¿Necesitamos ciudades compactas? / Rompecabezas Urbano - LJA Aguascalientes
10/08/2022

Una postura que frecuentemente se adopta al explicar la deficiente movilidad cotidiana en las ciudades es la dispersión urbana y al crecimiento hacia las periferias. Es evidente que las ciudades mexicanas extienden su mancha urbana a una velocidad superior a la que los gobiernos locales pueden proveer los sistemas de servicios públicos, como los relacionados con el transporte, el agua y el saneamiento, etc.

El mejoramiento y ampliación de las vialidades no ha dejado de estar presentes en los discursos del sector público como solución a la deficiente movilidad. Sin embargo, es cada vez más frecuente que, desde la academia y los institutos de planeación, se promueva otro tipo de medidas como consecuencia del estudio y caracterización de la forma que tienen las ciudades. Por ejemplo, algunos investigadores han planteado varias maneras de medir la dispersión de las ciudades, tomando en cuenta algunas características, como la densidad de la población, la continuidad de la mancha urbana hacia las periferias, la aglomeración de actividades en puntos de la ciudad, la densidad de actividades en el centro de la ciudad, la accesibilidad entre los diversos puntos de la ciudad y el centro, y el uso mixto del suelo, entre otras.

Al considerar las características que definen el nivel de dispersión de las ciudades, como las mencionadas anteriormente, se han propuesto modelos que favorecen el habitar cotidiano. De manera muy importante, la “ciudad compacta” ha sido vista como un paradigma de la ciudad eficiente. Este modelo puede referirse a diversos fenómenos, pero se puede sintetizar en la contención del perímetro urbano, el acercamiento de la población a los lugares que realizan las actividades diarias, la densificación del espacio y la creación de usos de suelo mixtos.

El modelo de ciudad compacta ha estado presente en las propuestas que buscan favorecer centros de población sustentables: desplazamientos pequeños de la población implican menores consumos energéticos en transporte, además de que cada vez con más frecuencia los recorridos pueden realizarse a pie o en algún medio no motorizado, en especial las bicicletas. Además, al contener el perímetro urbanizado se preservan suelos naturales importantes.

A pesar de lo anterior, el debate sobre la pertinencia de seguir un modelo compacto de ciudad no está cerrado. Por un lado, algunos estudios sugieren que la aglomeración de actividades no necesariamente implica ahorro energético. Por otro lado, se ha señalado que el modelo es aplicable de manera distinta a las ciudades de diferentes tamaños. Por ejemplo, es muy improbable que en una gran ciudad, por más compacta que sea, los habitantes puedan realizar sus actividades cotidianas a pie o en medios no motorizados. La forma más apropiada de ciudad, entonces, también depende de los patrones de consumo o estilo de vida, así como de la distribución del equipamiento urbano en el territorio.

Un aspecto que se debe tomar en cuenta al discutir la pertinencia de adoptar modelos compactos o dispersos es la orientación productiva de las urbes. Las ciudades con importante presencia de industria manufacturera generalmente tienen centros productivos concentrados en alguna zona de la ciudad, en torno a los cuales otro tipo de actividades emergen. En cambio, las ciudades orientadas a los servicios con más facilidad pueden localizar los centros productivos en lugares cercanos a las viviendas y los comercios, facilitando la creación de usos de suelo mixtos.

Adicionalmente, al diseñar políticas orientadas a la organización urbana se debe considerar que no es lo mismo una ciudad compacta que el proceso de “compactación” de una ciudad. Si bien algunas políticas de contención del perímetro urbano, de redensificación o de relocalización de las actividades pueden favorecer el habitar cotidiano, las ciudades concretas no pueden cambiar radicalmente su forma para asemejarse a un modelo ideal.

Por último, es importante señalar que no se han implementado en las ciudades mexicanas los modelos de ciudad dispersa. Lo que ha existido en las últimas décadas son procesos no regulados de localización de viviendas y centros productivos. La dispersión urbana que frecuentemente se asocia a efectos negativos para la población no es el resultado de un mal plan o un mal modelo, sino del crecimiento desordenado que tiene como eje el interés privado y no el público.

 


Gabriel Ramírez Atisha

Estudiante del Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales, El Colegio de México

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