Opinión

Confianza ciudadana / Debate electoral

El primer día de este mes, ya iniciado el proceso electoral que nos llevará a renovar los ayuntamientos del estado, concluyó el procedimiento por el cual el Instituto Nacional Electoral seleccionó a la consejera y los consejeros electorales que ocuparon los espacios que habían quedado vacantes tras su renovación parcial.

Uno de los aspectos de la más reciente reforma electoral, que pasó desapercibido para la mayoría por ser un asunto eminentemente técnico, se refiere la integración de las autoridades locales, en donde, a diferencia de años anteriores cuando a las consejeras y consejeros electorales del Instituto Estatal Electoral los designaba el poder legislativo local, esa labor ahora es realizada por el Consejo General del Instituto Nacional Electoral, para lo cual se ha allegado de una metodología que, en su integración escalonada, garantiza que no se pierda la experiencia adquirida en el órgano colegiado, pues siempre estará integrado por consejeros que tendrán, por lo menos, un par de procesos electorales a cuestas.

Pero aún más, el procedimiento de selección se posiciona a la vanguardia en lo que se refiere a la determinación de quienes integran los órganos autónomos, pues en otras instituciones apenas se va dando una apertura en los procesos, y se va desarrollando un camino, en ciernes aún, que despoja de los nombramientos a los compromisos de las autoridades gubernamentales. Para la materia electoral, este proceso se afianza con éxito desde 2015.

Esta es la primera vez que se renueva parcialmente el Consejo General del Instituto Estatal Electoral, con la salida de una consejera y dos consejeros que se incluyeron en la integración inicial en el entendido de que su encargo duraría tres años. Hasta antes de ahora, cada administración que entraba, lo hacía con el conjunto de Consejeras y Consejeros a la vez, lo que de cierta manera desdeñaba las enseñanzas adquiridas en el tiempo que duraban en su función, y provocaba que la curva de aprendizaje a la que se ve sometida cualquier persona que inicia una actividad, fuera, en muchos casos, tan cuesta arriba que terminaba por convertirse en un lastre para la operación de la autoridad electoral.

Para esta ocasión, al igual que la inmediata anterior, quienes se integran a las labores del Consejo General del Instituto Estatal Electoral, son producto de un procedimiento que inicia con el cumplimiento de los requisitos establecidos en la ley, pero aún más: los aspirantes se someten a una rigurosa metodología que incluye un examen de conocimientos aplicado por el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval), cuyos reactivos abarcan conocimientos de cultura general y de la materia electoral, para continuar con la redacción de un ensayo inédito, cuyo tema, relacionado con una problemática estrictamente técnica electoral, es desconocido por el aspirante hasta el momento de elaborarlo; dicho ensayo es calificado por especialistas de una institución de educación superior de alto prestigio, recayendo en esta ocasión la responsabilidad en El Colegio de México. La parte final del proceso consiste en la valoración curricular de un expediente que es, en lo que cabe, público, y una entrevista presencial ante los miembros del Consejo General del INE, quienes al final son quienes, en decisión colegiada y de cara a los partidos políticos y a la ciudadanía, integran los Consejos de las autoridades administrativas locales en materia electoral.

Por eso hablo de la confianza ciudadana. No una confianza ciega que suponemos se nos brinde desde la ciudadanía y los partidos políticos por el solo hecho de integrar un consejo, sino que, desde el principio se están sentando las bases para que la ciudadanía sepa respetada su decisión en el momento en que las personas que integran al árbitro electoral lo hacen desde el profesionalismo probado y en autonomía e independencia. La novedosa integración del Consejo se fortalece con tres expertos en materia electoral desde la academia, el trabajo operativo en la organización electoral y la integración de autoridades electorales a nivel distrital.

No es función menor la que se realiza en las instituciones electorales, ni más ni menos que garantizar elecciones limpias, fomentando la participación ciudadana y la construcción de ciudadanía, por lo que debe proveer tranquilidad comenzar con el pie derecho. Y si seguimos la conseja popular, lo que bien empieza, bien termina.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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