Opinión

Honoris Causa / Café Fausto

Un poco en serio y otro tanto en broma, un buen amigo guanajuatense me comentó hace unos veinte años que a su consideración había dos tipos de profesores, los pocos eran aquellos que por su labor y legado inspiran, y otros que desafortunadamente son los más, que solamente respiran. La última frase la dijo con una expresión socarrona en la mirada, como dando la oportunidad de que la ofensa “a los más” fuera tomada como una broma, pero la frase estaba dicha y con ella la intención.

A lo largo de mi vida académica he tenido profesores que recuerdo por su gran disposición a enseñar, vocación, pasión por lo que hacen, pero sobre todo por sus conocimientos, esos profesores me han inspirado y en lo personal los he considerado mis maestros, son personas que han contribuido a mi formación dentro y fuera del aula. Sin duda muchas personas tienen esa experiencia y así es como han tenido la valiosa oportunidad de contar con varios maestros en su vida, incluso en los más diversos campos del conocimiento.

Esos maestros, por supuesto no solamente se conocen en las aulas, también como fue mi caso fue en talleres literarios, en grupos de amigos escritores y en la redacción de un periódico. Ese es el caso del maestro Felipe San José González, de quien tuve el honor y el privilegio de ser su alumno cuando estudiaba la licenciatura en Medios Masivos de Comunicación en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

En alguna colaboración de esta columna ya había compartido cómo lo conocí, la manera en que tuve la oportunidad de aprender en su taller literario y luego a lo largo de los años de recibir su enseñanza de generoso amigo al que se deja ver por mucho tiempo y luego al reencontrarse es como si apenas hubieran pasado unos días de esa ausencia.

Apenas el año pasado el maestro Felipe San José aceptó generoso escribir un prólogo para mi libro de poemas Caribe, publicado posteriormente a través de la Universidad Las Américas (ULA) y la Fundación Yo Amo La Lectura. La deferencia de haber aceptado opinar sobre mi poemario es algo que siempre le estaré agradecido.

Con la sencillez que le caracteriza, el miércoles pasado me llamó por teléfono para invitarme a que asistiera a su ceremonia de investidura para recibir el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Las Américas en Aguascalientes como un reconocimiento a su trayectoria y aporte a la lengua española y a la literatura a lo largo de su vida, sin dudarlo acepté y estuve presente.

De antemano, felicito a Consejo Universitario y a la Junta de Gobierno encabezados por el Maestro Víctor Hugo Guzmán Mata, rector de la ULA por la iniciativa de reconocer al Maestro Felipe San José González quien ha dedicado su vida a la investigación y a la enseñanza, contribuyendo a formar a muchas generaciones de profesionales de las letras y de la comunicación.

San José González, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua Española se desempeñó como profesor en varias instituciones en la Ciudad de México y en Aguascalientes, trabajó con diversas responsabilidades y actividades dentro del campo editorial y ha participado como un divulgador del buen manejo y conocimiento del español en programas de televisión y la radio.

La ceremonia en la que recibió el Doctorado Honoris Causa fue llevada a cabo la tarde del jueves en salón Villa Alameda del Hotel Gran Alameda siguiendo cuidadosamente el protocolo que usualmente se utiliza para esas ceremonia en la que participaron la rectoría de la ULA, su cuerpo académico, acompañados por un ensamble de cuerdas y un coro con un programa elegido de acuerdo a la norma de ese evento.

Vestido con toga, San José González recibió la muceta, birrete, anillo, libro, guantes y pergamino de constancia de grado de Doctor Honoris Causa como parte del protocolo de la ceremonia en la que prestó juramento, posteriormente expresó un mensaje en el que destacó el compromiso de enseñar a partir de haber recibido el grado.

“Los maestros y eso lo sabemos los que hemos dado clases, los maestros aprendemos mucho más de los alumnos de lo que ellos, los alumnos, aprenden de nosotros”, comentó en su intervención en la que recordó que los maestros deben enseñar y mostrar los saberes, que no es la sabiduría, sino los diferentes conocimientos existentes que son precisamente esos saberes.

San José González comentó en su intervención de la gran responsabilidad de compartir los conocimientos, ya que el maestro que lo hace no sabe hasta dónde y hasta cuándo en el tiempo trascenderá lo enseñado a sus alumnos.

Fue una emotiva ceremonia en la que se reconoció la trayectoria y el legado de San José González, ahí estábamos sus ex alumnos, colegas, amigos y familiares que saben de la dedicación y el aporte que ha dado a la literatura en Aguascalientes y en el país.

Parte de ese legado ha sido recuperado en la edición del libro Cervantinas, que contiene una selección de siete ponencias sobre la vida y obra de Miguel de Cervantes Saavedra presentados en diversas ediciones del Coloquio Internacional Cervantino Eulalio Ferrer que se realiza anualmente en la ciudad de Guanajuato.

El libro publicado por la ULA, la Fundación Yo Amo La Lectura y el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República es una acertada iniciativa de esas instancias para llevar a los lectores parte de lo aportado en ese tema por el ahora Doctor Felipe San José González.

Queda para los lectores la oportunidad de leer “Cervantinas” que es sin duda otro merecido homenaje al que ha sido maestro de muchos de nosotros los que nos dedicados a la literatura o a la comunicación. Quienes lo conocemos, sabemos de su vitalidad y lucidez, de lo mucho que todavía tiene por enseñarnos, es en honor a la causa, esa causa que es lo hecho a lo largo de su vida a favor de la divulgación y generación del conocimiento de la lengua española que le estamos siempre agradecidos.

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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