Opinión

Migraciones  y precauciones / Análisis  de lo cotidiano

En 1520 la Gran Tenochtitlan cayó en poder de los invasores españoles. El arma más letal que usaron los conquistadores no fueron las flechas de sus ballestas o las balas de sus arcabuces, sino la viruela. Los iberos ya habían tenido la enfermedad y estaban inmunes, pero para los aztecas era un enfermedad nueva y murieron por miles. Y por ello cayó el imperio náhuatl. La historia es pródiga en epidemias devastadoras ocasionadas por las migraciones. En el Éxodo, segundo libro de la Biblia, se narran las Plagas de Egipto. Una de ellas dice que el Faraón finalmente se convenció de dejar salir a los hebreos porque Dios hizo caer sobre ellos una peste que mataba a los primogénitos de los egipcios, pero respetaba a los israelitas. La traducción clínica es mucho más sencilla, los hebreos estaban confinados a una reservación y tenían muchos padecimientos infecciosos resultado de sus pésimas condiciones de higiene, pues eran esclavos. Por ello estaban inmunizados. Cuando comenzaron a mezclarse con los egipcios, éstos se contagiaron y murieron los niños, como suele suceder con toda epidemia. El faraón los expulsa para evitar mayores enfermos y muertos. La Edad Media es prácticamente la historia de las enfermedades infecciosas. Cuando el comercio se amplió de Europa hacia el Oriente Medio y el norte de África, los grupos humanos trajeron además de sus mercancías, sus enfermedades. La peste amarilla (Hepatitis) la peste negra (Bubónica) el Cólera y muchas otras fueron grandes devastaciones de pueblos enteros por gérmenes traídos por los marinos, los soldados y los comerciantes o los esclavos. México también ha padecidos estas epidemias después de la conquista.

A fines del siglo XIX y principios del XX, en el noroeste del país se vivió una gran migración de chinos, que venían huyendo de la revolución de los boxers y fueron contratados para trabajar en el tendido de ferrocarriles y en los cultivos de arroz y hortalizas. También trajeron la Tracoma (Clamidiacis oftálmica), tuberculosis y parasitosis intestinales. Ahora se nos presenta una nueva migración que es potencialmente un desafío a la salud pública. Es posible que pasen y queden en nuestra tierra una caravana de tres mil peregrinos que vienen de Centroamérica, en donde sabemos las condiciones de Salud Pública no son las mismas que en nuestro país. Si vienen huyendo de su terruño es porque sus condiciones de vida son paupérrimas de manera que no podemos esperar que sus condiciones de salud sean precisamente las mejores. El clamor ciudadano y las autoridades están previendo acumular alimentos, agua potable y sitios de alojamiento, tal como sucede en los casos de desastre natural. Solo que ahora también deberemos estar listos para atender alguna contingencia sanitaria. ¿Algunos de ellos vendrán enfermos? Entre miles, es lógico esperar que haya varias personas con infecciones, parasitosis y padecimientos degenerativos. Si les damos agua y comida, seguramente también habrá que atender sus enfermedades. Es imperativo que estemos preparados. ¿Y la Salud Mental? Obligadamente habrá entre ellos depresión, angustia, desaliento, irritabilidad y posiblemente hasta adicciones. También para ello estaremos dispuestos a ayudar.

 

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Héctor Grijalva

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