Opinión

Las y los niños primero / Matices

En México hay una profunda desigualdad, es una de las tres agendas urgentes del país: seguridad, desigualdad y corrupción. No podemos seguir afirmando que los pobres son pobres porque quieren, ya que como afirma Branko Milanovic, el lugar de nacimiento explica más la desigualdad que las actividades que se desarrollan.

No es lo mismo nacer en México que en Noruega, desde el momento del nacimiento hay preconfiguraciones sociales para el desarrollo de una persona. Pero más explícito aún, no es lo mismo nacer en Jalisco que en Oaxaca y dentro de Oaxaca no es lo mismo nacer en la capital que en la sierra o que en el municipio más pobre del estado. Esto determina preconfiguraciones que quedarán injertas para toda la vida. El gran reto del gobierno es que nazcas donde nazcas, tengas un piso parejo.

Evidentemente hay influencia genética en el desarrollo de las personas, pero al menos en lo que corresponde al desarrollo educativo y cultural, ahí, el gobierno tiene que intervenir de manera eficaz.

¿Cómo va a hacer lo mismo nacer en una familia donde los padres cursaron la universidad, donde los tíos cursaron la preparatoria, donde llega el periódico diario, donde hay al menos una televisión e internet; que en una familia donde ningún miembro ha cursado la preparatoria, donde no hay televisión, no hay internet y por ende no existe la información suficiente sobre los estudios universitarios, donde se desconoce la oferta académica o el proceso de trámite?

Por lo anterior es que la transparencia y el acceso a la información resulta fundamental, la información no sirve de nada si no transforma la vida de las personas para una vida más igual, si las licitaciones no llegan a todos los empresarios, los pequeños y los grandes, si la información de los programas sociales no llegan a todos los habitantes, los de cabecera y los de la sierra, si la oferta educativa no llega de la misma calidad a todos los estados: los de provincia y los de la capital, los del interior y los del exterior.

Por ello resultan fundamentales las políticas públicas de llevar internet al 100% del territorio, llevar infraestructura para que el derecho al acceso a la información se cumpla. Sin embargo, no es suficiente.

En este país con una profunda desigualdad, evidenciada por Chilango y periodismo CIDE en un espectacular trabajo, necesitamos medidas radicales enfocadas en la niñez temprana para que ese piso parejo se dé de manera inmediata. La política educativa y cultural debe poner al centro a la niñez y entre más temprana, mejor.

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación presume porcentajes altos de cobertura en la niñez, sin embargo, no existen contenidos educativos claros para el desarrollo igualitario, eso no se ha traducido en la disminución de la pobreza o de la desigualdad. No hay políticas públicas eficientes para la niñez. Es en la niñez, según múltiples lecturas, cuando se apropian de valores esenciales como superar la frustración, la tristeza, canalizar la alegría, desarrollar habilidades y se moldea la personalidad. Es ahí, a ese sector, al que deberíamos enfocar las fuerzas públicas y políticas.

He leído en algunos líderes de opinión, que los esfuerzos de producir teatro para bebés son en vano, porque “no tienen conciencia”, “no valoran” y “no vale la pena”. En ese tenor, no hay políticas culturales y educativas en México claras para los bebés. Para esos bebés que se quedan en las guarderías porque sus padres tienen que trabajar jornadas de 8 horas. El diseño de una política transversal clara que incentive el desarrollo de los bebés, la recreación, la convivencia y las habilidades motoras, puede ser un gran inicio para poner pisos parejos. (Claro, sin descuidar una visión desde la política de salud que refuerce la estrategia de vacunación donde se evidenció un desorden o la cobertura universal a la niñez.)

No hay una política nacional para diseñar espacios públicos amigables para los bebés, hay casos excepcionales, por ejemplo, parques en Guadalajara donde los juegos son de bajo riesgo, baja estatura y el piso es de corcho para evitar lesiones. Sin embargo, son excepciones, los espacios públicos son agresivos en su mayoría, para los bebés y para la infancia menor.

Hay pocos espacios culturales para la infancia menor, también son contables los espacios deportivos para ellos, además claro de los educativos que no tienen contenido exclusivo para el desarrollo de las y los bebés. Algunos dirán que existen ludotecas, espacios de preescolar bilingües o espacios culturales para bebés, de nueva cuenta, casos aislados que no están al acceso de la mayoría de la población sino al acceso de los deciles más altos en nuestro país. El desarrollo igualitario desde la niñez temprana no puede ser un lujo.

Necesitamos una visión que ponga a la niñez en centro, sobre todo de la política educativa y cultural, necesitamos transformar los modelos asistencialistas de los programas sociales, transformar la política social del DIF y hacer del espacio público un lugar más amigable para la niñez. No solo se trata de combatir la desigualdad o de transformar la calidad de vida, sino de construir una sociedad de paz, un tejido social sólido y de construir un mejor futuro para todos.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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