Opinión

Ganadoras del Premio Dolores Castro y la zalamería a la alcaldesa de Aguascalientes

Marlén Curiel Fermman, Jazmín Cachaux, Alejandra Eme Vázquez e Ingrid Bravo obtuvieron el Premio Dolores Castro 2018, en las categorías de poesía, narrativa, ensayo y dramaturgia, respectivamente; el trabajo de las escritoras se hizo acreedor a un premio económico de 35 mil pesos, así como a la publicación de la obra, volúmenes que fueron presentados en el Teatro Morelos de Aguascalientes, en el Festival Cultural de la Ciudad de Aguascalientes, en donde estuvo presente la poeta Dolores Castro.

Tras la ceremonia de presentación, se repartió a los asistentes la cuidada publicación de las obras ganadoras de la séptima edición del premio que convoca el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC) para literatura escrita por mujeres, cuatro libros (Cantos Eléctricos, poesía; Martha: una Carta, narrativa; Su Cuerpo Dejarán, ensayo; y El Mar en las Cuencas de las Manos, dramaturgia), los volúmenes incluyen las menciones honoríficas obtenidas por Cristina Rentería Garita (Oír con los ojos. Estampas de la violencia en México, en narrativa) y Amaranta Osorio (dramaturgia: Bonita). Estos ejemplares, además, presentan el trabajo visual de cuatro artistas: Adriana Hernández, Yoliztli Ramos, Alicia Cruz y Viridiana Martínez.

Las líneas anteriores son el núcleo de la nota informativa de la ceremonia realizada el lunes en el Teatro Morelos, lo realmente importante, los nombres y obras de las escritoras, de las artistas; después de todo, un premio para reconocer literatura escrita por mujeres es, básicamente, una acción afirmativa; por eso no inicié este texto señalando con orgullo que conozco el trabajo de Alejandra y Marlén, quienes han colaborado en La Jornada Aguascalientes y así lo apuntan en sus semblanzas, que asistí a la premiación con la ilusión de escucharlas leer y, por supuesto, obtener sus obras premiadas, porque no se trata de mí, ni tampoco que hayan obtenido el premio por su relación con este diario, insisto, se trata de ellas y lo que se ganaron con su trabajo.

Si el propósito de una acción afirmativa como el Premio Dolores Castro es convertirse en una política pública que logre “borrar o hacer desaparecer la discriminación existente en la actualidad o en el momento de su aplicación, corregir la pasada y evitar la futura, además de crear oportunidades para los sectores subordinados (…). Y son necesarias para vencer las resistencias al cambio, las dificultades, obstáculos y limitaciones que se levantan por doquier sembradas a diestra y siniestra en el largo y difícil camino hacia una igualdad de oportunidad verdadera”, como señala Anna M. Fernández Poncela, los medios de comunicación hemos quedado a deber, la cobertura mediática fue pobre, por no decir inexistente, apenas un día después, se difundirá el comunicado de prensa oficial relativo al evento, no se han procurado entrevistas con las escritoras, es muy difícil encontrar reseñas sobre las obras ganadoras (de cualquiera de las ediciones del premio) y, en general, a este tipo de noticias, en Aguascalientes, no se les da la importancia que tienen como para ocupar espacio en nuestras páginas.

La emoción de las ganadoras Ingrid Bravo, Alejandra Eme Vázquez, Jazmín Cachaux, Marlén Curiel Fermman, Amaranta Osorio y Cristina Rentería Garita, así como el reconocimiento de sus pares y el agasajo de contar con una publicación de sus obras, a lo que hay que agregar que se les invitó a Aguascalientes para la ceremonia de premiación, en donde se contó con la presencia de la poeta Dolores Castro, todo eso, bien vale una crónica, ellas, las escritoras, se la merecen, lamentable, no creo que alguien la esté escribiendo.

Pero si el papel de los medios ante el Premio Dolores Castro da pena, la actitud de la autoridad municipal es vergonzante, muestra la ineptitud de la clase política para preferir promocionar a sus funcionarios antes que a la ciudadanía, la incapacidad de los comunicadores oficiales, transformados en mercadólogos, para reconocer las bondades de una acción afirmativa y preferir difundir esa política como un logro personal. Otro paréntesis personal y fuera de lugar: decepcionado por la torpeza de la ceremonia de premiación, al llegar a casa comencé de inmediato a hojear los libros de las ganadoras, con el propósito de enriquecer la crónica que pudiera escribir, la sorpresa de ver la revisión de la vida de Nikola Tesla como pretexto en el poemario de Marlén Curiel Fermman y el arriesgado pero propositivo arranque en el ensayo de Alejandra Eme Vázquez, me hicieron desistir de la reseña superficial, las ganadoras del Premio Dolores Castro no se lo merecen. Detuve el impulso primero de escribir la crónica de la ceremonia porque no sabía si señalar la incompetencia del municipio capital podría ser entendido como un desdén hacia las escritoras, redacto en espera de ser suficientemente claro.

La ceremonia de premiación comienza a la hora que se le da la gana a María Teresa Jiménez Esquivel, quien media hora después de la cita, entra al Teatro Morelos y se le presenta exigiendo un “aplauso para la alcaldesa constituyente”, Parece una barbie, dice sorprendida una anciana, otra le contesta Se me hizo muy delgada, una tercera, fastidiada, pregunta ¿Ya va a empezar?, a mí me inquieta más saber de dónde sacaron lo de “constituyente” y si a la ambición de reelección no le basta el cargo de presidente municipal, pero lo olvido rápido, porque como el montón de adultos mayores que acarrearon para llenar el teatro no creo que nada valga la pena tener en espera a los asistentes, tampoco a las ganadoras.

En el escenario siguen los macetones desbordados de lechugas y follaje con que engalanaron la sesión solemne con que el Cabildo capitalino celebró el aniversario 443 de la ciudad, la vista de la fea escenografía se extiende porque, como siempre, antes que nada, hay que agradecer la presencia de los funcionarios que van a hacer montón, cuya única función es acuerpar a la alcaldesa Jiménez Esquivel, porque en este caso es lo que hacen, se entiende la presencia de Alejandro Vázquez Zúñiga, director general del IMAC, del regidor Netzahualcóyotl Ventura Anaya, como presidente de la Comisión Permanente de Cultura del Cabildo, ¿y las demás?, ¿qué papel desempeñan las regidoras Jennifer Kristel Parra y Mónica Ledezma Gallegos?, ¿a qué va Zayra Angélica Rosales Tirado, directora del Instituto Municipal de la Mujer de Aguascalientes? La conductora de la premiación da una pista, en el arranque de la larguísima lista de lugares comunes que se dirán, se explica que es un “hermanamiento de instituciones” que hacen posible el Premio Dolores Castro, ¿en serio?, ¿cómo contribuyen la Comisión de Igualdad y Género, la de Gobernación o el IMMA?, de ninguna manera, porque entonces exigirían el crédito correspondiente en la edición del libro, las regidoras harían alarde de su intervención, y el instituto municipal de la mujer lo cacarearía como la repartición de su tarjeta que incluye descuentazos del 10% en algunas dulcerías y zapaterías…

La conducción de la premiación se dilata en agradecer, de nueva cuenta, la presencia de la alcaldesa, incluso señala que el Premio Dolores Castro es ya una marca institucional del Ayuntamiento, ¿de dónde viene eso?, ah, claro, días atrás el municipio presumió con algarabía que ya se cuenta con marcas propias como ciudad, logro trascendental, el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial aceptó los títulos de registro de la letra “A” de Aguascalientes, el hashtag “Tú eres Aguascalientes” y el slogan “Aguascalientes, El Corazón de México”. Reitero, logros trascendentales, tanto como para omitir la presentación de las ganadoras o dejar al final a la poeta que presta su nombre al premio, para quien nomás alcanza el lugar común de “una poeta de su nivel y envergadura”, más tarde sumarán a estos clichés describir a Dolores Castro como orfebre, alfarera, filigrana de palabras… así, hasta la aburrición por la grosería.

¿A qué se va a la entrega de un premio literario?, hablando por mí, a escuchar a quien haya ganado el reconocimiento, pero el Ayuntamiento de Aguascalientes no toma en cuenta a las ganadoras ni al mérito literario, visto está en el acarreo de las adultas mayores de las Unidades de Exploración Artística que apenas logra llenar la mitad de las butacas; en la programación, en vez de darle voz a las autoras, se prefiere exhibir a dos niños de una escuela de altas capacidades para ponerlos a leer los textos de las contraportadas de los libros. Ah, porque la acción afirmativa que es el Premio Dolores Castro sirve también para caracterizarlo como una política para fomentar la lectura, sí, ajá, todo cabe en un jarrito.

La conductora sigue y sigue con los lugares comunes, enseguida, ¿por qué no?, el titular del IMAC, quien por improvisar declara que “Escribir literatura como mujer es difícil y eso es vergonzoso, es doloroso”, insiste en que el propósito es “normalizar lo femenino en la literatura”, cualquier cosa que eso signifique, mientras apoye la idea de lo generosa que es esta acción afirmativa… y ese es uno de los grandes problemas que evidencia la ceremonia, que al subrayar la excepción, que es un premio para literatura escrita por mujeres, no se contribuye a las resistencias al cambio a la igualdad, la arrogante presunción del logro lo distingue como anormalidad y, por si fuera poco, la presunción de una política pública que funciona no se hace con buenas intenciones o elogios cursis, sino con cifras que permitan la evaluación, ¿ha aumentado el número de mujeres participantes en el concurso, es menos difícil escribir como mujer, cómo se contribuye a la normalización de lo femenino?, o cualquier otro indicador que sirva para confirmar los buenos resultados de esta acción afirmativa… No lo hay.

Se acerca el final de la ceremonia, al menos no hacen la grosería de no permitir hablar a Dolores Castro, eso sí, después de que lo haga la alcaldesa María Teresa Jiménez, quien muestra su nulo interés por la actividad porque se dedica a leer, mal, el discursito que le prepararon, en el cual citó a Octavio Paz (que es un premio para literatura escrita para mujeres… sabe), se equivoca en los nombres de las escritoras ganadoras y, en general, hace un papel mediocre.

Tras el desarrollo del deprimente show montado para reconocer a las escritoras ganadoras, poco se puede esperar, Dolores Castro toma la palabra, destaca que la capacidad de sentir ternura, de conmoverse, es lo que distingue al hombre de los animales; que México ha de salvarse por su cultura y a las escritoras que la rodean les desea que toda su vida las ilumine la literatura. Y ya, eso es todo, la conductora retoma la palabra e instruye emocionada al público para que “la algarabía de este premio lo cerramos con broche de oro”, ¿cómo?, ah, sí, agradecer la presencia de las funcionarios, uno por uno, los regidores, los titulares de dependencia, con sus dos apellidos y cargo, cómo no, para finalizar con un gracias a todas las ganadoras.

A la salida, en una desorganizada mesa, pichicatean la cuidada edición del Premio Dolores Castro 2018, como si las ancianas que piden dos libros fueran a revenderlos o hacer “mal uso” del volumen, como en camión urbano, apuran a la fila a que avance y salga del teatro; del otro lado, las viandas y copas de vino desaparecen a una mayor velocidad que las torres de libros; afuera, crece la hilera de personas que asistirá al “magno” concierto de la Banda MS, en el cual, describirá el boletín de prensa, se preservó la seguridad y el orden gracias a los “operativos especiales de seguridad que se implementaron bajo la instrucción de la alcaldesa Tere Jiménez”, por supuesto, cómo iba a ser de otra manera, ni una sola hoja en la ciudad de Aguascalientes se mueve de manera correcta si no es bajo el influjo, órdenes o ojo avizor de la presidente municipal que en febrero buscará su reelección… Viva Aguascalientesn.

La gente comienza a despejar las mesas, adentro, en el teatro, las escritoras rodean a Dolores Castro, al menos se van a ir con esa satisfacción, porque Alejandra Eme Vázquez, Marlén Curiel Fermman, Jazmín Cachaux, Ingrid Bravo, Amaranta Osorio y Cristina Rentería Garita, esas escritoras, esas ganadoras, esas mujeres y su trabajo, merecían el reconocimiento al que se hicieron acreedoras, no una ceremonia de premiación zalamera con las intenciones políticas de Jiménez Esquivel.

 

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Edilberto Aldán

Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
@aldan

3 Comments

  1. mariana
    25/10/2018 at 11:32 — Responder

    En definitiva, hay medios de comunicación que dejan mucho que desear, creo que leo un diario personal, no una nota.

  2. Rocío González
    28/04/2019 at 22:49 — Responder

    Mil gracias Edilberto Aldán, tu artículo de opinión (tu texto está ubicado en el apartado de opinión, no en el de notas periodísticas) me ha dado mucho en qué pensar. Si decidiera participar en este concurso, ya veo a que me podría enfrentar. Gracias por la valoración que haces de las escritoras

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