Opinión

Víctimas a merced del narcotráfico / Punto crítico

Hablar de un tráiler completo de personas que han sido encontradas en fosas clandestinas, víctimas de la inseguridad que prevalece en nuestro país, sin reconocimiento, igualmente grave, vagando por las calles de una localidad perteneciente a una entidad en donde los límites han sido rebasados desde hace mucho tiempo, es el reflejo de la realidad que hoy los mexicanos vivimos en todo el territorio.

Más de 300 personas permanecen en dos cajas frigoríficas de unidades pesadas al no contar con espacio suficiente en el área forense del municipio de Tlajomulco de Zúñiga, en el vecino estado de Jalisco.

Este hecho nos lleva a varios cuestionamientos, en primera instancia cuántos cuerpos más tienen sin identificar en esta área perteneciente a la fiscalía como para no contar con un espacio en el que permanezcan estos restos; y más allá de ello, cómo es posible que tantas muertes se estén perpetrando a ojos de todos, en un escenario donde la impunidad prevalece.

Las cifras son alarmantes: instituciones del gobierno mexicano reconocen un saldo de más de 280 mil asesinados, 35 mil desaparecidos y 300 mil desplazados. Para organizaciones no gubernamentales defensoras de derechos humanos las cifras reales son mucho mayores. Los datos oficiales ya son alarmantes.

Un oficio de la PGR (PGR/UTAG/DG/002853/2018) da cuenta que en México se han encontrado 280 fosas clandestinas desde diciembre de 2006 y hasta enero de 2017. De las 32 entidades de la República, sólo en 13 aún no se han detectado este tipo de entierros ilegales. Es decir, en 19 hay al menos un entierro ilegal

Volvemos al señalamiento y la demanda de todos los días en los últimos sexenios, en dónde están nuestras corporaciones de seguridad, por qué están dándose incidentes cada vez más lamentables en el que pierden la vida personas inocentes, por qué nos estamos acostumbrando a estos hechos, ya ni asombro nos causan.

México es hoy una gran fosa clandestina ante la sorpresa y el dolor de gran parte de la comunidad internacional.

En el 2016 la inseguridad y el delito en el país representó un costo total de 229 mil 100 millones de pesos, es decir 1.1% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que equivale a un promedio de 5,647 pesos por cada ciudadano, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Las medidas preventivas representaron un gasto para los hogares de 82,000 millones de pesos, mientras que las pérdidas por victimización representaron los 147,100 millones de pesos restantes. Estas medidas incluyen acciones como el cambio o colocación de cerraduras, candados, puertas y/o ventanas; así como la compra de un perro guardián y acciones conjuntas con los vecinos.

La inseguridad y delincuencia sigue siendo considerado como el problema más importante que aqueja hoy en día a la población en cada una de las entidades federativas, seguido del aumento de precios con 36.5% y el desempleo con 36.3 por ciento.

La violencia que vive México es de proporciones dantescas; estas fosas clandestinas representan sólo un aspecto de ella.

Y es que este tipo de situaciones -probablemente genocidas – son, en efecto, peores que la guerra: en la guerra hay, al menos, una dimensión de protección a derechos humanos y de respeto al derecho internacional humanitario.

En México, las víctimas están indefensas absolutamente, a merced de los perpetradores. Y es que estos últimos se saben impunes. Cometen esas atrocidades porque saben que pueden hacerlo, que no habrá castigo, que no habrá persecución de la justicia.

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Leticia Medina

Leticia Medina

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