Opinión

La madre maldita de Frankenstein (Primera parte) / Un cuarto propio

A 200 años de la publicación de Frankenstein o el moderno Prometeo.

Yo como el monstruo llevo un infierno dentro de mí. Mary Shelley

 

El 30 de agosto de 1797 nació Mary Shelley para quien se había pensado una brillante vida, su nacimiento marcaría el culmen de la relación entre Mary Wollstonecraft y William Godwin, ella sin lugar a duda una de las precursoras del movimiento feminista, él un iniciador del movimiento anarquista.

Mary Wollstonecraft aquella mujer adelantada a su tiempo había mencionado una frase que envolvería el debate sobre el derecho a la autonomía e independencia de las mujeres: Las mujeres no deseamos tener el poder sobre los hombres, sino sobre nosotras mismas. Wollstonecraft habría desenmascarado la trampa de la masculinidad evasiva y reacia a cuestionar sus privilegios sobre el uso, la explotación y la cosificación del cuerpo de las mujeres en nombre de la “naturaleza”.

En plena revolución industrial denunciaba los costos de la producción en cuidados y trabajo doméstico para las mujeres, hacía visible lo invisible, la maternidad no debía ser un destino para las mujeres aún y cuando ella había dado a luz a dos Fanny y Mary, destinada a continuar con el legado de una mujer que rompería las barreras de su época.

“Las mujeres no son por naturaleza inferiores a los hombres, son educadas de forma diferente y eso las marca haciéndolas eternas infantes incapaces de tomar decisiones porque la perfección de su belleza es la forma más sutil de mantenerlas ignorantes”. Así describía perfectamente Mary Wollstonecraft la relación entre hombres y mujeres, datos que quedaron plasmados en su libro: Vindicación de los derechos de la mujer. Con este libro no sólo daba voz a las mujeres que la habían antecedido en la lucha por la libertad de nuestro género, también daba voz incluso a aquellas que aún no habíamos nacido.

La respuesta de Vindicación de los derechos de la mujer, no fue un hecho aislado y sin sentido, fue como suele ocurrir en el feminismo, un acto político contestatario hacia una postura de conflicto con los grandes patriarcas pensadores de aquel entonces, Edmund Burke conservador reaccionario escribía sus reflexiones radicales sobre la revolución francesa disintiendo de Los derechos del hombre, libro escrito por Thomas Paine, pero Wollstonecraft llegaba más lejos, indignada cuestionaba ambas posturas y sus ideas sobre la participación y aportación de las mujeres haciendo referencia únicamente a su belleza y feminidad enclavadas en características triviales, vanas y únicas de aquellas que también habían dado la vida en la revolución francesa (1790-1799).

Así Mary Wollstonecraft daría respuesta a los más fuertes debates entre intelectuales de la época, plasmando su voz de mujer en el centro de la atención con su libro, Vindicación de los derechos de la mujer, si hoy se oye el título como un acto radical y provocador, imagínense hace 228 años cómo resonaba.

Corría 1797 aquellos días donde se divide agosto de septiembre, el parto de Mary no había sido sencillo, el nacimiento de su hija era muy esperado pero sólo 11 días después de dar a luz a su pequeña, Mary Wollstonecraft moriría, dejando así una herida que luego supimos nunca cerró para aquella recién nacida.

Muy pronto el padre de Mary Shelley, aquel filósofo, político y reconocido anarquista al verse con dos hijas de quienes quedaría cargo, decidió buscar a otra mujer, la madre sustituta, pues los cuidados de esas dos niñas, Fanny y Mary no serían algo que su desmesurado amor realizaría, así fue como William Godwin contrajo matrimonio con su vecina Jane Clairmont que para entonces ya contaba con dos hijos, de pronto la familia había crecido tanto que la pequeña Mary no tuvo ninguna atención especial, por el contrario vivió con el eterno reproche y años después ella misma lo mencionaría, con el odio de su padre por representar la muerte de Mary Wollstonecraft, aunque lo cierto es que muere debido a la fiebre puerperal, en esos tiempos era costumbre el coito en el periodo de embarazo o inmediatamente después de dar a luz.

A los 17 años, harta del odio de su padre decide escapar de casa con uno de los discípulos de Godwin, Percy Shelley un joven poeta y filósofo con quien tuviera una relación por ocho años.

Desde entonces, sin saberlo Mary Shelley estaría encarnando la historia de su madre, una mujer adelantada a su tiempo que tendría que luchar contra el prejuicio, la maldición de su padre, las críticas de la gran mayoría de escritores y desde luego el desdén de la clase intelectual de la época que miraba los escritos de las mujeres como obras inacabadas eso y el desprecio misógino la hicieron correr de Inglaterra para buscar su vida en otra tierra.  

En los años posteriores, Mary Shelley intentaría una y otra vez dar a luz sin conseguirlo, sus hijos morían tal pareciera que ella sólo era capaz de dar muerte. El feminismo, el anarquismo y el ateísmo habían rodeado el crecimiento de Shelley, su voz crítica tuvo que pagar costos muy altos por su revelación, desde su niñez idolatro la obra de su madre, continuaba sus cuestionamientos, sus posturas políticas y filosóficas desafiantes a una sociedad victoriana impregnada del conservadurismo europeo. Una y otra vez soñó a su madre, ella le hablaba o al menos eso era lo que sentía cada vez que despertaba, las palabras crecieron en las sombras de sus sueños, se volvieron pesadillas inexplicables pero curiosamente fue ahí que Mary Shelley logró dar vida a eso que causaba desasosiego en la sociedad, miedo en las familias, horror a la intimidad, algo existente fuera de la creación divina, una nueva era abrió con su escritura, además de la ciencia ficción adelantada doscientos años y quizá más plantea la vida y la existencia de los cuerpos no funcionales, presenta a los ojos de las lectoras y lectores la posibilidad de un cuerpo desgarrado y cosido y con ello la esperanza de nacer, como ella, de la propia destrucción.

 

@Chuytinoco

 

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Chuy Tinoco

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