Opinión

Mismo Mundo, Nuevas Tácticas

En las últimas semanas ha habido revuelo por el caso de la empresa inglesa Cambridge Analytica. El enfoque ha estado en cómo se filtró la información de millones de personas para el uso de la empresa. Sin embargo, lo más importante es fijarnos en el operar de la maquinaria que utilizó esa información. Se trata de una muestra de cómo la tecnología ha cambiado el panorama de la política mundial que no hay que perder de vista.

Puntualmente la empresa ofrece servicios de “alterar las preferencias de las audiencias”, según sus propios promocionales. Esto se realiza por dos principales servicios, el primero es espeluznante y el segundo sucio, por decir poco.

El servicio espeluznante consiste en tomar información de las redes sociales de las personas para observar sus preferencias y generar contenido dirigido a cambiarlas. ¿Cómo obtienen esos datos? Los compran; ya fuera a los cientos de aplicaciones a las que les regalamos la información de nuestras redes sociales o a aplicaciones que permiten acceso a nuestra información si uno de nuestros amigos la utilizaba. Afortunadamente el segundo caso dejó de ser posible luego de un cambio de políticas de Facebook en 2014. Para resumir, esta gente segmenta por medio de algoritmos las características de la personalidad de millones de personas para encontrar algunos miles que pudieran ser influidos para cambiar el curso de una elección.

El segundo servicio, digno de una mafia del nivel de los Yakuza o de la Cosa Nostra, consta de reunir inteligencia, en el argot de las agencias de espionaje. Por medio de prostitutas, falsos ofrecimientos de soborno y noticias falsas, los operativos de la compañía han generado contenido difamatorio sobre candidatos que se oponían a sus clientes. Esta información, revelada por una investigación encubierta (bella ironía) del canal 4 de Inglaterra, es aún más aterradora si le agregamos que muchos de los empleados de la compañía son exespías. En palabras del señor Alexander Nix, director de la ahora infame compañía “no importa si la información era verdadera o falsa, lo importante era obtenerla y soltarla en el flujo sanguíneo del internet”.

Combinando ambos elementos, se pinta un panorama distópico. Los programadores de la empresa analizan la información de millones y detectan un grupo cuyas preferencias parecen ser alterables, explotando sus miedos y dudas. Los espías descubren o generan un escándalo o noticia falsa que no solamente está pensada para voltear votantes, además se libera “en el momento indicado” según expresó Nix cuando no sabía que estaba siendo grabado.

Esta es la última pieza del rompecabezas de 2016. Brexit y Trump; “¿Cómo pasó?” Se preguntó el mundo en ese entonces. Estaba claro que el juego había cambiado, la pregunta era: ¿Cómo? Ambas campañas, según los reportajes sobre esta compañía, fueron clientes de la empresa. El juego efectivamente había cambiado, había personas instrumentando filtraciones de información y liberándolas estratégicamente para alterar el curso de cada elección. En votos tan cerrados como el Brexit (48.1% para quedarse en la Unión Europea y 51.9% para salir) y la elección para la presidencia de Estados Unidos en 2016 (donde Trump tuvo menos votos pero ganó por la distribución de “votos electorales” por estados) es claro que un servicio como estos puede ser determinante.

La investigación por parte de. Robert Mueller sobre la posible colusión entre la campaña de Trump y el Kremlin para influir en la elección de 2016 avanza. El señor Mueller (republicano, cabe destacar) ha pedido a la Organización Trump, la corporación del presidente, todos los documentos relacionados con Rusia. Los bufidos y amenazas que emanan del twitter del presidente suenan a miedo. Ha habido ya sentencias contra ciudadanos rusos empleados de una empresa rusa de servicios en línea por hacerse pasar por norteamericanos para organizar marchas, infiltrarse en grupos de Facebook y sembrar contenido político durante la campaña de 2016, según la misma investigación de Mueller.

La cobertura de Russia Today (mejor conocida como RT) tiende a ser como el cuadro de “La Condición Humana” del pintor belga René Magritte: muestra al pretender ocultar. Bastará ingresar al portal www.rt.com y buscar la palabra “Mueller” para ver el esfuerzo de desprestigio que se lleva a cabo contra la investigación desde esa plataforma. Además, la llamada de felicitaciones de Trump a Putin de hace unos días por ganar una elección que nadie dudaba que fuera a ganar solo añade, como dicen los gringos insult to injury (algo así como echarle sal a la herida).

Por si fuera poco, la persona responsable por el mal uso de los millones de perfiles de Facebook, el profesor Kogan, es un ruso-americano que, al mismo tiempo que vendía la información a Cambridge Analytica, trabajaba en proyectos en la universidad de San Petersburgo. Segun el exempleado de la compañía Christopher Wylie en entrevista con CNN, este contacto pudo haberle dado ideas a los rusos para realizar su propio esfuerzo en esta dirección.

Todo parece indicar que la campaña de Trump, contrario a la creencia popular, quería ganar y buscó ayuda tanto en gobiernos extranjeros como en la iniciativa privada. Este hecho es en sí mismo escandaloso, pero mi objetivo no es centrarme en eso, sino ver qué nos dice esto sobre nuestros tiempos. ¿Ha cambiado el mundo?

Vivimos en una época donde existe una existencia paralela en las redes sociales. El internet es una herramienta de entretenimiento, de referencia y de trabajo. Este mismo artículo contiene referencias que invitan al lector a hacer una busqueda en Google. Habitamos la red, de forma que a través de nuestra conducta dejamos un rastro que puede ser seguido por quien esté interesado obtener algo de nosotros; en este caso, nuestro voto. La sed de dinero del señor Nix y el hambre de poder del señor Putin, junto a sus capacidades tecnológicas fueron sin duda una ayuda para que la persona más anaranjada de la farándula norteamericana llegará a la Casa Blanca.

¿Hay una forma de afrontar esta situación? ¿podemos tener redes sociales privadas y seguras? Teóricamente sí, por medio de regulaciones y leyes. Sin embargo, estas soluciones no suelen representar un obstáculo para personas con poder político o capacidad económica. Los intereses de las grandes potencias y la avaricia siguen movilizando las más grandes capacidades de la raza humana, tal como hace 100 años. Vivimos en el mismo mundo, solo se han desarrollado nuevas tácticas.

 

@joseemuzquiz | jemuzquiz@gmail.com

 

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José Eduardo Múzquiz Loya

José Eduardo Múzquiz Loya

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