necesaria la acumulación de señalamientos para que este tema crezca más, sea fructífero y salga de Hollywood, ya no hay “casos aislados” en esto, sigue la suma de las denuncias contra hombres poderosos que en el ámbito laboral y personal han humillado, acosado, violado y destruido carreras solo por eso, porque pueden hacerlo. Segundo, porque así como es increíble cómo se desarrollaron todas estas denuncias y la bola de nieve que provocaron, así también, después de meses de seguir con el tema, es increíble para mí que Salma Hayek dijera que no había querido hablar antes porque consideró, entre otras cosas, que su voz no era importante después del caudal de personalidades que la antecedieron con sus experiencias. Salma no tendrá un Oscar en su repisa ni películas galardonadas pero tiene un nombre y su trabajo la ha llevado a colocarse en un lugar de privilegio, segura y atendida por los medios, así que si ella considera que su voz no es importante como la de otras artistas y por eso guardó silencio, ¿qué nos deja a nosotras, las mujeres de a pie?

Porque con esto habríamos de preguntarnos en cuáles otras circunstancias las mujeres guardamos silencio. Privilegiadas o no, quedarnos calladas es de una continuidad aplastante en nosotras ante un discurso social que nos ha inhibido toda la vida, seguimos cerrando la boca por muchas cuestiones, el miedo sigue siendo parte fundamental de esto. Pero no solo miedo a nuestros verdugos o monstruos. Ellos harían que con palabras hirientes, golpes y amenazas nuestros labios fueran una tumba sellada que no revela el origen de los moretones en la piel y en el alma. A estos hay que sumarle el monstruo que vive dentro de cada una de nosotras. El que nos acompaña desde niñas y nos atemoriza al pensar que nada de lo que tenemos que decir es valioso, el que nos susurra que nuestra opinión no vale la pena y es una estupidez lo que estamos a punto de decir. El que nos vuelve inseguras. El que durmió en nuestra misma cama para mirarnos a los ojos mientras nos repetía mil veces que no valemos la pena, que nos callemos, que pasemos inadvertidas, que ya vendrán otros que lo harán mejor que nosotros. El que nos obliga a silenciarnos hasta que los hombres terminen lo que tienen que decir. El maldito monstruo que nos grita que nadie va a creernos nada. Y como todos los miedos, este engendro se alimenta de sí mismo y se va deformando hasta volverse una Hidra de Lerna con más variantes que forma: Nos hace abandonar nuestras opiniones y validar la de otros. Nos lastima, nos atasca, nos frustra no saber qué decir ni cómo ni cuándo. Nos hace perder la razón. La histeria por nuestro temor al silencio nos hace abrir rápido la boca sin pensar, las ideas y diálogos se pierden en un mar de trastabilleos y de inmediato nos damos cuenta que creció otra cabeza en la Hidra, la vergüenza por decir y decir mal. ¿Dónde perdimos aquél otro silencio sereno que nos impulsa a decir todo lo que necesitamos, seguras de nosotras mismas? ¿O acaso nunca lo tuvimos? No busquemos culpables ahora, ya sabemos quiénes son, ¿qué hacemos para vencer a ese Leviatán y alzar la voz?

*

Entonces, si atiendo aquella consideración de que Salma y las otras mujeres de Hollywood son famosas y con esto, valientes reveladoras de estas atrocidades, me pregunto en qué ha beneficiado en la cotidianidad de las mujeres que están fuera de la farándula y de redes sociales todas estas declaraciones y señalamientos. Este “escándalo”, como lo han querido llamar antes que decirlo como es, la revelación de una costra en la epidemia mundial que nos aqueja, que no tiene reflectores en todos lados, cómo beneficia a las niñas, niños y mujeres que ni siquiera conocen el tema, y sobre todo, qué hacemos con esta información quienes sí sabemos de esto.

Desde julio, el Congreso de Aguascalientes aprobó tipificar como falta administrativa el acoso callejero, cosa que no se ha llevado a cabo, pero que una vez en función, de comprobarse el acoso, el monstruo cumplirá un arresto de hasta por treinta y seis horas, el pago de una multa económica y deberá acreditar su asistencia a cursos de concientización sobre este tipo de conductas que deberán impartir las instancias municipales. Ni las policías saben aún cómo proceder en esto y ya quiero saber yo qué tipo, el tono, el punto y la resolución de curso de concientización impartirán las instancias. Pero esto, todo esto se vuelve inservible hasta que las personas que sufren el acoso denuncien, no se callen. Aquí no hay ninguna Era Post-Harvey. Hasta acá no ha aterrizado la valentía ni la visibilización de todas esas mujeres. En este lugar todavía estamos condicionados para sentirnos como Salma, sin una voz que importe ante las otras que consideramos de autoridad. Las mismas instituciones nos ayudan a reforzar el silencio en la lucha por nuestros derechos cuando han cristalizado y perpetuado su ineficiencia. En vez de estimular la toma de decisiones de las personas, el gobierno siempre fomentará el paternalismo, y peor aún, uno represor donde los valores morales, los sueños, las protestas y hasta el silencio son determinados por él. Así que sin la facultad para cambiar los procesos históricos y sociales, no nos queda de otra más que rascarnos con nuestras uñas, los que sí sabemos de Salma y su monstruo, alejar a los propios y colectivos, propagadores que con puro temor marchitan nuestras palabras. Tendremos que contagiar una obstinada seguridad otras, pero primero atendiendo la nuestra, que el miedo no bloquee nuestra creatividad ni nos obligue a guardar silencio, si creyéramos en nosotras podríamos hacer y decir todo, sin condescendencias y de forma inteligente, dejaríamos de sentirnos inseguras, dejaríamos de buscar otro motor que nos impulse, porque tenemos el nuestro. Y cuando lo logremos, contagiemos para ser libres, sin ningún monstruo.


Coda: ¿Qué patrón histórico hizo que de todas las mujeres de Aguascalientes capacitadas, brillantes, idóneas y con los requisitos necesarios, solo una de ellas quisiera postularse como candidata a ombudsman? ¿Por qué las otras guardaron silencio? ¿Por qué las demás no las impulsamos? Tantas veces repetimos que el silencio no nos protege, ¿entonces?, ¿por qué estamos tan calladas?

@negramagallanes

 

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Tania Magallanes
Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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