Vamos a prepararnos para… lo que viene / Rompecabezas urbano - LJA Aguascalientes
29/09/2022

 

A lo largo de nuestra vida nos preparamos para acontecimientos de todo tipo: civiles, religiosos, académicos, sociales, etcétera. Días como éstos, en que iniciamos un año, también representan momentos importantes para la preparación.

En esta ocasión les propongo que la reflexión sea a largo plazo y nos preguntemos ¿cómo prepararnos para habitar las ciudades del futuro?

Se calcula que actualmente la población que vive en ciudades es cercana al 54% de la población mundial y que para el 2050 será del 66%; es decir, tendremos 2400 millones más de habitantes urbanos. En este escenario es probable que el uso de recursos materiales a nivel mundial se duplique, por lo que la adopción de estrategias de eficiencia propuestas por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre las cuales se plantea una reducción del 26% del uso de recursos naturales para ese mismo año, se antoja imposible.

Según el Panel Internacional de Recursos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente -un panel científico cuyo objetivo es ayudar a las naciones a utilizar los recursos naturales de manera sustentable- prepararnos para las ciudades del 2050 implica diseñar ciudades para las personas que permitan el acceso a oportunidades urbanas para todos, invertir en servicios e infraestructuras que sean eficientes y sustentables, y permitir que las ciudades experimenten y aprendan unas de otras.  En suma, en el reporte denominado El peso de las ciudades, dicho Panel propone reestructurar la morfología urbana con miras a que las ciudades sean más inclusivas, eficientes y sustentables.

Considero que prepararnos para vivir en las ciudades del futuro implica también pensar a la ciudad como un organismo vivo; es decir, un ente que crece, se desarrolla y muere.  Esta visión, nos recuerda que la existencia de la ciudad se fundamenta en un ‘metabolismo urbano’ que toma forma en múltiples procesos de intercambio, la mayoría de las veces desventajosos, entre la ciudad y sus alrededores (lejanos o cercanos).

Para su crecimiento y funcionamiento, a la ciudad llegan flujos de recursos de ecosistemas naturales, de sistemas productivos agrícolas e industriales. En ella, estos recursos experimentan procesos de uso, de consumo o de manufactura. Inevitablemente la mayor parte de estos recursos generarán emisiones y desechos, y configurarán otro tipo de flujos que van fuera de la ciudad.

En un principio la sobrevivencia de los primeros asentamientos humanos dependía de su propia capacidad para extraer comida y recursos. Posteriormente con la Revolución Industrial y el surgimiento de las primeras ciudades, las urbes requirieron mayores cantidades de bienes y servicios y se fueron explotando territorios cada vez más lejanos para su abastecimiento.

El fenómeno es conocido por todos: cada vez hay más ciudades y éstas son más grandes, progresivamente la explotación de los sistemas naturales y la contaminación de los mismos también son mayores. La escasez de agua apta para el consumo humano, la mala calidad del aire que respiramos la mayor parte del año, el incremento en la generación de basura, entre otro, son sólo botones de muestra de nuestra cotidianidad urbana.


Bajo la idea del metabolismo urbano, la cantidad de recursos naturales usada está estrechamente vinculada con la cantidad de residuos y emisiones que se generan por dicho uso, por lo tanto, el control efectivo de la contaminación debería enfocarse en un proceso circular: atender la extracción de materias primas para disminuir los desechos y las emisiones. Visto de este modo, los habitantes urbanos tenemos mucho por hacer.

Si sabemos que el mayor consumo de recursos toma lugar en las ciudades y la manera en que éstas se diseñan determina la forma en que sus habitantes se transportan, utilizan el agua y la energía y disponen sus desechos, el desafío es construir ciudades equilibradas, como el Panel sugiere, pero también enfocarnos en la disminución del uso de recursos y del impacto ambiental que la ciudad genera.

Si queremos asegurar la permanencia de nuestras ciudades, debemos comenzar por entenderlas como una realidad compleja, tanto por los flujos de recursos que necesitamos las sociedades que las habitamos, como por la manera en que dichos flujos son regresados a la naturaleza. Y reconocer en este organismo extraordinario que conformamos, un elemento indispensable para la sustentabilidad del futuro.

Entender las ciudades y su dinámica, a nosotros dentro de ella, nos compromete como habitantes urbanos a prepararnos para las ciudades del futuro. A reflexionar sobre los balances que requerimos y a recuperar los equilibrios perdidos.

Que este año que estamos comenzando sea la oportunidad de lograrlo.

Iniciemos la transformación desde lo más simple: haciéndonos responsables de nuestros hábitos de consumo, del impacto de nuestras acciones y decisiones diarias en nuestro entorno. Un buen inicio para prepararnos para las ciudades del futuro es evitar el desperdicio del agua y de la energía eléctrica; hacer de nuestra movilidad una actividad sustentable a través de caminatas, del uso de la bicicleta y del transporte público o al compartir nuestro vehículo; y a disminuir la cantidad de residuos que generamos, por ejemplo, evitando la compra de productos de un solo uso (como los desechables, las bolsas de plástico, los popotes).

Estimados lectores, en estos días poco más de siete mil millones de seres humanos nos hemos planteado nuevos propósitos, en este año nuevo queremos hacer realidad nuestros anhelos más profundos. Ojalá que en este 2018 alguno de éstos sea en favor de nuestras ciudades y del planeta.

 


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