Cómo poner en práctica la justicia ambiental - LJA Aguascalientes
17/06/2024

Víctor Hugo Salazar Ortiz

Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

 

Hace algunas décadas los conceptos de justicia ambiental o de derechos ambientales eran inexistentes, por lo cual, las corporaciones implantaban sus industrias en cualquier parte sin que nada ni nadie se los impidiera, es más, los mismos dirigentes del gobierno veían con buenos ojos la instalación de esas empresas en sus territorios, pues con ello generaban progreso, desarrollo y bienestar social a través de la generación de empleos. De lo que tardíamente se daba cuenta la población es que estas industrias, generalmente ubicadas en zonas marginadas habitadas por gente pobre, o por personas de raza negra, latina o asiática (situación que se presentó con suficiente claridad en Estados Unidos), provocaban daños a su medio ambiente y a su salud, pues las fábricas comenzaban a suspender sustancias tóxicas al aire y a verter aguas contaminadas en los ríos y lagos aledaños a éstas, lo que ocasionaba que los sembradíos de las personas perdieran su fertilidad, las personas adultas comenzaran a enfermarse con mayor frecuencia y los niños desarrollaran enfermedades cancerígenas. Esta forma de daño en ciertas zonas geográficas y específicamente a este tipo de personas fue denominado “racismo ambiental”.

Ante estos hechos la población de estas comunidades solicitó la intervención del gobierno, pero como no se contaba con una legislación ambiental, no había manera de proceder legalmente contra estas industrias, entonces la gente sólo podía manifestarse y pedir se hiciera justicia a “gritos y sombrerazos” haciendo marchas y plantones como único medio de dar a conocer su situación y denunciar estos agravios en su contra. Fue apenas a finales del siglo pasado que los gobiernos tomaron cartas en el asunto y comenzaron a crear leyes y reglamentos para regular la actividad ambiental de las industrias y con ello promover una justicia ambiental.

El concepto de justicia ambiental hace referencia a que debe salvaguardarse legalmente la distribución equitativa de los bienes naturales y servicios ambientales que la naturaleza nos ofrece como son aire limpio, agua potable, tierras sanas; no obstante, el desarrollo humano ha traído consigo la necesidad de hacer uso de estos bienes y con su explotación se ha obtenido un progreso creciente que nos ha beneficiado a tener un estilo de vida cada vez más cómodo. En cierta forma, esto nos hace a todos responsables del uso que hacemos de los bienes naturales, pues, en mayor o menor medida, contribuimos en su explotación a través de lo que consumimos, desde el agua en nuestras casas, así como lo que comemos, lo que vestimos y hasta el auto que decidimos comprar.

La fabricación de cada uno de estos productos genera un impacto en la naturaleza, por ejemplo, para producir una camiseta de algodón se requieren casi tres mil litros de agua y para unos pantalones de mezclilla once mil ochocientos; asimismo, para producir un bistec de carne de res de 300 gramos se requieren casi cuatro mil quinientos litros de agua. En ambos casos estas cifras corresponden a la cantidad de líquido que se requirió para regar los campos donde se cultivó el algodón (que es la materia prima de la prendas citadas) y el maíz (con el que se alimenta al ganado); otro tanto corresponde a los procesos industriales de lavado/limpieza, y en el caso de los bovinos al agua que beben. Este informe es conocido como “estudio virtual del agua” y lo que hace es darnos a conocer la cantidad que se usa de este líquido vital en la fabricación/manutención de lo que consumimos.

En teoría toda extracción que se hace de recursos naturales debería realizarse de manera armónica con el entorno, pero los seres humanos hemos abusado de esto, por una parte debido a nuestra propia avaricia natural y por otra porque las corporaciones, a partir de la década de 1960, introdujeron en la fabricación de sus productos las ideas de la obsolescencia programada y percibida. La primera de éstas tiene como objetivo hacer que un producto se descomponga o rompa en un tiempo determinado, por ejemplo, al año de uso, además que no se pueda reparar; la obsolescencia percibida es manejada y manipulada por los genios de la mercadotecnia que hacen ver los productos como algo fuera de moda y que debemos estar cambiando constantemente para conseguir una buena aceptación social.

Entonces ¿qué es lo que hacen los fabricantes siguiendo estos principios? Reducen la calidad de los productos de manera que la camiseta de algodón y los pantalones de mezclilla los fabrican (programan) para aguantar, por ejemplo 20 lavadas, después de eso la tela comienza a deshilacharse y se obliga al consumidor a comprar una prenda nueva, generando con ello que el consumo de ropa se eleve y con esto el uso excesivo de agua. Ahora bien, supongamos que estas prendas no se usen con frecuencia, la publicidad puede hacer que se vean pasadas de moda y se perciban como atuendos que no encajan con los patrones de vestimenta del momento, promoviendo con ello el consumo innecesario de ropa a través de la obsolescencia percibida, motivando a las personas a ir y comprar nuevas prendas con estilos y colores de moda. Este consumo innecesario de productos genera una importante explotación de personas, de recursos naturales y una gran contaminación en los ecosistemas, particularmente en los cuerpos de agua.


Sin duda el consumo de productos manufacturados ha servido en gran medida para generar el crecimiento económico de la sociedad, lo malo de éste es que ha sido injusto, voraz y altamente contaminante, lo que ha provocado que muchas zonas de nuestro planeta, anteriormente rebosantes de vida, ahora se encuentren en serio declive.

Con base en lo dicho, todos somos responsables de la explotación de los bienes naturales, por lo tanto, debemos hacernos responsables de cuidarlos poniendo mucha atención en la forma en que consumimos de manera que lo hagamos considerando nuestros compromisos en términos de justicia ambiental.

 

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