Cultura

Todo autor escribe de lo que vive y una parte sustancial de lo que vive es también lo que lee | Entrevista a Álvaro Uribe sobre Historia de historias

 

  • El universo de Uribe es el universo de la prosa. Un universo que no distingue de reglas, de identidades, de nacionalidades. Un universo distinto

 

“Formado en una escuela librepensadora que no se entusiasma demasiado ante nociones como “lo nacional”, “los géneros”, “lo generacional” o “la carrera literaria”, Uribe se desenvuelve en un territorio provisional donde la escritura sigue siendo peligrosa -tanto para el autor como para el lector-, un campo de batalla en el que cada texto es su propia técnica y teoría: su propia tela, valga decir, su propio género.” Así define el escritor mexicano Julián Herbert en el prólogo de Historia de historias la labor narrativa, del escritor Álvaro Uribe.



Historia de historias publicada por la editorial Malpaso reúne los 41 cuentos escritos por el escritor nacido en la Ciudad de México en 1953. Cuentos que fueron publicados en los libros Topos de 1980, El cuento de nunca acabar de 1981, La linterna de los muertos (y otros cuentos fantásticos) del 2006, además de tres cuentos inéditos que se publican ahora en este libro que reconstruye el camino de uno de los mejores cuentistas mexicanos vivos. Uribe es también autor de las novelas La lotería de San Jorge de 1995, Por su nombre de 2001, El taller del tiempo de 2003, Expediente del atentado de 2007, Morir más de una vez de 2011 y Autorretrato de familia con perro de 2014, que le mereció el Premio Xavier Villaurrutia. Además es ensayista y ha sido agregado cultural en Nicaragua y consejero cultural en Francia.

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Por los cuentos de Uribe podemos encontrar lo mismo a monjes celosos de la doctrina cristiana que a Homero, a Leonardo Da Vinci, Borges, que a unos muchachos pachecos que cruzan la ciudad para ir al estreno de la más reciente película de Fellini. Profundidad, brillantez, una prosa medida, pero también muchos niveles narrativos, son lo que podemos encontrar a lo largo de las páginas de este libro, que logra reunir una obra que mana del Borges más brillante, pero en la que podemos encontrar por supuesto ecos de Cortázar, de Arreola, de José Agustín, de Bioy, de una pléyade de escritores, de cuentistas de las más diversas tradiciones, que conviven y dialogan en la obra de Uribe de una manera extrañamente natural, pues tal pareciera que estuviéramos leyendo, acercándonos a todos esos ecos, a todas esas voces, pero para encontrarnos de frente con una voz nueva, distinta, poderosa. Sin duda Historia de historias nos lleva de golpe a un universo narrativo nuevo, distinto, propio. El universo de Uribe, que tal como nos dice Herbert en el prólogo, es el universo de la prosa. Un universo que no distingue de reglas, de identidades, de nacionalidades. Un universo distinto:

“La  propuesta vino del editor Rafael Lemus, para poder reunir y publicar todos los cuentos que he publicado hasta el momento,  a él se le ocurrió pero también coincidió con una especie de deuda que yo tenía conmigo mismo, porque este libro estaba compuesto por tres volúmenes de cuentos distintos, el primero que se llama “Topos” que salió en 1980, y el segundo que se llama “El cuento de nunca acabar” que salió en 1981, son libros prácticamente inencontrables, hace años que no existen, el tercero de ellos que se titula “La linterna de los muertos” que publicó el Fondo de Cultura Económica en 1988, y después en 2006, ese libro también está agotado, entonces  es como sí los libros prácticamente no existieran, y me pareció una muy buena oportunidad de que volvieran a salir a la circulación y juntar una labor que ya tiene prácticamente cuarenta años, desde que empecé a publicar libros, me pareció muy buena idea y que además fuera una propuesta que como dicen en las películas, no puedes rechazar.” Nos comentó Álvaro Uribe en entrevista.

Javier Moro Hernández (JMH): En alguna entrevista dices que en considerabas a estos cuarenta años de labor como un proceso de “involución” en un sentido de broma, pero ¿Cómo ves ahora los cuentos a partir de esta luz que dan todos estos años publicando?

Álvaro Uribe (AU): La decisión de publicar el libro implicaba inmediatamente que iba a tener que releerme, que no es una práctica que yo frecuento, es algo que no se lo aconsejó a nadie, en ese sentido es que hablaba yo de la posible involución, es que cuando uno se vuelve a leer, te quedas entre dos extremos, uno es pensar que todo este proceso ha sido una evolución y entre tu primer texto y tu último texto no ha habido más que logros y mejorías, esa es una posibilidad que yo desde luego no incurro en ella, pero la segunda posibilidad podría ser muy negativa es que pienses que mal escribes, entre esos dos extremos lo que yo hice fue hacer algunas correcciones escasas a los cuentos, y tratar de leer los primeros dos libros cómo alguien que ya no existe, que es lo que sucede, es un joven que fui yo, que tenía una cantidad de experiencias en conjunto, pero esencialmente no somos la misma persona, entonces no creo tener el derecho a corregirlo y a discutir con él, cuando era un joven con buenas intenciones, muy emprendedor, y con muchas ganas de hacer cosas, porque además ese impulso de hacer cosas, tal vez sí se pierde con la edad, como que te vuelves más mañoso y más desconfiado de tus propias ideas, y varias de los textos que escribí entonces me hubiera dado miedo escribirlos ahora, tal vez antes de escribir sobre Da Vinci o de Homero, que tengo cuentos en esos libros que abordan a estas figuras, ahora me sentiría obligado a leer muchísimo para estar seguro de que no voy a meter la pata, entonces tenía la ventaja de la juventud y me aventaba a escribirlos, ese tipo de cosas no me atrevería a corregirlas.

JMH: Me sorprendió mucho que en los primeros cuentos del libro, los que corresponden al libro de “Topos”, es la brevedad y la concisión, son prácticamente micro-ficciones, en un momento en el que no se hablaba de este subgénero. 

AU: No se hacía tanto, hay un escritor alemán que fue contemporáneo de la generación del lago, se llama Günther Tigh, que escribió un libro que se llamaba también “Topos”, un libro que pasó prácticamente desconocido, pero yo tuve la fortuna de conocerlo por un amigo que es un gran traductor del alemán, supongo que ese libro me influyó mucho para escribir textos tan breves, porque son “topos” en el sentido de los animales, eso en español no quedan tan claro, pero como yo veo estos textos es como si fuera el joven autor, que era yo, un topo, o sea un animal ciego que va por dentro de la tierra y que de pronto sale a luz y lo que describe es el deslumbramiento, eso era lo que yo quería hacer, dicho de otra manera, son experimentos con la prosa, a ver qué puedo hacer, qué podía hacer yo en ese momento, con narrativas muy breves, hasta hay casi poemas en prosa, que resultan difíciles de desentrañar, y hay textos más convencionales que parecen casi crónicas, entonces en ese momento estaba haciendo experimentos en todos los registros de mi prosa para saber cuáles me convienen más y el resultado es libro de “Topos”. 

JMH: Dice Julián Herbert en el prólogo que es difícil ubicar a Álvaro Uribe dentro de una tradición del cuento nacional, a pesar de que el cuento tiene grandes exponentes ¿Sientes que estás exiliado o fuera de esta tradición?

AU: Desde luego le agradezco a Julián Herbert todo el prólogo, no solo esa opinión, pero yo sí creo tener afinidades e influencias de dos grandes exponentes del cuento nacional, que son Augusto Monterroso, que no por ser guatemalteco deja de pertenecer a nuestra tradición, y con quien tuve el placer de ser su alumno, y en segundo lugar fue a Juan José Arreola, a quien conocí menos, pero fui su alumno en la UNAM y después edité un libro suyo, y debo decir que abrevé de su trabajo, aunque suene muy literal, pero diría en mi defensa que el propio Arreola declaró que nada de lo que él había escrito ya lo había escrito alguien más, y esa es la tradición mexicana y universal a la que me afilió, pero debo decir que yo no veo que haya una frontera alguna entre lo que se escribe en México y lo que se escribe en el resto de América Latina, de manera que uno de mis maestros más claros es Borges, por supuesto, pero también Cortázar, a quien leí con devoción, Bioy Casares por supuesto, a quienes considero parte de mi tradición como los mexicanos, no veo por qué delimitar las fronteras, pero la otra cuestión es que tengo la fortuna de leer con soltura en inglés y francés, entonces he leído a grandes cuentistas, como Edgar Allan Poe, Henry James, a quienes estudié con detenimiento, pero sí creo que todo es parte de una misma tradición. 

JMH: En tu quehacer literario has venido desarrollando el cuento a partir de la imaginación literaria. Es decir, existe en los cuentos de tus primeros libros, un diálogo con estos autores que mencionabas. 

AU: Sí, claro que sí, es que cuando uno habla de fronteras también estás hablando de confinamientos arbitrarios, desde luego que todo autor escribe de lo que vive, en términos muy generales, pero una parte sustancial de lo que vive es también lo que lee, sobre todo cuando hablamos de un autor joven, cuando yo empecé a escribir tenía mucho más lecturas que experiencias, ahora tengo un montón de experiencias, no todas ellas gratas ni buscadas, pero entonces mis lecturas estaban tan presentes que las volvía vivencias reales, y hasta la fecha, lo que leo es tan parte de mí como lo que vivo, es mi vida, aunque lo haya escrito alguien más, pero si tu lees un libro con intensidad te lo apropias inmediatamente y eso es tu influencia.

JMH: ¿La literatura puede ser tal real como la realidad? 

AU: Y los sueños también, algo que he comentado en otras entrevistas, muchos de los cuentos nacen a partir de sueños, algo que me ha venido sucediendo cada vez más, sobre todo porque con la edad he empezado a leer más novela que cuentos y como mi tendencia al escribir cuentos es más fantástica que realista, los cuentos me vienen en sueños, ciertos sueños se me quedan por la mañana y tengo la fortuna de no olvidarlos y al mismo tiempo puedo escribirlos, pero tengo también la fortuna de encontrar cómo recrearlos, esos cuentos han dado origen a cuentos, en todos los libros que tengo, pero particularmente en el libro de “La linterna mágica”, los cuentos provienen de sueños que he sabido aprovechar.

JMH: Quería preguntarte sobre el cuento de “Güiraldes, Borges y yo” que es un cuento, que como dice Julián Herbert, que además de que nos habla del mundo literario tiene este nivel fantástico de cambio de personalidades, esta posibilidad de ver al otro desde la “mirada” de Borges, por llamarlo así, que es un recurso muy particular. 

AU: Ya que el cuento está publicado en este libro me agrada mucho que el cuento termina teniendo un papel central, algo que vio Julián muy bien en el libro, como que marca una especie de giro, porque si tú ves los cuentos anteriores, los de “Topos” y los primeros cuentos de “El cuento de nunca acabar” son cuentos basados en textos de alguien más, en textos literarios, casi meta-cuentos, por usar una pedantería, incluso el mismo cuento titulado “Historia de historias”, es un cuento basado en otras historias, pero en el cuento “Güiraldes, Borges y yo” entra una vivencia, porque en 1978 conocí personalmente a Borges en un evento de la embajada de Argentina en París, y desde luego intenté acercarme a Borges y muchas de las cosas del cuento, de la parte anecdótica, particularmente la parte de la petulancia y de la rigidez de la vida diplomática, tiene que ver con mi propia experiencia, y luego viene la elaboración del cuento, sucedió lo que bien señalas, en donde hay una trasposición de personalidad, y un cuento que parece realista de repente se convierte por unos instantes en un cuento fantástico, y por esos instantes, el narrador es Borges y no yo, y está viendo-sintiendo la presencia del narrador, y esto de alguna  manera retoma y asume plenamente la influencia que tiene Borges sobre mí obra, al grado de que me convierto en él, y eso fue todo y un ejercicio. 

JMH: También hay cuentos distintos en este libro, hay otros que podríamos llamar más mundanos, más jocosos, como el cuento de “Así es esto”, que me parece un cuento que se sale un poco el tono de los otros cuentos. 

AU: A mí me gustaba mucho hacer experimentos en prosa, como comenté antes, entonces muy pronto me di cuenta de que una de mis posibilidades es que soy capaz de imitar, pastichar algunos estilos diversos, y que eso es una riqueza, para hacer cuentos distintos, y luego en el caso de las novelas, para que también puedan tener estilos distintos dentro de la novela, y luego este cuento en particular, responde a una experiencia sublimada, porque yo fui uno de los personajes pachecos que andan ahí, no negaré la cruz de mi parroquia, sobre todo porque fui uno de los que sobreviví, pero este cuento, además, es un homenaje a José Agustín, a quien leí con mucho gusto cuando era joven y de quien adapté técnicas que él estaba descubriendo para la literatura.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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