Opinión

14. Educación gratuita / Cátedra

El tema de las cuotas escolares en los establecimientos de educación pública despierta dudas e inquietudes que vamos a tratar de aclarar en el espacio del día de hoy, considerando que la inmensa mayoría de los mexicanos actuales desconoce que el mandato de gratuidad de la educación que imparte el estado fue efectiva en la etapa postrevolucionaria de reconstrucción y organización de las instituciones necesarias para poner en práctica los principios de justicia social (expresión tan manoseada como incomprendida) incorporados en la reforma constitucional de 1917.

Solamente los establecimientos privados dedicados a la enseñanza -que no están obligados a impartirla en forma gratuita- cobraban cuotas; pero tan pocos eran que no existió ninguna universidad privada hasta el año de 1935 en que se fundó la primera, que fue la Universidad Autónoma de Guadalajara.

¿Realmente es gratuita? Cabe aclarar que la educación pública no es gratuita en estricto sentido, porque todos los ciudadanos entregamos impuestos al gobierno, ya sean directos y/o indirectos (indirectos como el Impuesto al Valor Agregado, más conocido por sus iniciales IVA). Con la parte proporcional de esos impuestos recabados por Hacienda se integra el presupuesto anual correspondiente a la Secretaría de Educación Pública. Lo que se pretende indicar con la expresión educación gratuita es que los ciudadanos no deben pagar cuotas de ninguna índole relacionadas con la educación que imparte el Estado porque siendo adicionales a los impuestos ya cubiertos, inciden en un doble pago que, además de injusto, es inconstitucional. Aclarado este punto continuaremos utilizando la expresión educación gratuita, suponiendo que sus autores lo prefirieron así para transmitir con sencillez la intención del concepto.

Pero el argumento superficial y también el más común en defensa de las cuotas adicionales es el que ya vimos, que considera a la educación como un asunto de comercio, haciendo caso omiso del significado del término, de la Constitución y de la evolución histórica del Derecho determinada por las luchas sociales.

Ricardo Flores Magón. Toda revolución requiere de ideólogos que materialicen en un cuerpo de principios fundados en las aspiraciones del pueblo, la lucha que realiza por sacudirse la opresión de las inicuas leyes de la oferta y la demanda. Si hay un ideólogo precursor de la Revolución Mexicana ese es Ricardo Flores Magón, quien fundó el periódico Regeneración el año de 1900 para difundir su doctrina principalmente entre los obreros instándolos para combatir la dictadura porfiriana, cada vez que salía de la cárcel o desde sus exilios en Estados Unidos.

Las garantías sociales. Para introducirme a este tema me permito recordar que la Revolución Francesa hizo una aportación eminente a la humanidad con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, reflejados como garantías individuales en el texto constitucional.

Cuando los legisladores mexicanos integrantes del Congreso Constituyente de 1917 discutieron la reforma de nuestra Constitución de 1857 introdujeron también en buena medida los postulados enarbolados por Flores Magón, que le dieron al mundo otra aportación formidable en el terreno del Derecho Constitucional: las garantías sociales, que obligan al Estado a garantizar no solo derechos de las personas en lo individual sino del pueblo en su conjunto, con el propósito de reducir la explotación de los trabajadores y fomentar su desarrollo y el de sus familias como ciudadanos. De ahí el texto de artículos como el 3 relativo a la educación que el Estado debe garantizar a todo el pueblo o el 123 lo mismo, en relación con el trabajo.

Ejemplo para el mundo. Esta cualidad determinó que nuestra Constitución, aparte de ser la primera del Siglo XX, también se considerara como la más avanzada de la época.

Solo entonces, ya muerto Ricardo Flores Magón en una forma sospechosa y repentina en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas (EUA), el gobierno mexicano reconoció que había sido el precursor de la Revolución y reclamó sus restos para rendirle los homenajes de protocolo y depositarlos en un sepulcro en la rotonda de los hombres ilustres.

Y digo hasta entonces, porque él siempre rechazó las invitaciones que le hicieron los titulares de la presidencia durante la lucha armada para colaborar con ellos, por considerar que ninguno tenía la intención de establecer las medidas necesarias para que el resultado del conflicto beneficiara en primer término a las clases campesina y obrera.

El gobierno logró avanzar en el establecimiento de algunas de las conquistas revolucionarias alcanzando su apogeo en el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas, entre otras cosas con la gratuidad de la enseñanza impartida por el Estado.

En el terreno económico, la aplicación de los principios constitucionales de 1917 propician el crecimiento del mercado interno mediante la reforma agraria que implica -igual que lo hizo Gran Bretaña- la cancelación del feudalismo mediante la distribución de la tierra de los grandes latifundios entre los campesinos, lo que permitió satisfacer la demanda interna de alimentos, y el inicio de la industrialización con base en la expropiación petrolera. Eso le permitió al país ir superando año con año el crecimiento del producto interno bruto hasta llegar al 8% anual al inicio de la década de los años 60.

El mundo se nos viene encima. Aquí, sin embargo, llega el momento de pasar del análisis nacional al internacional, que habría de determinar el retroceso del nacionalismo y la imposición del neoliberalismo que nos ha conducido a la gradual destrucción de lo logrado hasta los años 40 y a la pérdida actual de una gran parte de nuestra soberanía.

Estados Unidos arrebata el cetro al imperio Británico. Lamentablemente, al concluir la Segunda Gran Guerra, cuando todos tenían cifradas sus esperanzas de paz duradera mediante el establecimiento de un gobierno supranacional con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), murió uno de sus principales promotores que era el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, quien es sustituido por Harry S. Truman, uno de los peores que haya tenido ese país, autor de los genocidios más letales de la historia en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, que aprovechó para experimentar el nuevo juguete de la bomba atómica con el que amenazó con el terror de una nueva confrontación ahora con la Unión Soviética, a la que declaró un nuevo tipo de guerra: la guerra fría, no con el propósito de calentarla con un conflicto abierto, sino con el de mantener viva la amenaza para que su planta industrial justificara el continuar produciendo armas para sustituir el gran negocio que le había significado la guerra que acababa de terminar.

Así, en lugar de cancelar las bases militares que estableció como apoyos para la guerra, las incrementó para formar una red completa para dominar los mares y los cielos del mundo, convirtiéndose en el policía internacional, con atribuciones arbitrarias para intervenir en cualquier país sin necesidad de conquistar sus territorios pero convirtiéndolos, de hecho, en sus colonias mediante el establecimiento de sucursales de sus grandes empresas, encargadas de surtirlas de las materias necesarias para elaborar los productos industriales que se envían de regreso para venderlos en los mismos países saqueados manteniendo así, cautivos, sus mercados.

Otra arma, verdaderamente perversa, fue la de acusar de comunistas -la ideología que supuestamente privaba en la Unión Soviética- a todos aquellos que se atrevieran a criticar sus métodos, iniciando una macabra cacería de brujas que tomó el nombre de Macartismo -por ser el senador Joseph McCarthy quien la inició- y tuvo su apogeo en la década de 1950 para convertir a los Estados Unidos, país que nació bajo la bandera de la libertad, en uno de los países más represivos del planeta.

América Latina es nuestro patio trasero. Esta expresión despectiva, presente en los gobernantes de Estados Unidos -en unos más que en otros y desde sus inicios- refleja con nitidez su intención de apoderarse de todo el territorio que ocupa nuestra región porque nuestras riquezas les asegurarían su permanencia como potencia mundial.

Y de hecho lo lograron en gran medida en la segunda mitad del siglo XX y hasta la fecha, mediante la estrategia establecida por Truman.

Esto lo veremos en nuestra próxima entrega, especialmente en lo que se refiere a su nefasta influencia en nuestros sistemas educativos, para concluir esta etapa con un complemento sobre los proyectos del candidato electo.

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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