Cultura

El lenguaje es mi herramienta para que una exhibición sexual se convierta en una exhibición estética y artística | Entrevista a Maritza Buendía, acerca de Jugaré contigo

 

  • La novela está dominada por mujeres particulares, fuertes, independientes, con una personal forma de entender la sexualidad, el deseo, el erotismo. Mitad brujas, mitad hechiceras, mitad poetisa

 

Susana y Levent son amantes y mantienen un juego erótico peligroso, escabroso: Ella se exhibe en los escaparates sexuales de Amberes, mientras él los decora con pinturas que él mismo realiza a lo largo del cuarto, y que cambian todas las noches. Además, Levent, un antiguo guía de turistas turco, utiliza para decorar estos escenarios imprevistos, una serie de muñecas sexuales, parte de la herencia que le han dejado su madre y su abuela a Susana. Con estos elementos inicia así un recorrido por el deseo, por el desasosiego, por la necesidad de recrear un camino oscuro a través de la piel, de las pasiones, en las cuáles Susana se buscará a sí misma.

Jugaré contigo (Editorial Alfaguara) es la primera novela de la escritora mexicana Maritza Buendía (Zacatecas), quien es doctora en Humanidades-Literatura por la UAM –Iztapalapa, y quien por sus obras se ha hecho acreedora al Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen con su libro de cuentos Tangos para Barbie y Ken en el 2016, y con su ensayo Poética del Voyeur; poética del amor. Juan García Ponce e Inés Arredondo ganó el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas en el 2013.

En esta novela, Buendía discurre por el pasado familiar de Susana, dominado por las figuras de su madre y de su abuela, mujeres particulares, fuertes, independientes, con una personal forma de entender la sexualidad, el deseo, el erotismo. Mitad brujas, mitad hechiceras, mitad poetisas, las mujeres de la familia de Susana han desarrollado un gusto por contar historias que aumenten el deseo, que lo contengan, que lo contemplen.

A partir de esta particular herencia y tras el fallecimiento de Milena, su madre, Susana, tendrá que buscar forjarse un carácter, que la llevará a recorrer el mundo hasta encontrarse en Estambul con Levent, a quien invitará a compartir con ella su búsqueda personal a partir de sus juegos exhibicionistas en Amberes.

“Estaba haciendo una residencia artística en Amberes, parte de la residencia consistía en que mi escritura se relaciona de alguna manera con la ciudad, Amberes es una ciudad preciosa, amigable, y decidí que podía ser uno de los escenarios de la novela, había muchos elementos que me llamaba la atención de la ciudad, por supuesto el arte, es la casa de Rubens, los chocolates, y por supuesto el barrio de los escaparates sexuales, que es en donde se desarrolla la historia de Jugaré contigo.” Nos dijo la autora en entrevista sobre su más reciente novela.

Javier Moro Hernández (JMH): Es una novela concentrada, una novela en la que suceden muchas cosas, pero en un espacio corto. 

Maritza Buendía (MB): Creo que eso me lo permite justo la estructura de la novela, al ir planteando por lo menos dos niveles de narración, en donde por un lado tenemos la historia de Susana cuando es joven, que se va contrastando con la misma Susana cuando es niña, en donde incluso cambio de voz narrativa a primera persona, y una voz de niña, que va acompañando al lector, con sus aventuras y su manera de descubrir el mundo. 

JMH: Quería preguntarte por la estructura, porque tiene muchos niveles narrativos y muchos juegos estructurales, de hecho cambias de voz narrativa de un capítulo a otro ¿Quería preguntarte cómo desarrollaste ese trabajo?

MB: A mí me resulta imaginar una historia con la estructura tradicional, de inicio-medio-fin, que aparentemente es lo más lógico y lo más sencillo, pero a mí me resulta difícil, porque siempre estoy tratando de dejarme llevar por el correr del pensamiento, el discurso se va de un lado a otro, pero siempre cuidando de que no se te vaya de las manos, entonces así fue como pensé en ir intercalando estas dos historias principales que me ayudaban a configurar la personalidad de Susana. 

JMH: Susana pertenece a una familia de mujeres fuertes, Milena y su abuela eran mujeres con personalidad fuerte, pero mujeres que vivían por fuera de las reglas sociales, la abuela nunca fue a la iglesia, por ejemplo. 

MB: Las mujeres de esta familia tienen una sabiduría amatoria, que se concentra en un libro y en una colección de muñecas, entonces a partir de ello se hace toda una simbolización erótica, en torno a una manera de amar y de descubrir el mundo a través de los sentidos y de cómo los sentidos te relacionan con todo tu exterior, con la forma en la que puedes llegar a conocer a alguien más, alguien diferente, justo a través de los sentidos, a través del lenguaje de los sentidos. 

JMH: Esa tradición, ese conocimiento amatorio, que va pasando de generación en generación, también las convierte en mujeres que están aprendiendo del mundo. 

MB: Sí, todo el tiempo, creo que son una especie de sacerdotisas, un poco prostitutas, un poco hechiceras, adivinas, porque van haciéndose de todos estos elementos que dentro de una tradición literaria ya están marcados, ya están trabajados, pero que ellas adaptan de una manera muy peculiar de ver las cosas. 

JMH: Las muñecas también sirven para trasladarnos a dos niveles, al mundo onírico, al mundo fantástico, pero también al mundo infantil. Pero cambian de simbología porque forman parte de los juegos eróticos. 

MB: Creo que le ayudan a Susana niña para plasmar sus distintas personalidades, porque cada muñeca tiene características distintas, que incluso cambian, está la muñeca fuerte, la silenciosa, la muñeca poeta, y cada una de ellas son desdoblamientos que va teniendo el personaje principal, para que sea complejo, que tengan distintas características que van conviviendo en su contradicción, porque así somos los seres humanos, creo que las muñecas en ese sentido me ayudaron para perfilar la búsqueda de Susana, y cómo después ellas intervienen activamente dentro del juego erótico que ella le propone a su pareja. 

JMH: En ese sentido también la novela nos maneja distintas contradicciones, desde el título mismo, porque el “jugaré contigo” se puede referir a las muñecas o jugaré con las otras personas, pero también un jugaré con ella misma…

MB: Y también con el lector, creo que la ambigüedad del título me ha ayuda mucho para buscar estos múltiples caminos de interpretación que hacen una invitación explícita, o una sugerencia, o una advertencia al lector, todo dependerá de cómo se asimile el mensaje. 

JMH: Me parece muy interesante que Susana sea la que tome la decisión de iniciar el juego erótico con su pareja y que sea ella la que pone las reglas, en donde él también participa y tiene un rol activo. 

MB: Sí, yo creo que tenía que dibujar personajes complementarios, para que pudieran funcionar dentro de este juego que es extraordinario, es poco convencional, entonces la apuesta era cómo plasmar un personaje que fuera arriesgado y que tuviera el valor de proponer un juego de este tipo, y cómo proponer un personaje que aceptará un juego así, entonces ahí tenían que ser complementarios estos personajes, pero a la vez Susana está consciente de que no puede someter del todo a Levent a sus deseos, porque así suceden en todas las relaciones, siempre estamos intercambiando roles, no siempre somos los que llamamos la voz cantante, entonces ella está muy consciente de que para que funcione su juego ella propone pero a la vez le dice que también puede participar  con sus propias condiciones e iniciativa, no solo estas cumpliendo mis caprichos y puedes llevar a cabo tus propias fantasías, y además Levent tiene esta vena artística que no ha logrado del todo lleva a cabo a lo largo de su vida, y que encuentra en Susana el momento oportuno para hacerlo. 

JMH: El juego como un elemento central del desarrollo de la personalidad de Susana, pero también como parte de un elemento central del erotismo, son juegos finalmente, son fantasías, y esa parte es muy importante porque aquí se combinan entre las muñecas, entre la narración de Susana de crearse un personaje, en donde Levent también juega un papel importante. El juego termina siendo esencial en el desarrollo de los personajes y de su erotismo. 

MB: De entrada pareciera que lo lúdico tiene esa doble arista, por un lado pareciera que como juego es una cosa inocente, hay un momento en el que puedes salir porque es solo un juego, tienes esa posibilidad de que una vez terminado el juego y ya se acabó todo, pero justo esa es la trampa del juego, de cuando menos lo piensas ya estás enganchado en el juego y no sabes si puedes salir o estás atrapado dentro de las mismas reglas de ese juego, entonces me parece que en ese sentido se presta mucho para plantear situaciones en donde los cuerpos puedan llegar a comunicarse, a través de una manera muy peculiar y muy distinta.

JMH: Hay un elemento importante en la novela, que es el deseo, el erotismo lo conduce el deseo, en estos dos personajes la que conoce mejor su cuerpo y sus deseos es Susana, Levent los está explorando, pero tiene detrás el peso de la tradición, él es el hombre, él es que debería conducir los juegos, y sufre en algunos momentos por no poder ser él quien dirige los juegos, 

MB: Incluso la abandona un rato, hay varias contradicciones en él, que no le permiten jugar del todo, pero si buscamos la etimología de la palabra deseo tiene que ver con “Desidere”, que es una cuestión sideral y de las estrellas, y con un detenerte en el camino, yo lo veo como una forma de hacer una pausa para sentarte a contemplar las estrellas, en ese sentido me gustaría trabajar el deseo dentro de mi novela y de lo que escribo, como lograr ese especie de pasmo o de suspensión dentro del tiempo, aunque sea un periodo aparentemente largo de tiempo, que en realidad se sienta como un solo tiempo donde se aglomeran distintos espacios, distintas historias que confluyan en un solo espacio, para lograr esta sensación de pasmo y quietud, de que estamos ingresando a una zona distinta de la cotidiana. 

JMH: Las muñecas nos referencian con la vida infantil de Susana, pero también hay un momento en donde ella queda muy sola, porque su madre fallece y mantiene una relación difícil con su  padre, ese hombre que no está, y en ese momento tiene que jugar con las muñecas y crearse fantasías. 

MB: Básicamente ese personaje, que por un lado se muestra muy fuerte y arriesgado, de fondo tiene todas estas aristas en donde hay mucho dolor, hay mucha ausencia, hay muchas cosas que ella no sabe cómo explicar, tiene muchas preguntas, que tiene que canalizar en el juego con sus muñecas, que es ella misma hablándose a ella misma en distintas posibilidades, ese es el juego. 

JMH: Pensaba en la narrativa, como un elemento del erotismo, por supuesto, Las mil y una noches es un referente directo, aunque en tu novela tenemos a Turquía, como la patria de Levent, pero también la necesidad que tiene Susana de contar lo que pasa en sus juegos. 

MB: Crear a un entramado que necesitaría el erotismo dentro de la literatura, recurrí a hacer conexiones con otras disciplinas, es decir con la pintura porque a Levent le gusta pintar, dibujar, la misma Susana cuando llega y le cuenta sus historias, se vuelve un poco Scherezada, narradora de sus experiencias, pero están obviamente tergiversadas, a mí me interesaba mucho el rescate de lo poético, lograr este equilibrio poético dentro de mi literatura, también se podría ver una cuestión teatral en cada una de las vitrinas, porque es como una pequeña obra de teatro que está como suspendida también en el tiempo, entonces sí me interesa ir dialogando con las distintas disciplinas y que una exhibición sexual se convierta en una exhibición estética y artística, y para eso el lenguaje es mi herramienta. 

 

Sobre Jugaré contigo

Susana se exhibe en los escaparates sexuales de Amberes y se entrega a quien paga por ello. Disfruta de todas las variantes del placer, incluyendo las dolorosas; goza de los olores, de los sabores, de lo previsible y de lo insospechado, de cada parte de cada cuerpo… en especial, de los pies. Expuesta en su vitrina, es como una muñeca a merced de los deseos de quienes la contratan; es como una de las muñecas, herencia de su abuela, que la acompañan.
Mientras tanto, en una habitación alquilada, la espera Levent, a quien conoció en Turquía y con quien ha establecido una relación cuyas reglas fijó ella misma: ambos van de paso y estarán juntos por tiempo indefinido: lo que dure el impulso de la carne o, simplemente, su voluntad. Susana tiene claro que a sus 21 años ha emprendido un viaje iniciático y que en México, tras las muertes de su abuela y de su madre, ya no le quedan afectos.
En esta novela, carnal y por eso mismo llena de poesía, Maritza M. Buendía narra sombras y oscuridades, tanto de los cuerpos como del alma.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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