Opinión

El próximo gobierno / Cátedra

El mestizaje. Para remachar el genocidio cultural, en 1770 el emperador Carlos III prohibió incluso los idiomas locales -atrocidad que consiguió parcialmente- pero lo que no pudo fue impedir que el español se pronunciara de manera propia, es decir mestiza, con los acentos adoptados en las diversas regiones de esta tierra enormemente más grande, más bella y más rica que la exigua península Ibérica, de la que se derivó el gentilicio “peninsular” que se autoimpusieron los “conquistadores” y colonizadores que esclavizaron mediante la perversa por anticristiana trampa de la cruz y la espada a la población indígena, de cuyas mujeres tuvieron descendencia mestiza primero porque llegaron solos; y criolla después, cuando trajeron de España a sus esposas -o prometidas con las que se casaron- porque querían heredar a su descendencia “legítima” las riquezas que jamás soñaron llegar a poseer, producto del despojo a sus verdaderos dueños.

 

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Francisco de Miranda. Mientras la rebelión indígena de Túpac Amaru era ahogada en sangre en el Perú de 1780, este hombre, a quien Bolívar calificó como “el venezolano más universal”, fue uno de los más distinguidos representantes del criollismo racial que hablaba el español con acento caribe -en este caso venezolano- y como todos los criollos se sentía americano y no español (lo que da como resultado el equivalente a mestizaje cultural) porque a diferencia del gachupín sabía que la “madre patria” no era aquella tierra lejana de los peninsulares que jamás dejarían de cecear -requisito indispensable para ejercer el poder con que oprimían al pueblo mediante su criminal y anticristiano sistema de castas- había abrevado, como todos los mestizos ilustrados de esa época, en la filosofía liberal derivada de la Enciclopedia Francesa que -aunque a hurtadillas- se conocía ya en todos los territorios del imperio español, porque anhelaban convertir a su verdadera madre patria -que fue en la que nacieron- en un territorio libre de las cadenas que nos ataban al viejo mundo.

El gran proyecto de Francisco de Miranda, viajero incansable, llegó a ser uno de los mestizos culturales más eruditos de nuestro continente. Después de estudiar medicina emprendió viaje a España para aprender las artes de la guerra, en las que destacó no solo en el Real Ejército Español sino que contribuyó también en la guerra de independencia de los Estados Unidos, en la Revolución Francesa que retribuyó sus altos servicios grabando su nombre -único de origen iberoamericano- en el Arco del Triunfo de París y otorgándole los títulos de Héroe de la Revolución y Mariscal de Francia, que tuvo trato personal con los más importantes hombres y mujeres de estado, intelectuales, militares, etc., empezando por Napoleón, y fue quien, además, concibió por vez primera, la idea de integrar una sola patria mediante la independencia simultánea de los cuatro virreinatos españoles en América.

Colombia. Por eso dedicó todo su empeño, a partir de entonces, en convertir a las colonias de España en América en una sola nación que proponía denominar Colombia, empezando por aplicar sus conocimientos militares en la organización de la independencia de la Capitanía General de Venezuela.

 

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América Latina. Hasta este momento hemos utilizado el término América como nombre de nuestro continente y el de Hispanoamérica para referirnos, solamente, a los países surgidos de los pueblos del mismo que sobrevivieron al genocidio, solo para ser sometidos a coloniaje por la monarquía española y del mestizaje resultante.

Ahora tenemos necesidad de utilizar la expresión América Latina o Latinoamérica a pesar de que todavía no llegamos a la mitad del siglo XIX en que se propuso y empezó a difundir, porque vienen temas en los que podríamos confundirnos si no tenemos una idea clara de lo que es nuestra Región.

Empezaremos por decir que la de América Latina es una expresión muy controvertida porque no define con claridad a qué territorios ni a qué pueblos, idiomas o culturas pretende contener y esto a pesar de que ya incluso los países que integraron la región le impusieron el título oficial de “América Latina y el Caribe”. Y yo soy el primero en reconocer que no me convence. ¿Por qué?

En primer lugar, para nuestros pueblos originarios nunca fue un asunto prioritario imponerle un nombre al continente porque para ellos este era su mismo mundo aunque fuera expresado con diferentes términos en sus diferentes lenguas como ya lo vimos y no sabían que existían otros continentes de los cuales diferenciarse.

En segundo lugar, los europeos le impusieron el nombre de América sin que Américo Vespucio tuviera méritos para ello aún desde su propia perspectiva.

En tercer lugar, latina viene de latín, queriendo significar que se refiere básicamente a aquellos pueblos que hablan lenguas latinas o romances, lo cual tampoco es exacto, pues aparte del español, el portugués o el francés, hay países de idiomas anglosajones, aparte de que las lenguas de origen prehispánico que todavía se hablan en el continente son más de mil.

Con estas consideraciones me parece suficiente para concluir que la expresión América Latina no ofrece una caracterización que defina adecuadamente a nuestra Región, por lo que me parece irrelevante citar otros argumentos que la condenan.

Pero lo peor de todo es que no se ha encontrado otra que cubra los requisitos básicos, que para mí son:

  1. Que incluya a los países que se encuentren dentro de lo que puede entenderse por unidad geográfica;
  2. Que tengan, también, unidad histórica y cultural aunque solo sea por sus antecedentes y
  3. Que le aseguren unidad económica, política y social, siendo de relevancia en el tema político el obligatorio respeto a la libertad, la igualdad jurídica y la soberanía de los estados, así como al arreglo pacífico de las controversias, conceptos elementales vigentes en el derecho internacional público y en cuya inclusión hemos tenido parte relevante.

Todo, independientemente del o los idiomas que se hablen en ellos. Por tanto, si yo tuviera razón, propondría:

  1. Que mientras no se encuentre la expresión adecuada lo mejor es continuarla llamando América Latina, pues cambiarla por otra que tampoco la defina lo único que se provocaría sería confusión.
  2. Que se eliminara el parche de “y el Caribe”, porque esta subregión también es parte de América Latina, al igual que lo son México, América del Centro y América del Sur.
  3. Que sus integrantes sean, exclusivamente, las naciones que están comprendidas del río Bravo y el mar Caribe hacia el sur, que son las que caben en los requisitos que propongo. (Continuará)

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com

 

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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