Lo que esperamos de López Obrador / Matices – LJA Aguascalientes
23/09/2020


Se ha escrito demasiado de que la elección de AMLO es una consecuencia de múltiples factores, la hambrienta corrupción, la creciente desigualdad, la descarada impunidad y la deshumanizada inseguridad.

La 4ta transformación tiene una narrativa revolucionaria, que busca llevar al presidente a los libros de historia, erradicar la corrupción con austeridad y con la pureza del presidente y transformar el país por decreto. No sucederá así, si bien el voto fue un plebiscito claro de cambio de régimen, es ahora a la nueva clase gobernante a quien le toca transformar ese régimen, transformar las instituciones y lo que más esperamos algunos, sobre todo, transformar la cultura política.

En un claro guiño a la clase fifí, César Yáñez salió en la portada de Hola, lo que tiene muchas lecturas y significados. Ahí no pagas por estar, te pagan por estar, una revista rosa, dirigida a un sector rosa. A ese sector que históricamente ha financiado la guerra sucia en contra de AMLO. El guiño parece más que evidente. Pero la decepción es doble: no hay diferencias entre eso y la portada con Peña Nieto y Angélica Rivera.

La molestia es tanta porque de la 4ta transformación se espera demasiado, se espera esa transformación de la cultura política y se espera una calidad moral en la clase gobernante que no se ha visto en las últimas décadas.

León Krauze lo escribió atinadamente: “El compromiso central y más loable del lopezobradorismo es un cambio en los estándares morales de conducta pública. En eso consiste su compromiso de renovación de la clase política. Este tipo de gestos contradicen la esencia misma de esa promesa.”

Para cambiar esos estándares de la conducta pública se necesita algo que López Obrador ya tiene, el dominio de los símbolos y algo que en campaña le faltó: congruencia y la unidad de personaje público. Esa unidad que le da más importancia a lo que es que a lo que se pregona.

Lo que esperamos de López Obrador es no repetir esos mecanismos que alejan a la ciudadanía de la clase política como los lujos, las portadas de la Revista Hola y las bodas ostentosas. Es cierto, cada quien puede casarse como quiera, pero cuando se es figura pública y planteas transformar los estándares de conducta se deben tener más consideraciones.

Lo que esperamos de López Obrador es una austeridad ejemplar, que siga en su carro, que siga en los vuelos comerciales, que no use ropa lujosa, que no traiga a un tatuador de Hollywood para su hijo, que su esposa no coma en los restaurantes más caros de París, que no se compre una casa construida y calculada por Riobbó y que no lo haga ni Yañez ni Monreal.

Lo que esperamos de su gobierno es que no se utilicen los recursos públicos para financiar campañas políticas, que los famosos súper delegados no hagan política electoral con programas sociales, que el censo que está realizando Morena no sea utilizado con fines electorales y que no se lucre con la pobreza.

Lo que esperamos de López Obrador es que deje a las y los periodistas a ejercer su trabajo y los atienda con seriedad, que sea un sexenio de la libertad de expresión y que transforme los rasgos machistas de la política en conductas feministas dentro de ella. Lo de desaparecer la figura de primera dama es una gran señal, llamarle corazoncitos y besar a las reporteras, no.

Lo que esperamos de López Obrador, es que pida perdón de sus errores, que reconozca sus equivocaciones, que no permita la corrupción de sus cercanos ni proteja la de los gobernadores o legisladores.

Que dialogue, que escuche y que no comunique verticalmente.

Lo que esperamos de López Obrador es que termine con prácticas políticas arcaicas, como la trampa, el engaño, el soborno, el miedo, el paternalismo, la hegemonía, el patriarcado o el nepotismo en la política, que no permita que sus hijos sean los que tengan todo el poder, imitando las prácticas priistas.

Lo que esperamos de López Obrador es que los estándares de la conducta pública se transformen a tal nivel que las nuevas generaciones se entusiasmen de participar en política y no la rechacen y que la política sea una profesión deseable y no desechable.

Aunque suena sencillo, esa verdadera transformación de la conducta pública y de la cultura política implica cambios legales, institucionales, constitucionales y morales. Implica un plan de austeridad en serio, implica una regulación de comunicación social agresiva, implica códigos morales y de ética pública puntuales, implica programas para regular conflictos de interés reales y funcionales. Implica independencia real a fiscales anticorrupción, auditorías, contralorías y a la secretaría de función pública. Implica un rompimiento de la relación entre el partido político y el gobierno, implica un respeto real a la autonomía de los poderes.

Esa transformación es la que esperamos, por eso me sorprende que los defensores de AMLO minimicen las críticas por la portada de Hola, por llamarle corazoncito a la prensa o por la ovación en las Cámaras, de AMLO se espera una transformación de estándares en la conducta no una continuidad, se espera un cambio de régimen, no un cambio de partido en el gobierno.

Exigir lo que se espera, al menos, sí es nuestra responsabilidad.

 


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