Opinión

El  Alambrito / Análisis  de lo cotidiano

Una vieja conseja popular dice que los mexicanos todo lo arreglamos con un alambrito.  Si la cerradura de la puerta no funciona, se le coloca un alambrito. Si la batería del automóvil está haciendo un falso contacto, se le instala un alambrito y asunto arreglado. Con ello se da a entender que se busca la solución fácil por encima de la solución correcta o definitiva. Lo difícil de las soluciones fáciles es que siempre terminan complicando las cosas. Eso a nivel casero, pero a nivel de diplomacia internacional la manera fácil de arreglar las cosas suele terminar en caos. En 1991 la guerrilla salvadoreña Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el gobierno de la nación firmaron en el Castillo de Chapultepec en México el acuerdo de paz mediante el cual el FMLN se convertía en partido político y se terminaba la guerra civil. Las negociaciones realizadas con el apoyo de la OEA y el gobierno mexicano duraron cinco años. En 1994 el presidente de Sudáfrica Frederik de Klerk y el líder liberacionista Nelson Mandela firmaron el acuerdo de paz que permitió elecciones libre y que Mandela fuera presidente. Las negociaciones duraron tres años. En Colombia, después de décadas de guerras intestinas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o FARC firmaron el acuerdo de paz con el gobierno de su país, después de cuatro años de negociaciones en la ciudad de Oslo.  En resumen, que los tratados exitosos requieren de diálogo inteligente, sabias decisiones, sensatas concesiones y tiempo. Por eso no deja de sorprender que después de tantos años de guerra, destrucción, invasiones y muerte, algunos de los países sigan recurriendo a las soluciones fáciles y con ello creado enormes conflictos, como si lo resolvieran con un alambrito. El presidente de Estados Unidos, ante un movimiento migratorio que tiene cientos de años decide levantar un muro en la frontera terrestre, cuando por sus dos costas, la atlántica y la del pacífico han arribado millones de inmigrantes desde hace 400 años. Ahora enfrentará unas caravanas de centroamericanos, lo cual promete serios conflictos humanos y diplomáticos. Los gobernantes de Honduras y Guatemala, permiten que se forme la caravana, no hacen absolutamente nada por detenerla y a la manera fácil, les dan todas las facilidades para que pasen a México. Nuestro país, en vez de negociar diplomáticamente son sus respectivas cancillerías, abre las puertas y les permite entrar y viajar a todo lo largo del territorio nacional para que lleguen a toparse con el muro yanqui. A nivel todavía mayor el presidente de Siria Bachar el Asad ha preferido que su pueblo huya y termine ahogándose en el Mediterráneo al caerse de las frágiles balsas o muera de hambre y frío en el largo recorrido hacia Europa, antes que negociar con las fuerzas rebeldes. Las soluciones fáciles por lo general terminan en guerra, que obviamente son mucho más difíciles y prolongadas que una inteligente negociación de paz. Y la historia de la humanidad, que es la historia de la guerra, nos demuestra que desde la Era Antigua hasta el Siglo XXI,  los gobernantes siguen tratando de arreglar los asuntos importantes de manera simple y rápida, con lo cual han mantenido al planeta en una constante e interminable conflagración. La pregunta que se nos ocurre tiene un fondo profundo y tal vez sin respuesta posible, al menos por el momento. ¿Cómo es que el orbe ha sido y sigue siendo gobernado por aquellos que piensan en las soluciones fáciles? ¿Cómo es que después de tanta muerte y dolor, aún no hemos aprendido a buscar las soluciones pensadas, negociadas y sobre todo inteligente, para resolver los conflictos? O tal vez la pregunta debería ser ¿Cómo es que se siguen generando conflictos internacionales? Pues porque las negociaciones no se intentan antes, sino después de que ya la guerra ha acabado con vidas, economía, paz y paciencia. Un experimentado general de la Primera Guerra Mundial, al terminar una batalla dijo “El concepto inteligencia militar es un contrasentido. La inteligencia está en no necesitar militares” Pero es de temer que seguiremos teniendo militares, guerras y conflictos diplomáticos mientras los gobernantes siguen creyendo que los grandes problemas pueden arreglarse con un alambrito.

 

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Héctor Grijalva

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