Opinión

El juego del quid pro quo / Opciones y decisiones

Pacta non sancta… (ad. pl. de /’non sanctum’. RAE. Indecente, inmoral. Y s.pl.n. de pactum-i /pactos-acuerdos) se ubica en flagrante oposición al axioma inmemorial de la ciencia del Derecho Internacional: Pacta sunt servanda (los acuerdos deben ser observados, respetados; una posición es que “son siempre obligatorios”, o bien con mayor precisión, que “los tratados válidos son obligatorios”. Lo cierto es que hablar de los primeros nos remite a la aparentemente graciosa –por gratuita, no por chistosa- cesión de cinco diputados del PVEM que otorgó a la bancada de Morena, para que ésta obtuviera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

La comentocracia ilustrada, en el ámbito nacional, no dudó en calificar este pacto de “pragmático”, haciendo alusión a que el partido triunfador en las pasadas elecciones federales, estaba operando así por mero interés hegemónico, y en demasía práctico, para funcionar políticamente en el Congreso sin cortapisa alguna en la producción de piezas legislativas vinculadas a su interés estratégico y operacional, y así desde él, poder instrumentar cualquier política de estado que convenga a su hegemonía incontestable erigida en el Poder Ejecutivo. De esta manera, todo parece claro, pulcro, incontrastable. Aunque, para decir lo menos, en la realidad es un apotegma cínico, amén de indecente e inmoral, como lo califica la Real Academia Española.

A lo dicho, “pacta non sancta”, se sigue con toda hilaridad (no de “hilo conductor de una idea”, como quiso  alguna vez un aspirante a diputado local de obscura memoria del Congreso del Estado de Aguascalientes), es decir con sonriente ironía o sarcasmo, que debiera aplicársele aquello del célebre senador romano incorruptible, Catón el Viejo, Marco Porcio Catón, cuando concluía sus intervenciones con la famosa frase: “Carthago delenda est”/ Cartago debe ser destruida. En efecto: “pacta non sancta, delenda sunt” /los pactos indecentes/inmorales deben ser destruidos.



Aunque, dicho sea, con toda prisa se hayan festinado (otra del mismo autor, no por regocijo o festivo lance; como pretendió, sino por celeridad en el trámite). Pues en tan sólo una sesión cameral, de apertura además, se uncieron con el yugo de esta servidumbre envilecedora, ambas bancadas congresionales. No faltaba más, una tal  conjunctio/ liga, desde luego que puede ser por motivos “pragmáticos” de poder político; pero eso no les quita a tales acuerdos, lo cínico, por muy hilarantes que les pueda parecer a los coaligados y así festinar –que no festejar- un triunfo sobre las notorias minorías parlamentarias, depauperadas de poder y representatividad. En conclusión, a tales conjunciones parlamentarias ‘de facto’ hay que calificarlas de lo que sí son, yo diría, nefandas/innombrables. Y así quedar como: “Pacta non sancta, nefanda sunt”/los pactos indecentes deben ser innombrables/abominables. Por muy pragmáticos que quiera pasar.

Y ya que estamos muy entrados en el Latín, debo señalar que “mutatis mutandis”/cambiando lo que deba ser cambiado, tanto a nivel partidista, dígase enfáticamente de la recomposición del CEN del PAN como en el nivel estatal, local de Aguascalientes, también para el PRI y el Consejo Político local del PAN y los de otros partidos subalternos, aplica esto de “pacta non sancta, delenda sunt”, pues los grupos de interés que están pretendiendo hacerse con el control político de sus propios miembros o asociados, están tentados de pactar aun con el diablo, con tal de hacerse con la hegemonía de sus respectivos feudos de poder. De manera que el panorama de nuestra República está sembrado, ya sea de tribus feudales o de señoríos caciquiles que a toda costa ensayan de festinar (apresurar, que no celebrar) el arrebato del poder. Y no importa si en ello tienen que incendiar la ciudad (en umbrosa imitación de aquel Carthago delenda est), y con ella avasallar en forma contundente, definitiva, a sus adversarios de partido, grupo, tribu o señorío. Pues no faltaba más, hay que ponernos muy hilarantes (que no de consecución del hilo de las ideas), sino de risa irónica por el triunfo así obtenido.

Siguiendo con el tema del rol social histórico que están jugando nuestros comentócratas, debo referirme a que otros pactos, como el más notable del TLCAN, tanto como el del nuevo aeropuerto de la CDMX o NAICDMX, o el proceso de reedición del sistema judicial con la Fiscalía General de la República, o la estridente declaración desde la toma de tribuna del Congreso, de “abrogar” en su totalidad (obvio pleonasmo)  la contramentada Reforma Educativa, o la de expulsar a los porros de las preparatorias de la UNAM, todos ellos suponen pactos que están sujetos, supuesta su validez, a su debido cumplimiento.

Sólo como indicativo de la naturaleza que supongo deben contener dichos acuerdos, deseo señalar, por ejemplo, que respecto del acuerdo en principio del pacto bilateral México-EU., en espera de que se sume Canadá al ya histórico acuerdo Trilateral, y no quede fragmentado al final en dos o tres pactos bilaterales de Norteamérica, me permito opinar que la calificación de nuestros comentócratas ilustrados ha estado pasando del aplauso y el buen recibimiento inicial, a recientes matizaciones de “bueno, es mejor que nada”, respecto del papel que jugaron los negociadores de la parte mexicana. Algunos no cejan en mantener su optimismo de que algo bueno saldrá para el país, otros ya ponen en tela de juicio los beneficios que nos acarrearía en el mediano o largo plazo, si el personaje central de este pacto, el presidente Donald Trump, insiste intempestivamente en interponer más aranceles a productos clave de intercambio como son el acero y el aluminio, o bien manejar a conveniencia los precios de los energéticos; o si decide él someter a México a la presión financiera de mero interés electorero, del nefando muro que ha decidido interponer entrambas fronteras; u otras fortuitas y peregrinas ocurrencias.

En este punto los comentarios críticos se han vertido sobre el equipo negociador, a modo de minimizar su estatura y poder negociador frente al arrebato presidencial de Trump; en mi opinión, nuestra comentocracia se está viendo picayune, es decir de mente pequeña, muy cerrada, de poca monta, que aporta escaso valor; y lo digo, porque en las oportunidades que tuve en el pasado de negociar o intercambiar puntos de vista con académicos, consultores o peritos negociadores norteamericanos, me di cuenta y aprendí su tendencia a ser fuertemente asertivos de sus ideas o propuestas, frente a lo que se requiere una gran habilidad de estilos de influencia personal, para no topar en callejones sin salida, o quedar trabados en un impasse irresoluble, o lo más grave, en simple ceder por no tener más recursos; o aún peor, en retirarse de la negociación y dejar caer al vacío un pacto prometedor. Este tipo de ensayo de campo de fuerzas lo están mostrando los canadienses frente a los norteamericanos, y la dificultad de encontrar áreas en común –que sí las hay- se está topando con la tozudez como anglosajones y francoamericanos que por naturaleza son igualmente asertivos.

Es obvio, que la posición asimétrica de nuestras tres economías: la de Estados Unidos, la de Canadá y la México, no son comparables en términos absolutos ni relativos; pero, si son complementables y complementarias en muchos aspectos, y aquí, en esto reside, la negociación virtuosa que yo observo de la parte mexicana. Somos picayune si sólo queremos ver al equipo mexicano, como un conejo chiquito y orejón frente al rugiente oso canadiense o al aullador lobo norteamericano. Así lo expresaron algunos medios de comunicación, que quisieron ver al equipo negociador mexicano, como el de unos adolescentes preparatorianos, sentados muy formaditos, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, frente al director del plantel. No comparto esta visión, me parece denigrante, y autoflagelante. No creo que sea el caso; para mí, obtener el asentimiento aun elogioso de acuerdo en principio de Trump con México, es un logro positivo y plausible.

El otro ejemplo que quiero retomar es el relativo al de la “abrogación total” (recontra-pleonástica) de la Reforma Educativa, de la que ya se dijo… no quedará ni una coma. Me intriga la radicalidad de un tal cometido. Implica que se toma como una afrenta, la iniciativa constitucional de la que ella es efecto. De manera que, lo que en su momento, significó un pacto general por México, quedó supuestamente en un mero ensayo fallido de política laboral educativa, y nada más. Convirtiendo en manzana envenenada, la famosa Evaluación Docente, que está siendo vista como amenazante y flagrantemente interventora del magisterio nacional. Y por ello, indeseable y condenada al basurero de la historia. La irrisoria toma de la tribuna del Congreso, por un diputado emanado de la CNTE, no viene a cuento, puesto que la dichosa mayoría legislativa es tenida por la representación de su partido de pertenencia. Ah, pero sí tiene efectos mediáticos y simbólicos del nuevo poder. Hay que ostentarlo y pregonarlo a voz en cuello y a los cuatro puntos cardinales, no faltaba más.

La pregunta simple y llana, en consecuencia, es ¿qué alternativa educativa de Nación ofrecen a México? Sabemos que estamos al fondo de la tabla de nuestros socios comerciales de la OCDE, que reprobamos en la prueba PISA las asignaturas elementales de Ciencias, Matemáticas y Expresión y manejo conceptual de Lenguaje, equiparables con los países desarrollados y de muchos otros en desarrollo. ¿Qué proponen para elevar los resultados educativos de nuestros niños y jóvenes mexicanos? Querer hacerse de la tribuna para arrasar con el esfuerzo colectivo de la presente reforma, más radical aún que aquel Carthago delenda est, pues no prevalecerá “ni una coma” de la anterior… Creo yo, que primero pasa por la e-rradicación y delección (delenda est) de su harto cínica e impresentable pacta non sancta (cuya naturaleza acusa: la corrupción de lo superior es la peor/corruptio optimi pessima), con que están haciendo ostentación de su hegemonía. Dicho sea, mutatis mutandis.

 

franvier2013@gmail.com  

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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