Opinión

De la importancia de estudiar un idioma y su cultura para abrirse al mundo

 

El día del primer informe de actividades del actual rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Martín Orozco Sandoval, gobernador de la entidad, “señaló que su gobierno promueve una educación con valores humanistas, cimentada en el aprendizaje de idiomas” (véase en La Jornada Aguascalientes del 12 de enero pasado). Fue muy sorpresiva su declaración ya que habló de idiomas en plural mientras la tendencia nacional (la SEP anunció hace unos meses el programa “México primer país bilingüe de América Latina”) y regional se ha limitado en los últimos años a fomentar el aprendizaje del idioma inglés, desafortunadamente de manera deficiente por múltiples razones.

Listar las extensas ventajas de aprender un idioma extranjero no debería de ser necesario en el 2018 pero un pequeño recordatorio puede despertar la conciencia de algunos monolingües aguerridos. Sabemos que aprender un idioma extranjero puede abrir puertas en un mercado laboral deprimente. En las empresas francesas, alemanas o japonesas radicadas en Aguascalientes, será siempre bienvenido. Permite igualmente tener oportunidades para participar en intercambios académicos en el extranjero que ofrecen una perspectiva mucho más amplia al estudiante de regreso a su país de origen. Puede enriquecer una vida social monocorde, fomentar habilidades de adaptación y organización, evitar el desarrollo prematuro de enfermedades degenerativas como el Alzheimer, entre otras. Recordando mi propia experiencia con siete idiomas, no logro encontrar aspectos negativos sobre su aprendizaje, aparte del probable aburrimiento que genera en algunas clases poco adaptadas a los públicos más jóvenes. Personalmente, considero que uno de los elementos más relevantes de un idioma es la riqueza de su dimensión cultural que abre a cualquier estudiante al mundo.

Un idioma extranjero (o una de las decenas de lenguas nativas de México) no produce sentido sin los aspectos culturales que conllevan todos sus referentes lingüísticos y sutilezas socioculturales ligadas a la tradición y al rompimiento crónico de la misma. Olvidar estos componentes durante su enseñanza-aprendizaje genera una especie de idioma no nacido, artificial y desarticulado.

La historiadora francesa Abdallhah-Pretceille considera que “el conocimiento, la conciencia y la comprensión de las relaciones, (semejanzas y diferencias distintivas) entre ‘el mundo de donde venimos’ y ‘el mundo de la comunidad estudiada’ conforman el origen de una toma de conciencia intercultural.” En este sentido, el proceso de enseñanza-aprendizaje de un idioma tiene que desarrollarse siempre dentro de esta dimensión intercultural. Nos ayuda a relacionarnos con personas y objetos de otras culturas, volviéndonos paulatinamente más tolerantes hacia la otredad y empezando al mismo tiempo a tomar conciencia de nuestra propia cultura y lengua materna. Permite acceder a la esencia de expresiones culturales distintas, adentrándonos en sus particularidades a través de la melodía y los signos de lenguas aparentemente extrañas.

Decidir mañana que estudiemos un nuevo idioma nos dará la oportunidad de comprender las encantaciones de un artista de altura como el cantante belga Jacques Brel. Podremos sentir la rabia en las declamaciones de los raperos franceses. Apreciaremos los acentos melancólicos de los personajes de la película “Otto e mezzo” de Federico Fellini. Y entenderemos de igual manera por qué el gran autor Bob Dylan sí merecía el Premio Nobel de Literatura 2016.

Finalmente, por su medio, disfrutaremos un tanto más la esencia de las obras artísticas y humanas del mundo.

 

The Author

Pascal Bomy

Pascal Bomy

2 Comments

  1. 04/02/2018 at 13:31 — Responder

    Excelente artículo

  2. coralinam
    19/02/2018 at 12:50 — Responder

    Estoy completamente de acuerdo y hablo desde mi propia experiencia. No hay mejor recurso que un nuevo idioma para tratar de comprender aunque sea un poco este mundo tan diverso. Excelente artículo, Pascal!

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