05/07/2020


Fuera de las críticas a lo ilegal (o para-legal como algunos lo justifican) a los métodos y los objetivos, hay algo que muestran los ejercicios que ha emprendido el presidente electo de iure pero en funciones de facto: las leyes actuales de participación ciudadana, son disfuncionales y por ende nada útiles para lograr una auténtica democracia participativa. He seguido con especial interés algunos de los artículos de José Woldenberg donde critica fuertemente el que no se cumpla con la ley para convocar a los plebiscitos, sin embargo, pareciera que las legislaciones están hechas justamente para hacer realidad aquel principio jurídico que se gestó en la Nueva España: obedézcase pero no se cumpla; el diseño implica una larga y complicada lista de pasos burocráticos, requisitos excesivos de cantidad o de temporalidad, que vedan el acceso al mexicano común y corriente para echarlos a andar, para ser parte de la res pública, como le llamaran los romanos.

Una de las luchas ciudadanas contra la corrupción y los malos gobiernos, ha sido limitar los procesos burocráticos, las largas filas y exigencias que durante muchos años, nos hicieron desfilar por innumerable cantidad de oficinas con decenas de papeles a quienes pretendíamos obtener algún servicio o trámite gubernamental, de hecho es un lugar común en la cinematografía nacional este godínez o gutierritos que no resuelve nada, que solo reenvía a otro departamento o que exige, al puño de papeles que ya se carga, el acta de vacunación o algún otro documento inefable. Una de las secuencias mejor logradas sobre este sufrido peregrinar, la creó Jorge Fons en un excelente cortometraje que forma parte de la cinta Fe, esperanza y caridad del año 1974, que se complementa con otros dos microfilmes de los directores Alberto Bojórquez (Fe) y el siempre brillante Luis Alcoriza (Esperanza). Sobre Caridad sintetiza Wikipedia: “La caridad de una anciana provoca una serie de reacciones: gente necesitada agradecida y a su vez, niños peleando por monedas, dando como resultado que las madres se agarren a golpes por sus hijos e involucrando a los esposos en el desquite de la pelea. Estos conflictos provocan la muerte de uno de los esposos, y la viuda sufre toda clase de vejaciones burocráticas para rescatar el cadáver de su difunto y poder velarlo. Los niños, al final, se reconcilian”.

La simplificación de trámites vino de la mano con el mundo digital y la mayoría de las transacciones que hacemos los ciudadanos pueden hacerse por medios remotos, esto disminuye tiempo, dinero, esfuerzo y elimina esa tan criticable burocracia que complica la vida diaria. Sin embargo, son muchas aún las parcelas donde aún hay exigencias desproporcionadas cuando no imposibles, cual ordalía medieval. Las normas sobre participación ciudadana son de estos casos, por ejemplo, la Constitución mexicana prevé las iniciativas populares, esto es, que los ciudadanos propongamos leyes y reformas al Congreso de la Unión, el único requisito es que se activen con el cero punto trece por ciento de la lista nominal de electores, coordinar y recopilar las firmas de  111 mil 740 personas, en pocas palabras prácticamente imposible de llevar a cabo. En Aguascalientes existe la revocación de mandato, pero una vez consultado el pueblo, si aquel decide que no debe seguir un gobernante, solo será removido si lo aprueban, además, dos terceras partes de los diputados del congreso del estado: una tomadura de pelo.

Y así podríamos analizar los draconianos requisitos de todas las formas de participación ciudadana para entender por qué, a nivel nacional y local en Aguascalientes, nunca han funcionado esas leyes. En suma, los ejercicios que propone AMLO ponen el dedo en la llaga, pues para evitar los complicados parámetros legales, toman una tangente que puede generar aspectos seriamente peligros, ya no hablemos de su obligatoriedad o fiabilidad, sino cuestiones de mayor peligrosidad como la consulta de derechos humanos, máxime cuando una de las enseñanzas de las grandes guerras mundiales, fue que la democracia va más allá del voto y se consolida en el respeto a las prerrogativas fundamentales de todos. Esperemos que la cuarta transformación provoque cambios a las leyes de participación ciudadana que permitan mayor intervención en la cosa pública de todos los mexicanos, sin tantos formalismos y sin estos peligros de los que hablamos.

 

rubendiazlopez@hotmail.com   


Show Full Content
Previous Volvimos a salir: 25N
Next El  Alambrito / Análisis  de lo cotidiano

Comments

¡Participa!

Close

NEXT STORY

Close

En el juego político “como se gana se puede perder y hay que apechugar”

10/04/2013
Close