Opinión

De intocables, inocentes y justicia / Mareas Lejanas

El general Mattis, secretario de Defensa de los Estados Unidos, acompañado de un séquito de norteamericanos trajeados y un grupo de altos mandos del ejército vietnamita, da la vuelta por un área utilizada para guardar desechos de armas químicas de la guerra de Vietnam cerca de Ho Chi Minh. El agente naranja, que ha estado en el lugar por décadas, se ha infiltrado en los mantos acuíferos de la región, afectando a la población con malformaciones y enfermedades. Los estadounidenses se encargaron de rociar a Vietnam con esta sustancia herbicida para evitar que los soldados del Vietcong se escondieran en los árboles. La lucha por la libertad se libraba masacrando campesinos. Las víctimas jamás recibirán compensación, su caso fue rechazado por la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos en 2009.

Uno de los líderes de la estrategia de contención del comunismo -para la cual destruir Vietnam era solo un proyecto más- es Henry Kissinger. Refugiado judío alemán en Estados Unidos, escapó de la Alemania Nazi en 1938. Luego fue reclutado para pelear con el ejército estadounidense en el teatro europeo, donde destacó por su inteligencia y fluidez en el alemán. Al volver, estudió ciencia política en Harvard y tuvo un vertiginoso ascenso en la política al llegar a ser Secretario de Estado de EEUU.

Desde esa posición, Kissinger, entre otras atrocidades dirigió el esfuerzo de guerra contra los vietnamitas, dio luz verde a la dictadura argentina para su guerra sucia, apoyó el asesinato de Salvador Allende y el paralelo golpe de estado en Chile y aprobó campañas de bombardeo en Laos y Cambodia, Kissinger, como él mismo explica en sus numerosos (y académicamente excelentes) textos sobre relaciones internacionales, cree en la Realpolitik.



En esta visión, los propios intereses son lo primero y todo lo demás va después. El mundo es un juego de suma cero: lo que uno pierde, otro lo gana. Con estos principios, la estrategia desde la perspectiva norteamericana era evitar el establecimiento de regímenes comunistas, cueste lo que cueste. El ejemplo del agente naranja nos permite ver cuáles pueden ser las consecuencias de esta clase de pensamiento.

Kissinger vive, y es posible verlo en fotos con todos los presidentes norteamericanos en memoria reciente. Además, es una leyenda de la literatura sobre geopolítica, siendo un referente básico de las Relaciones Internacionales por sus lúcidos escritos. Incluso le fue entregado el Premio Nobel de la Paz por un armisticio en Vietnam que acabó por derrumbarse, lo que causó la renuncia de dos miembros del comité. Siendo justos, cabe agregar que trató de devolver el premio.

La semana pasada fue a la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés), uno de los bastiones de izquierda en el sistema universitario norteamericano. Rescato las siguientes palabras, que una estudiante, Madison Kelts, dedicó al honorable Quique Besitos.

“Durante su periodo como secretario de Estado y Consejero de Seguridad, Henry Kissinger perpetró violencia y crímenes masivos contra la gente de Vietnam, Laos y Camboya ,y campañas de bombardeo ilegales y secretas. Es un belicoso imperialista que tiene que responder por cientos y cientos de miles de muertes innecesarias por las que no ha respondido.”

Un Kissinger viejo se muestra impávido ante estas acusaciones, a las que está acostumbrado. Cuando se le cuestiona sobre sus acciones, responde con calma que era lo que estaba en el interés nacional. Morirá de viejo, libre, rico y poderoso. Mientras tanto, en Ho Chi Minh, habrá que esperar un año más para comenzar a sacar el agente naranja del suelo. Hay injusticias, presentes y pasadas, que nunca serán corregidas. Lxs periodistxs en México, lxs activistas en Medio Oriente, los defensores ambientales en el mundo son los verdaderos héroes y referentes, no los poderosos que asesinan sin piedad.

 

@joseemuzquiz | jemuzquiz@gmail.com

 

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José Eduardo Múzquiz Loya

José Eduardo Múzquiz Loya

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