Opinión

17. Siglo XIX: Haití primero / Cátedra

La negritud haitiana fue la primera en enterarse de que la tan cacareada justicia social “conquistada” por la Revolución Francesa solo era para los franceses blancos. Porque si bien merecen gratitud y reconocimiento los verdaderos revolucionarios que les trajeron el mensaje de liberación al Caribe, la verdad es que cuando quisieron hacer efectiva la todavía primitiva pero seductora Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789; la reticente Ley de ciudadanía a “los hombres de color y negros libres” expedida por la Convención el 4 de Abril de 1792(1) o el avanzado decreto de abolición de la esclavitud promulgado el 7 de Febrero de 1794, descubrieron que la novedosa República libre, igualitaria y fraterna que anunciaba una nueva era de justicia para los pueblos sometidos del mundo, era tan imperial como la monarquía que habían guillotinado; República de altos valores democráticos en París pero no en sus posesiones coloniales como ésta en el Caribe, a cuyos reclamos ponían oídos sordos.

Por eso, independientemente de que ya se habían manifestado contra las condiciones inhumanas a que se les tenía sujetos, iniciaron su lucha formal por sus derechos desde 1791; pero al ver que no había resultados declararon la guerra de independencia contra los “revolucionarios” parisinos en 1794.

Su intención, tal vez, consistía en conquistar su independencia quedando en buenos términos con Francia; pero cuando después de seis años de lucha se convencieron fehacientemente de que las fervientes proclamas revolucionarias de los franceses eran letra muerta para ellos, su líder indiscutido, el general de división Toussaint Louverture estableció las bases de su soberanía al promulgar su primera Constitución en 1801.



Esto enfureció a Napoleón Bonaparte -quien convertido ya en dictador mediante la farsa que designó como Consulado al dar su golpe de Estado de 1799- responde en 1802 restableciendo la esclavitud y enviando al propio tiempo una impresionante escuadra naval integrada por más de cincuenta naves con 30 mil soldados profesionales(2) no solo para dar una lección a los revoltosos haitianos, sino para establecer la base estratégica que le serviría para conquistar más posesiones en el Continente Americano aparte de la enorme franja de la Luisiana que ya poseían.

Para nuestros hermanos haitianos era un asunto de derechos humanos y de soberanía nacional; para Napoleón era de carácter prosaicamente estratégico y mercantil cuya producción de azúcar y café, que había sido un negocio tan redondo para la corona, para continuar siéndolo era indispensable que los negros -que lo producían padeciendo condiciones miserables- también siguieran siendo esclavos que no exigieran salarios a la ahora caricaturesca república imperial napoleónica.

Sin embargo, aquella chusma de negros andrajosos que Napoleón sabía que no tenían más que piraguas y armas primitivas, contaban con recursos esenciales: uno era la libertad que anhelaban más que su vida misma; otro era el profundo conocimiento de su tierra, de su intrincada selva, del calor húmedo y bochornoso de su clima y sus enfermedades tropicales; uno más fue la organización -no militar, pero sí seguramente de tipo guerrillero- y finalmente el valor a toda prueba que hizo polvo el orgullo francés, lo que fue fehacientemente demostrado en la última batalla, en la que los comandantes haitianos “Dessalines y Alexander Petion derrotan el 12 de noviembre de 1803 (batalla de Vertieres) a la tan temida escuadra.”(3)

El estupor de Napoleón -que era poseedor del ejército terrestre más poderoso del mundo- fue tremendo, pues él seguramente había considerado aquella campaña como un simple ejercicio para ir preparando el necesario enfrentamiento contra el poderío naval de la Gran Bretaña para lograr que Francia quedara como heredera indiscutida tanto en tierra como en mar, del título de Imperio mundial que la decadente España estaba a punto de perder.

Defraudado por aquella vergonzosa derrota Napoleón profirió la terrible expresión “¡Maldito azúcar, maldito café, malditas colonias!”(3) y su proyecto en América sufrió lo que seguramente consideró un traspié, pero que en realidad fue la cancelación de su sueño imperial mundial, que además le hizo cometer otro error fatal: venderle en una bicoca la inmensa Luisiana a los Estados Unidos para cubrir el costo de aquella campaña fallida,(3) dejándole franco el paso para usurpar los territorios mexicanos septentrionales -que por entonces llegaban hasta el límite con Oregon- mediante su célebre marcha al lejano oeste.

Mientras tanto, Haití continúa consolidando su futuro y Louverture declara, formalmente, la independencia de Haití el 1 de Enero de 1804, y tabién declara abolida la esclavitud. Esto, a principios del mismo año en que fue solemnemente coronado como Emperador Napoleón I de Francia.

***

Inicio de la independencia de América Latina. Así llegamos al término de la inesperada y sorprendente epopeya, prácticamente desconocida, con la que una de las más pequeñas naciones de nuestra Patria Grande que es América Latina, inicia el siglo XIX mostrando el camino de la independencia a todas las demás.

Pero no solo eso: se trata, como lo afirman Juan Bosch, Eduardo Galeano, José Steinleger y unos cuantos más, de la única nación no de nuestro continente sino del mundo entero en toda su historia en que, siendo esclava, se independiza de su metrópoli; y la primera también que declara la abolición de la esclavitud no solo en la letra como lo han hecho otras, sino en forma real y efectiva.

Pero no se sabe porque, como lo afirman también esos escasos autores, la población haitiana que lo hizo posible es negra y eso es algo que no puede caber en el entendimiento no solo de la gente común y corriente, sino ni en la de los grandes historiadores y filósofos de derecha, de centro ni de izquierda, como si fuera una especie de punto ciego con complejo discriminador incapaz de aceptar que la raza negra también es humana y por tanto racional como el que más.

Pero ese pueblo negro y esclavo nos puso el ejemplo, a todos los demás, de lo que había que hacer para obtener la liberación. Los testimonios de la historia están allí, para el que quiera ver.

Una decena de años después de su independencia, Haití va a jugar un papel de primer orden en un acontecimiento de gran importancia continental que tocaremos en su momento. (Continuamos la semana próxima).

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com

 

Materiales recomendables:

  1. Vincent-Marie Viénot de Vaublanc. Biografía
  2. La maldición blanca. Eduardo Galeano. Página/12, Buenos Aires, 04-04-2004.
  3. Haití: el costo de cargar maletas. (III). José Steinleger. La Jornada, México, 14-04-2010.

 

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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