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jueves, febrero 5, 2026

Sucedió en Nicaragua / Yerbamala

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Para mi amiga rabideña Yasica Sur

 

Sin duda Nicaragua fue durante las décadas finales del siglo pasado una legítima promesa y ejemplo de cambio social para el resto de la Patria Grande. Nada menos que la última revolución triunfante de nuestra América y la realización del sueño del “General de hombres libres”, César Augusto Sandino. Pero tal parece que la dictadura de estilo Somoza volvió de la mano del impresentable Daniel Ortega y su estrambótica esposa.

Así, muchos recordamos que durante cuarenta años Nicaragua fue controlada por la dictadura de la familia Somoza. Dicha opresión familiar transformada en dictadura en toda regla, dio lugar al levantamiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Recordamos también que esa revolución triunfó el 19 de julio de 1979 con la oferta de transformar Nicaragua bajo un proyecto socialista. Luego del triunfo de la revolución, se desató una enorme solidaridad y admiración por la Revolución nicaragüense, expresada en una formidable ayuda Y respaldo de muchas personas alrededor del mundo. Como suele ocurrir, durante todos esos años la intervención yanqui abierta o encubierta y el intento de subvertir la revolución nicaragüense no se hizo esperar, llegando a ser famoso el escándalo de Reagan conocido como irangate (CIA-Irán-contras) para financiar subrepticiamente la contrarrevolución en Nicaragua.

De manera que el esfuerzo de la Revolución Sandinista duró poco más de 10 años, pues en 1990 el Frente Sandinista fue derrotado en las urnas, siendo desalojado del gobierno y dando paso a una serie de nefastos gobiernos títeres y corruptos que sintetizaron a la derecha oligárquica y a todas las expresiones políticas contrarias a la revolución sandinista. Así, durante 16 años, el Frente Sandinista convertido en partido fue oposición y hasta el 2006 logró volver al gobierno por la vía electoral gracias a la ineptitud y la corrupción escandalosa de los sucesivos gobiernos de orientación oligárquica. El candidato ganador fue Daniel Ortega, ex comandante revolucionario. A partir de entonces, Ortega y su esposa, la señora Murillo, fueron tomando el control del gobierno como si fuese su patrimonio familiar, al grado de que en la elección de 2016 el primero fue candidato a la presidencia y la mujer a la vicepresidencia. Ambos ganaron, naturalmente. Luego vino la última crisis, que inició el 18 de abril pasado, cuando entró en vigor una reforma a la seguridad social que aumentaba las cuotas y establecía la cotización perpetua. A pesar de que esta reforma fue cancelada, durante tres meses se han mantenido numerosas protestas de muy diversos sectores, entre los que destacan los jóvenes universitarios. Pero durante los últimos días se ha dado una dura confrontación entre integrantes del FSLN y habitantes del pueblo de Masaya, que es un icono de la revolución en contra de la dictadura de los Somoza. A la fecha hay más de 350 personas muertas durante el conflicto, varios fracasos de intentos de diálogo entre el gobierno y actores sociales que mantienen viva la protesta y la rotunda negativa de Ortega y familia a renunciar al gobierno y convocar a elecciones, acusando de golpista al movimiento social de protesta.

Pero la cantidad de muertos, encarcelados y desparecidos es ciertamente sorprendente para un país con poco más de seis millones de habitantes, de manera que casi cuarenta años después de que Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) derrocaran a la dinastía corrupta y sangrienta de los Somoza -que gobernó Nicaragua durante casi medio siglo-, estudiantes y activistas exigen la salida de lo que consideran una repetición histórica imperdonable al grito de: “Ortega y Somoza, son la misma cosa.”

No hay visos de que el conflicto concluya pronto y tampoco sabemos cuántas vidas más puede costar. Pero de momento podemos constatar que de aquella promesa de cambio social solo queda una dictadura sangrienta que se aferra al poder a costa de los muertos que sean necesarios, es decir: un “somocismo” sin los Somoza. No cabe duda de que la sociedad civil y el nuevo gobierno de México pueden y deben hacer mucho más por influir positivamente en una salida pactada y pacífica a la crisis nicaragüense.

 

@efpasillas

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