El doble rasero. La crítica al feminismo / Disenso - LJA Aguascalientes
03/03/2024

Una joven le grita a quien parece ser un invidente. El invidente se repliega contra otra mujer que lo rechaza. La joven que lo encara y amenaza por fin se decide: lo jala y arroja del vagón del metro exclusivo para mujeres de la Ciudad de México. El vídeo circula como la enésima prueba de la violencia del “feminismo”. Un ejemplo más de esas mujeres a quienes se les llama, en franco despropósito y alevosa desproporción, feminazis. Poco a poco fueron surgiendo nuevas versiones que hacían menos decisivo el juicio hacia la violenta actitud de la joven: que el hombre en realidad fingía ser invidente, que estuvo acosando a varias de las pasajeras, que se le pidió varias veces que descendiera del vagón. Estos comentarios han aparecido en Facebook por las propias testigos presenciales. Independientemente de la complejidad de la situación llama poderosamente mi atención la reacción que se tiene para con las acciones más radicales de los feminismos (que entiendo, son muchos y muy variados). Llama mi atención porque parece haber un lobby (espontáneo, orgánico, si los epítetos valen) dedicado a demostrar qué tan pernicioso es el feminismo. Yo realmente lo lamento.

Cierto es que algunas fracciones feministas son poco dadas al diálogo –breaking news– pero eso no tiene nada que ver con el feminismo, ni con sus valores, ni con sus objetivos. En todo caso, como seres humanos, somos proclives a que buena parte de nuestros especímenes sea cerrado al diálogo. Por cierto que las voces que el feminismo -incluso el radical- intenta contrarrestar son también poco afectas al diálogo, pero además aducen condenas morales, terrenales y ultraterrenas, castigos imaginarios infinitos en crueldad y eternos en duración. Decir que algunas feministas son radicales y no “abonan” al diálogo es una verdad de perogrullo que no merece la pena atender. Que todo debería poder cuestionarse, que problematizar es algo que a la postre será sano para cualquier movimiento es verdad, pero sus elementos radicalizados no pueden llevarnos a generalizar para todo el movimiento. Puede ser que la chica del vagón haya tenido una actitud desproporcionadamente violenta, pero no deja de ser significativo que se haga viral como crítica a “la violencia del feminismo”, esa generalización es abusiva e idiota, porque no considera la complejidad histórica que puede llevar a una mujer a defenderse así, o a estar incluso a la ofensiva, si se quiere.

Pero también llama la atención la propia inconsistencia que tenemos para hacer juicios. Por coincidencia hace apenas unas semanas vi otro vídeo que se hizo viral: un joven baila en un antro. Otro, al parecer sin intención alguna, le roza apenas la espalda. El primero voltea y le asesta un certero golpe que lo derriba. Comienza una trifulca en donde el joven protagonista deja a media docena de jóvenes noqueados (alguno incluso se convulsiona). Los comentarios en este vídeo lo señalan como Don Vergas (mención aparte que acaso la palabra favorita de los hombres para referirnos al miembro reproductivo sea aquella que hace alusión a la medida que permitía históricamente tasar el valor de una embarcación, como si aceptáramos sin pudor alguno que tomamos a bien que nuestro valor esté en función de la anatomía), risas, aplausos, por supuesto sí, algún comentario señalando su exagerada reacción pero nadie pretendiendo desacreditar a los hombres que bailan, o a los que van al gym, o a los que son de la misma clase social. Y es que esto es lo ridículo de seguir criticando al feminismo a través de cualquiera de sus representantes. Independientemente de si la chica del metro tenía razón o no, por un lado, la reacción social es opuesta en ambos vídeos, por otro, sonrojarnos por una mujer que actuó de manera violenta contra un hombre (incluso si es invidente) es un poco doble moral en un país donde las mujeres (incluso las más cercanas a nosotros) son violentadas todos los días. Mujeres todas en general amedrentadas, exhibidas, presionadas, juzgadas, acosadas.

Es evidente que algunos feminismos tienen muchos aspectos criticables, aunque no me parece más urgente esa crítica que la crítica a lo que originó en primer lugar los feminismos (el asqueroso machismo, sin medias tintas ni excepciones). Es evidente también que no sería mala idea generar diálogo, intercambiar opiniones, construir. Pero es natural, por otro lado, que a algunas mujeres no les apetezca hacer esto. Mujeres que desde su infancia han estado rodeadas de agresiones, sutiles o arteras, día tras día. Sin embargo lo más pernicioso de todo es que no sólo no colaboremos generando cambios urgentes, sino que nos aprestemos a criticar las fallas, a magnificar las excepciones. Les reto a que piensen cuántas veces han visto a una mujer violentando a un desconocido, como ésta del metro y cuántas veces han visto a un hombre nalguear a una mujer, gritarle algo sobre su aspecto físico, intimidarla con una cercanía corporal abusiva. Piénselo un poco. Y sonrójese.

 

/Aguascalientesplural | @alexvzuniga


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