Opinión

Este  mundo fraterno / Análisis de lo cotidiano

El 19 de Noviembre de 1969, hace medio siglo caminaron por la superficie lunar el segundo y tercer astronautas estadounidenses, Charles Conrad y Alan Bean, pilotos de la Apollo 12. Dos buenos amigos que habían sido maestro y alumno en la fuerza aérea, audaces pilotos de pruebas e ingenieros en aeronáutica. Hicieron un viaje perfecto, bien conducido, realizaron las tareas con toda exactitud, cumplieron con los tiempos e hicieron el recorrido tal como estaba planeado. Fue tan perfecto que cometieron dos errores, Alan Bean enfocó la cámara fotográfica directamente al sol y la dañó, de manera que ya no hubo más fotos. Además en la maleta de equipo para estudiar las rocas lunares, el grupo de tierra olvidó meter un cronómetro que era indispensable, de modo que tuvieron que suspender algunas tareas. Con lo cual queda demostrado que la imperfección es parte de la perfección. Seis años después el 17 de Julio de 1975 los viajeros espaciales dieron otra prueba de convivencia pacífica y fraterna, la nave estadounidense Apollo se unió a la soviética Soyuz (Unión) después de un proyecto trabajado durante varios años, que requirió que ambas naciones construyeran un módulo especialmente diseñado para que ambas naves se acoplaran. El comandante Thomas Stafford y el jefe de Vuelo Alexsei Leónov se dieron la mano a través de la escotilla, después los tres astronautas norteamericanos y los dos cosmonautas rusos intercambiaron regalos, comieron juntos, se despidieron y se desacoplaron. Posteriormente habría otras misiones en las cuales convivieran en el espacio exploradores siderales de muchas naciones, incluyendo algunos cuyos países no tienen programa espacial como México, la India y muchos más. Han sucedido ya casos en los cuales alguna nave tiene problemas técnicos y los científicos de diversas naciones aportan sus consejos y asesoría para la solución. Con ello queda demostrada la capacidad que tenemos los humanos para convivir armónicamente, en la verdadera fraternidad universal. Sin embargo es decepcionante darnos cuenta de que aún con todas estas muestras de amistad interplanetaria, acá en la tierra seguimos peleando. La reciente caravana de migrantes centroamericanos que se dirigen a Estados Unidos utilizando a nuestro país como vía de paso, han reactivado los rencores y discriminaciones xenófobos. Y el asunto aún no termina, todavía podemos tener mayores conflictos, cuando los peregrinos no logren cruzar la frontera y se queden a vivir en nuestro hospitalario territorio. Y lo mismo se está viviendo en diferentes territorios del orbe con el enorme movimiento humano que huye de Siria y busca acomodo en Europa. De la misma manera, los balseros etíopes y libios, siguen cruzando el mediterráneo buscando las playas de Grecia o Italia, los marroquíes continúan lanzándose a través del estrecho de Gibraltar en frágiles pateras, para buscar trabajo y sustento en España. El movimiento de los balseros cubanos que inició en 1960, sigue ocurriendo desde hace cincuenta años. Todo parece indicar que somos más amigables y solidarios en el espacio que en la tierra. ¿Necesitamos irnos al cosmos para poder vivir en paz?

 

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Héctor Grijalva

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